lunes, 27 de mayo de 2013

El valor del trabajo

 
En capítulos anteriores he explicado esquemáticamente la división de las rentas de los factores que hacen posible la actividad económica en estos tiempos y su aplicación real en el mundo en el que vivimos.
El trabajo es uno de los factores que aparecen en los dos esbozos.
Si bien se necesitaría de muchas más explicaciones para entender su complejidad, espero sin embargo que sintéticamente, estos dos cuadros sean suficientes para entender que en el fondo, todos los factores pueden ser determinantes para esa actividad económica general que mueve el mundo, pero creo que es necesario dejar patente que el único factor que en realidad no solo es determinante sino imprescindible es el trabajo.
Sin el factor trabajo nada es posible.
·         Las inversiones necesitan del trabajo para que físicamente sirvan para algo y tengan un valor, porque en ellas se produce, y es en ellas donde tiene actividad económica.
Necesitan del trabajo para rentabilizarse y que no queden yermas.
Sin trabajo ni se levantan,  ni se ponen en marcha, ni se le da vida.
·         El capital necesita del trabajo que lo mantenga en movimiento y para que en ese rotar no pierda su valor en el mercado como lo pierde si se desactiva o decrece.
Este circular sirve para poder comprar las voluntades de cualquier otro de los factores que intervienen entre ellos: el trabajo.
·         Los gestores necesitan cantidades ingentes de trabajo en movimiento para adjudicarlo y gestionarlo porque en otro caso no podrían ordenar más que las nubes del cielo.
Las mayores labores de gestión se dedican a los recursos del trabajo.
·         El Estado necesita del trabajo para conformar su ser, con sus fuerzas de seguridad y su aparato burocrático, y para alimentarse con los impuestos que impone sobre las rentas salariales, aquí y allá en una actividad económica que activa solamente el trabajo.
El germen inicial del que nacieron el resto de los factores de renta fue el trabajo. Con el paso del tiempo y de las circunstancias y brotando alrededor de esa primera semilla se han ido acumulando en las manos de una pequeña parte de la sociedad todo el trabajo que se ha arrancado a la humanidad desde el origen de los siglos.
La total composición de todos los factores es trabajo acumulado.

Sin embargo hay dos realidades que los tiempos modernos han conseguido que se queden ocultas y que son:
·         Para la gran mayoría de los trabajos que se realizan por las personas física, manual o intelectualmente, no son necesarias ni inversiones, ni capital, ni nadie que los gestione, ni que el Estado los organice y controle.
·         Solamente con el trabajo se puede satisfacer la gran mayoría de las necesidades humanas de bienes y servicios. Debidamente organizados los podríamos prestar desde la base de la sociedad sin que nadie más haya de intervenir.
Con estas dos realidades debieran de trabajar la ingeniería social,
Sin embargo estos trabajos más sencillos y elementales son los que llevan tiempo tratando de convertirlos en mercancía si no los han convertido ya. Estas labores, tratan de sacrificarlas sustituyéndolas con otros empleos en los que sea necesario que intervengan en mayor medida los otros factores, ocupaciones en las que el factor trabajo quede marginal y sea de escasa capacidad.
Por eso, todos los demás factores que intervienen en la economía tratan por todos los medios de tener directa e indirectamente un control férreo sobre el factor trabajo. Deciden todo en cuanto lo que concierne a su necesidad económica, a su obligación desde el punto de vista social, a las leyes que le afectan, a sus condiciones de precio y a su logística y almacenamiento.
Son muchas las herramientas que utilizan las inteligencias del sistema para desde la realidad social más precaria enfrentar entre sí a quienes viven de vender su trabajo. Con sutileza y gran penetración se muestran situaciones antagónicas a las gentes que tratan de vender su trabajo que le hacen creerse enemigos entre ellos.
En cada una de estas estrategias de enfrentamiento, en la que cada cual puede estar en un momento determinando según sea su actitud ante el trabajo en uno de los frentes, los discursos del sistema que no saben del trabajo, tratan de demostrar la dificultad de generar empleo desde la iniciativa privada, y así, para recabar el apoyo de los unos o de los otros. De esta manera en la que las dificultades parecen insalvables por la necesidad de tener empleo los unos antes que los otros pueden tener a la mano de obra sometida bajo la bota de la incertidumbre en un sálvese quien pueda.
·         La oferta y demanda de trabajo.
·         Los empleados y los parados y los fijos discontinuos.
·         La división y la remuneración del trabajo.
·         Los cotizantes y los receptores de jubileos.
·         Los funcionarios y los privados.
·         Los de cuenta propia o por cuenta ajena.
Es igual, a todos ellos los desiguala el trabajo.
Y todos estos aspectos los enfrentan.
El factor trabajo basa su defensa en unas leyes que al final acaban siendo absolutamente perjudiciales para quienes trabajan y para los que no tienen trabajo. Unas leyes que no cuestionan el trabajo en sí mismo y que lo reconocen como un derecho pero que si a alguien  no se le respeta no tiene más consecuencias que la de estar parado.


La gran mayoría de la población no necesitamos más que el trabajo de las demás personas en la medida de sus capacidades para atender todas nuestras necesidades y no necesitaríamos de nada más que de nuestro trabajo para tener derecho a satisfacerlas.
Hay que comprender esta realidad en toda su extensión.
Los sindicatos no son capaces de ir más allá de lo que ellos llaman los derechos de los trabajadores. Hemos de dotar al trabajo de esa capacidad de organización de sí mismo como el factor determinante de la actividad económica, de la misma manera que el capital tienen sus bancos centrales para defender sus intereses, la tierra tiene el recurso de la propiedad privada para que nunca se ponga en cuestión sus derechos, y de la misma manera que los políticos tienen la democracia para dar legitimidad a sus chanchullos.
Estoy convencido y a partir de ahora voy a tratar de demostrar que si entre las gentes nos servimos y nos hacemos las cosas las unas a las otras atendiendo las necesidades básicas de todos, y si todas y cada una de las unidades sociales de trabajo que se pudieran habilitar excluyendo las labores ficticias y todas estas unidades se organizaran para hacer las cosas más imprescindibles para la vida, no necesitaremos más factor que el trabajo para poder vivir al nivel en el que todos nos confabuláramos solamente con nuestro trabajo.
Es la estrategia que hemos de adoptar.
Y quien quiera ir más allá que vaya si puede.
El trabajo lo es todo y todo lo que se hace, se hace tan solo con trabajo y haciendo cada cual nuestra cuota parte de trabajo nunca nos faltaría de nada y nos sobraría de casi todo.
Uno de los mayores problemas que se encuentra para dar valor al trabajo es que siempre se identifica al trabajo como un creador de riqueza que hay que explotarlo hasta la extenuación, y se presupone que esta virtud es antagónica a que el mismo trabajo pueda ser un creador de felicidad y de fuente de satisfacción de las personas.
Estas virtualidades no se consideran riquezas.
Nunca se discute que se ha organizado un mundo en el que la riqueza es solamente dinero y que la felicidad y la satisfacción de terceros siempre tiene que ser a través del dinero.
La riqueza solamente es dinero, bienes, poder.
La riqueza nunca se entiende a las cosas intangibles y si alguien hace algo por alguien aunque lo haga más grande no entra a formar parte de P.I.B. si no le han pagado un dinero
Porque la capacidad de esfuerzo y el espíritu de superación son dos virtudes humanas dignas, que se han de alentar y reconocer solamente como una preparación para el empleo o como un mérito al trabajo y a los retos que impone el trabajo. Estas virtudes si se tienen y practican  a nivel personal no merecen la pena.

Para poder imaginar lo importante que es el trabajo, siempre pongo un ejemplo tan sencillo como esclarecedor: si nadie fuera a trabajar a casa de los ricos: a limpiar sus posesiones, a hacer la comida que colman sus mesas, a cuidar de sus niños y de sus mayores, a hacer de amas de casa y de llaves… si nadie fuera a casa de los ricos a serviles de; jardinero, chofer o guardia de seguridad, en un instante se habían acabado los ricos y ya para nada les serviría todo su dinero.
Es el valor del trabajo de ese trabajo al que no se le da ningún valor.
Un enemigo menos.

domingo, 19 de mayo de 2013

Las necesidades

Las personas mientras vivimos tenemos algunas necesidades.
A la obligación de trabajar le da sentido social la satisfacción de las necesidades humanas. Sin duda que desde esas necesidades se puede establecer la responsabilidad de trabajar, pero para encontrar sentido al trabajo y justificar su obligatoriedad, lo que concibe el sistema en el que vivimos es crear cada día nuevas necesidades, las más de las veces ficticias que sean generadoras de trabajo y que muevan las otras rentas.
En estos tiempos las necesidades están empezando a ser infinitas

Recuerdo que un día hace algunos años, me dijo un amigo que le tenía que comprar un ordenador al hijo para hacer en casa los deberes que le ponían en la escuela. Yo le dije que no se lo comprara, no sólo porque no tenía por qué hacer el mocete los deberes en casa, sino porque a esa edad por mucho que se empeñen no hace falta un ordenador para hacer nada.
Que no Pedro, que no puedo… que no es así… que tú no sabes qué es estar escuchando al hijo que todos sus compañeros ya tienen un ordenador en casa y que con el ordenador hacen los deberes y que además pueden hacer lo uno lo otro y ciento… y todos los días la  misma canción  que no sé yo si no le voy a crear un trauma.
Un argumento irrefutable.
Una nueva necesidad creada.
Una más creada en la mayor fábrica de despropósitos.
Pasados los años esta realidad ha pasado a peor.

Y lo cierto es que además, por arte de birlibirloque, desde arriba y desde abajo y por un lado y otro, descubren una insatisfacción y nos crean las necesidades sin que nos demos cuenta de que el día anterior ni las conocíamos. Unas necesidades que si no las satisfacemos de inmediato, nos parece como si se nos fuera la vida a cachos por entre las alas del alma.
Así van naciendo las necesidades más inimaginables, que ya tiene mérito gestarlas solamente con ingenio de la nada, y por medio de la publicidad, la propaganda y la manipulación informativa, que también tienen la habilidad de trasmitirlas con una fuerza que las hace irresistibles para quien tiene con qué y a quien ni siquiera tiene posibilidad de consumirlas. Necesidades que en muy poco tiempo se hacen habituales, naturales e imprescindibles.

Las necesidades sociales que hemos de satisfacer los humanos al menos en este mundo occidental se pueden establecer por este orden en la siguiente lista:
·         Necesidades básicas en gran medida financiadas con los impuestos y que las instituciones públicas tratan de satisfacer con carácter universal, y en algunos casos obligatorio, que son la base de lo que se ha dado en llamar el estado de bienestar.
Educación.
Sanidad.
Asistencia social.
Subsistencia digna.
Estructuras civiles.
Para la satisfacción de estas necesidades también existe una red privada que compite con la pública llamando a su desprestigio sin pararse en ciernes, y que su diferencia principal consiste: en la distinta manera de entender el trabajo de las personas que tienen contratadas que lo envuelven en mejor calidad.
Desde estas necesidades básicas a las que hay que dar respuestas  que constituyen un mercado inmenso porque afectan a la mayoría de la población, todos los agentes privados con capacidad de actuar, hacen lo imposible por copar, mantener y ampliar su negocio o su poder tomando cada vez más parte en el reparto.
La defensa de que estas necesidades básicas sean cubierta por parte del Estado, se construye, con algunos funcionarios que piensan más en sus intereses como “trabajadores” que en los intereses de la ciudadanía a la que brindan sus servicios, y se realiza sin pararse a reparar sus deficiencias organizativas y sus despilfarros de trabajo para no molestar a quien más y mejor lo afianza: el Estado
Las personas que no tienen ningún medio de vida tienen derecho a pequeñas pensiones para cubrir las mínimas necesidades vitales
·         Otras necesidades las satisface mayoritariamente la actividad privada. Por promover estas necesidades y dar preeminencia  a las unas sobre las otras es por lo que se influye en las conciencias de la población con grandes avalanchas de publicidad y propaganda para que individualmente casi siempre de una manera engañosa opte por satisfacer unas antes que las otras y para que de cada una sean las suyas antes que las de los otros.
Es una batalla en la que se utiliza el marketing para introducir en la conciencia social los hábitos con los que luego se desarrollan grandes estrategias económicas
- Alimentación.
- Vivienda,
- Vestido y calzado.
- Ocio y entretenimiento.
- Enseres y cacharros.
- Y toda clase de servicios que nadie pudiera necesitar y que sin embargo se hacen necesarios.
Para satisfacer estas necesidades en el sistema entre quienes prefieren las grandes ofertas en perjuicio de las pequeñas se han maduro dos maneras de afrontar su logística hasta el consumidor. Una batalla económica y social muy importante y trascendente en la que amparados por la fuerza del tamaño las necesidades se satisfacen cada vez más desde las ofertas más grandes.
Las grandes empresas y los productos o servicios que se hacen más trascendentes en estos tiempos, han tratado de aprovechar las economías de escala y utilizando los nuevos sistemas de gestión comercial y abusando de la publicidad y la propaganda llegan hasta el consumidor con  cierta superioridad sobre la competencia más pequeña. Operan de tal manera que saben aprovechar los beneficios de mercado que ofrece el sistema a los más grandes y con el que vuelven a ganar ventaja.
Esta  forma de llegar hasta el consumidor hace que la detección de las necesidades y la satisfacción se diseñan cada vez de puntos más altos y más lejanos del consumidor final jugando en buena medida con esa parte que la humanidad tiene de estulticia y complicando sus vidas.
·         Aparte de estas necesidades objetivas, hay otras muchas que tienen un carácter más subjetivo y que también son inducidas por el mismo sistema. Estas necesidades se exige que las administre el Estado aunque cada vez más se hace de manera privada.
Control y organización social.
Seguridad.
Estructura e instituciones públicas.
Estas necesidades a la que desde su irracionalidad se le dan apariencia de necesarias y razonables son las que más están alimentando y creciendo en las últimas décadas. Para mantener el andamiaje del sistema los factores que lo sostienen necesitan de una sociedad temerosa que exija que se le proteja mientras llegan a conseguir la satisfacción de esas nuevas necesidades. Una sociedad absolutamente controlada por el poder para el que no pasa desapercibido ni el mínimo detalle.


Recuerdo una historia que me contaron no sé si cuando era niño o ya era adolescente y que viene al caso de las necesidades creadas.
Un viajero llegó a un pueblo y cosa rara, llevaba un sombrero que adornaba su cabeza y llamó mucho la atención cuando llegaba andando por el camino. Por aquellas tierras los habitantes nunca se cubrían la cabeza porque estaban convencidos de que la naturaleza había provisto que la cabeza se cubriera con el pelo para calmarla del calor y del frío, y así cada cual llevaba el pelo a su manera sin más necesidad que cortarlo de vez en cuando con unas tijeras. El viajero se hospedó en la fonda que había en el centro del pueblo y a media tarde salió a pasear por la plaza y la calle Mayor luciendo  su sombrero. A nadie le dijo nada, quizás porque no hablara el mismo idioma que los aldeanos, pero cada vez que se cruzaba con alguno de ellos con su mano levantaba el sombrero y les saludaba. Todos le miraban sonrientes, sorprendidos y agradecidos. Así pasaron la tarde el viajero y los aldeanos dando vueltas por el centro del pueblo  más concurrido que ninguna otra tarde, porque se dio la ocasión de que algunos aldeanos también salieron de propio de sus casas para que les saludara el viajero con su sombrero. Al día siguiente un socio del viajero se presentó en la plaza con una mesa en la que colocó unas pilas de sombreros de todos los modelos, tamaños y colores. Antes de que se hubiera recogido el sol ya los había vendido todos a razón de doce reales cada uno.

domingo, 12 de mayo de 2013

El poder del voto

Cuando hablo coloquialmente con mis amigos de las cosas que suceden en este mundo a las que ninguno le encontramos ni pies ni cabeza, cuando tratamos de adivinar la deriva por la que discurren los acontecimientos en torno a una crisis que nadie sabe cómo solucionar, enseguida levantan la cabeza para señalar con el dedo a quienes mandan en el mundo y que son los que al parecer son los culpables de todo esto.
Multinacionales, emporios financieros y algunos troicas famosas
Yo les suelo decir que no miren tan alto que los que mandamos somos la gente de la calle, los que votamos cada cierto tiempo.
De pronto no están de acuerdo porque están seguros de que ellos ni directa ni indirectamente puedan ser culpables de nada. Creen.
Les recuerdo que el voto es secreto y votamos a quien queremos y que mandan los que nosotros hemos querido que manden, y si a los que hemos votado delegan y les dejan mandar a otros que saben más que ellos, es porque nosotros les dejamos.
Con no votarles la próxima vez: allá cuidados.
No sirven de nada mis argumentos; si acaso para enfadarse conmigo porque no los quiero entender. Me da que pensar que ellos seguramente son unos de los que han votado a los que mandan y ahora les da vergüenza reconocerlo.
Pero independientemente de quiénes son los que votan a los políticos, a esos seres lejanos que por delegación nos representan en los diferentes niveles en los que se constituye el Estado: locales, nacionales o supranacionales, el Estado lo componen todos aquellos poderes que tienen capacidad con las leyes, decretos, normas y reglamentos para obligar al ciudadano a cumplir lo que en ellas dicten, la más importante recaudar todo lo necesario para verse alimentadas sus entrañas y para que desde la llamada democracia mantener el cambalache de su necesidad y su legitimidad ante la ciudadanía y engañar a la mayoría.
Estos poderes en la realidad están estructurados en una gran pirámide siguiendo una estructura similar al centralismo democrático que tan buenos resultados ha dado a las organizaciones sociales y políticas para fortalecer el carisma de sus líderes, llevando de arriba abajo las decisiones que se han tomado en la soledad que obliga el poder para que todos los que están debajo no hagan más que asimilarlas.
En esta pirámide en el vértice en vez del líder está la burocracia.
La burocracia es un órgano amplio pero nadie sabe con seguridad quién está en sus filas. Ni siquiera sabe nadie dónde tiene montado su despacho. Tampoco se sabe qué hace pero como órgano poderoso muestra sus decisiones bisbiseando o con escritos de tinta indeleble.
El aparato burocrático es la parte más alta de la pirámide y la componen los profesionales que han contratado los políticos, gente muy seria y oscura vestida de paño, que con suficiente antelación dan las órdenes incomprensibles de lo que hay que hacer y las razones ininteligibles de porqué hay que hacerlo.
Este es un aspecto que la gente, aunque lo sabe, nunca lo tiene en cuenta a la hora de entregar sus votos y con ellos su poder los políticos. La sociedad sabe que los políticos hacen lo que les dicen sus asesores y subrepticiamente, buscan la manera de no hacer el ridículo, rodeándose de personas expertas que sepan todo aquello de lo que ellos son ignorantes.
En base a esta realidad en buena lógica habría que votar sin dar rodeos a sus asesores y burócratas que son los que saben y deciden. Pero no es así, esos hombres de negro son unos desconocidos y en realidad como son los que mandan son los que hacen las listas con los más tontos.
Así entre alternancias y consensos los políticos contratan a otros para que les digan que hacer y cómo han de hacer y hasta dónde pueden cumplir con sus compromisos. Los políticos saben lo justo de nada, están imposibilitados a entender las complejidades del sistema y tienen que contratar a otros que sepan más que ellos de cómo se maneja el tejemaneje y los colocan en instituciones supranacionales de todo tipo, todas ellas, irresponsables ante nadie y ante nada.
En un primer plano pero en un segundo nivel quedan los políticos que son votados directamente por la población en unas elecciones que están trabadas de trampas pero que son las que deciden quienes van a estar en nuestra representación. Una población que sin excepción y conscientemente nunca vota al mejor, sino que siempre vota al suyo. Solamente confía en el que sabe que va a defender a los que son de su condición y aunque sea un incapaz y un  ladrón, en las urnas lo bendicen siempre. El votante busca al suyo sea lo que sea aunque el otro sea más capaz y honesto.
Luego nos encontramos que interiormente el Estado tiene sus propias estructuras de poder que no se cambian y que se van relevando generacionalmente, nada puede cambiar en sus entrañas aun cuando la generación que entra llegue con nuevas intenciones.
La estructura sicológica que impera en la organización enseguida las intenciones las convierte: en sueños, en quimeras y en utopías.
Los ejércitos, las fuerzas de seguridad, la estructura burocrática y administrativa, los cuerpos judiciales, las empresas públicas paralelas a las que tienen encomendados modernos objetivos. Entre todos forman una trama y una estructura de afecciones personales e intereses y solidariamente las defienden con uñas y dientes.
Estos son sus propios  y primeros defensores del Estado.
Les da lo mismo que pase lo que pase, pero para ellos es necesario que haya estabilidad y que nada cambie para que cada cual quede en su puesto de alerta vigilante, metiendo la cuchara y haciendo el caldo.
Pero su verdadera fuerza de sistema es su base social, que no es otra: que la población que cubre. La masa conformada que no tiene más preocupación que el orden aunque el orden les condene a vivir encerrados en sus propias vidas. La cuadra electoral que vota y que vota a veces permitiendo una alternancia de poder para dar más credibilidad al sistema porque todo está bien pensado y bien preparado desde hace más de cien años.

Así, la población queda encajada en dos estrados que los va ocupado en la medida en la que los codazos se lo permiten:
·         Viven del poder y lo mantienen.
Son todos aquellos sectores de población y las gentes que los conforman, a los que de una manera más o menos sutil haciéndoles ver y creer que están defendiendo legítimamente alguno de sus intereses les compran su voluntad a cuenta de su fidelidad y de su voto.
Facciones muy definidas sociológicamente y con las raíces ancladas en el fondo de los siglos, que unas veces ganan y otras pierden según sea el precio que le han puesto en la venta.
·         Viven al margen del poder
Queriendo o sin querer, quedan fuera de las gracias y de las querencias del poder y sin posibilidad de recomponer su destino.
Algunas de estas gentes en ocasiones tratan de subvertir el poder aunque casi nunca saben cómo hacerlo, y cuando lo hacen los que ya tiene experiencia de poder enseguida les arrebatan la posibilidad.

Y esa es la realidad de nuestro tiempo:
·       Si hay ricos y pobres, que se aduce como la principal causa de la situación actual, esta circunstancia no es determinante para cómo se van sucediendo las cosas.
·       Aunque hay una dualidad y competencia entre empresarios y trabajadores no tiene ninguna importancia si queremos analizar la realidad desde su raíz, puesto que además, entre unos y otros han encontrado a través de sus respectivos sindicatos una entente en la que están razonablemente cómodos la mayoría de los días y en buena medida van los dos en el mismo barco.
 ·       No hay ni propietarios ni desposeídos sino que las cosas más importantes que adornan la vida las tenemos todos por igual y además no escasean y cada cual coge lo que quiere.
 
Están en un lado los que le han cogido el tranquillo al sistema y ha sabido colocarse en alguna de sus ubres y que su derecho sea cual sea, su interés aprovecha hasta las migajas de todo lo que se corta. Siempre están allí donde se aprovecha de los unos y de los otros aunque piense que se aprovecha de su inteligencia y de su suerte. Y por otro lado están los otros, los que no creen en un sistema que lo considera injusto desde la A hasta la Z y que tratan de cambiarlo.

En realidad es una sociedad económicamente dual en la que
·       Una parte importante de la población no trabaja y tiene más ingresos de los que puede gastar y tiene ahorros que los guarda y quizás algunas rentas que le ayuda a seguir acumulando más ahorros
·       Y otra parte que no trabaja porque no encuentra trabajo y que si trabaja es en precario y por un jornal de miseria y si gana bien está hipotecada y que no tiene más expectativa que pagar lo que debe.

domingo, 5 de mayo de 2013

Los estados

A pesar de lo que he escrito en el capítulo anterior sobre los factores que intervienen y se remuneran en la actividad económica, todos tienen su encaje y arreglo dentro de las estructuras políticas existentes, y aunque esta nueva aportación que hago, para tener una mejor visión de la realidad, alguien la pueda considerar muy poco académica, así dirá, más que nada porque todavía no forma parte de las teorías económicas al uso, me atrevería a decir que hay un quinto factor que interviene en esta estructura económica que soporta el actual sistema económico en el que vivimos:
El Estado.
El Estado toma parte importante en la participación de las rentas que produce la actividad económica del sistema como cualquier otra unidad de renta y defiende sus intereses y su ser como lo hacen las demás. Hay que señalar que el Estado interviene con una diferencia que no es aséptica: la capacidad teórica y práctica de poder intervenir también en los derechos y obligaciones de cada uno de las otros factores, y si lo estima conveniente redundar en su propio beneficio.
Desde esta visión en la que un nuevo factor interviene en el sistema económico, nos encontramos con lo que yo entiendo que son las varias caras que presenta el Estado para legitimarse. Es necesario mostrar estas perspectivas, con las que predica un hipotético bien común, para entender todo el sistema y demostrar todo lo contrario:  
El Estado económico.
Este factor Estado, también basa su existencia y su subsistencia en la viabilidad económica de la que se puede proveer. Desarrolla todas las posibilidades que se le ocurren interviniendo la actividad merced a sus deseos de tener más grandeza y más poder. Pero muy a su pesar, el Estado, desde la perspectiva económica, debe encontrar la paridad entre lo que necesita gastar para atender las promesas y expectativas que han creado a los ciudadanos para que lo soporten con sus votos y para mantener el chiringuito institucional y que sus responsables queden en el machito, y lo que es capaz de usurpar a sus ciudadanos para mantener este sistema con la extracción de todo tipo de impuestos reales. Al Estado económico nada le importan las necesidades ni la subsistencia de quienes no toleran su poder y siempre aduce que si atiende esas banalidades se hunde en el déficit.
A lo largo de la historia siempre ha subsistido algún tipo de Estado. Las revoluciones, lo único que han conseguido en un quítate tú para ponerme yo y para mantener lo más importante que en última instancia es el propio Estado: la máquina con la que implantar su poder por encima de cualquier otro.
Así que se puede comprobar que todos los gobiernos que han tomado el poder en contraposición a otro, han utilizado luego al Estado para en común fortalecer su estructura y grandeza y mantenerla a costa de la población.
En estos tiempos modernos, en los que en casi todo el mundo occidental las estructuras políticas se han homogeneizado en torno a un criterio elemental necesario para su supervivencia y que supone en realidad que el poder queda diluido cada vez más arriba y más lejos del ciudadano. Desde la base de este estado económico, los poderes que se han constituido como públicos a través de los partidos políticos, han querido conformar unos estados que tuvieran perfectamente cubiertas y potentes las tres caras más amables del Estado moderno, al que algunos han denominado socialdemócrata o socialcristiano. Lujosamente maquilladas, estas caras ofrecen al ciudadano como éxitos del sistema, para que asuman de buen grado su mantenimiento.
Esta estrategia que se lleva conformando durante más de tres décadas llenando de orgullo y satisfacción a sus dirigentes, ha conseguido construir unos monstruos que ahora además de ser insaciables económicamente se hacen ingobernables políticamente, y sin embargo, salvo que se llegue a una situación de quiebra,
La fortaleza del Estado es tan grande e inmutable que sus propias estructuras solamente permiten hacer aquello que garantiza su viabilidad y subsistencia y que si algo cambia que nada cambie.
Aunque desde las diferentes ideologías que compiten en el mercado de tener ideas posibles se tienen diferentes concepciones de cómo ha de ser el Estado como institución, los estados de manera autónoma y como base de su subsistencia muestran otras  caras diferentes con las que tratan de tener legitimidad y sentido.
Las diferentes formas y discursos que se proponen, que muchas veces aparecen antagónicos, finalmente confluyen en el mismo punto de la misma manera: la fortaleza del estado y su supervivencia.
Esta impronta la esmaltan todos los que participan en el mercado de los votos, sean de la ideología que sean, porque en el fondo: todos vienen a ofrecer lo mismo, sean conservadores o progresistas y si en algún momento unos u otros ofrecen algo distinto que trate de limar el poder del Estado, y ganan, siempre acaban haciendo lo que había prometido el otro: engordar su cuerpo aunque reviente.
Estado de Derecho.
Es otra de las caras que conforma la estructura de poder del Estado sobre los ciudadanos y con la que trata de dar legalidad legitimidad y razón a su existencia ante la ciudadanía garantizando unas reglas de juego comunes para todos. Una legalidad con la que no necesita hacer trampas porque siempre ganan los mismos.
En un segundo plano, desde el Derecho,  el Estado legisla incluso sobre cómo han de ser las relaciones entre los ciudadanos en sus actividades particulares y si ha de mediar en los conflictos sociales público o privados, lo hace abriendo cárceles.
La estructura de leyes y normas, le otorgan al Estado una fuerza irreprimible y una consistencia a prueba de cualquier oposición y tratan por todos los medios de mantener su subsistencia apoyadas sobre todo por una estructura organizativa que tiene sus raíces en el inicio de los tiempos y que componen su aparato burocrático.
Todo es Estado.
El aparato administrativo y el sistema judicial se defienden e imponen amparados por las fuerzas de seguridad. Estos aparatos son quienes tienen la exclusividad de la fuerza y los que pueden castigar y condenar a los ciudadanos, y sobre ellos consiguen tener la última palabra porque se han hecho los garantes de la paz y de la libertad, en última instancia avalados por la iglesia.
Con la ayuda de la divinidad, estos dos aparatos son suficientes para que el Estado se sostenga por encima de los intereses de las personas y se hace valer por encima de toda oposición y no deja ninguna posibilidad para cuestionarlo eficientemente.
Los unos potencian más esta cara del Estado.
Estado de Bienestar
Hay otro aspecto en el que en apariencia el Estado muestra la sumisión de su labor a las necesidades de los ciudadanos. En esta labor representa y defiende las conquistas sociales y los avances de las reivindicaciones políticas que buscaban el bienestar de los ciudadanos en el siglo XIX. El estado, a fuerza de querer legitimar su necesidad como institución, asume tareas que ya se puede entender como públicas: la sanidad, la educación, la asistencia social.
En este aspecto es en el que el Estado ha encontrado su mayor grado de legitimidad ante quienes lo alimentan económicamente. La excusa más importante para defender su existencia como tal. Una parte pequeña de su organización y de su presupuesto la dedica a dar cara del bien social que promueve como su principal objetivo y que garantiza las necesidades primarias y los derechos de la población.
Este aspecto el Estado no lo hace gratis, aunque siempre trata de que la ciudadanía crea que lo hace sin coste alguno movido por un alma altruista y generosa que se encuentra entre sus entrañas.
Los otros potencian más esta otra faceta del Estado.
Democracia representativa.

Son los partidos políticos, sindicatos, asociaciones, fundaciones, organizaciones  y toda clase de grupos de inteligencia y de presión que van conformando el poder alimentados en gran medida por el propio Estado porque entre todos ellos aseguran su continuidad aunque a veces hayan de cambiar su nombre o su objeto social.
Son los diferentes gobiernos y los poderes políticos y sociales que de una manera u otra subsisten encadenados a lo largo de la historia.
Son las estructuras políticas existentes en los diferentes niveles de organización y gobierno para lograr cierta cercanía a los ciudadanos.
Son las fuerzas imaginarias que llevan la fuerza del Estado hasta el último rincón geográfico.
 Estas estructuras se conforman definitivamente con los políticos electos para cada uno de los niveles, que salen de esas tramoyas electorales y de poder como son los partidos políticos. Es la parte del Estado que organiza su propio control con la que manejan todas las reglas a su antojo y para quedar bien le llaman Democracia.

domingo, 28 de abril de 2013

Las rentas del sistema


En algún lugar que ahora no recuerdo, en algún momento que pudiera ser muy lejano, he oído o leído de quienes han estudiado economía, lo que enseñan desde la estricta ortodoxia en las aulas universitarias y que conforma la estructura del sistema.
Dicen que el sistema económico tiene una base fundamental que se soporta desde tres pilares que a su vez son los que facilitan la actividad económica en el mundo en el que vivimos:
La tierra, el capital y el trabajo.

Esta es una división sencilla y muy elemental que el común de las personas no suelen conocer y que quienes la saben pocas veces la utilizan para cotejar y calibrar sus ideas y opiniones y ver la realidad.
Desde que por primera vez comprendí esta idea en toda su extensión, siempre la utilizo para mis reflexiones y planteamientos en todos los ámbitos económicos en los que trabajo.
Las propuestas que pretendo argumentar plantear y desarrollar en estas páginas para llevar a la reflexión, las hago con esta base fundamental de esta división, porque creo que es preciso conocerla para entender el mundo económico en el que nos hacen vivir como una realidad inexorable más propia de la fatalidad que del destino.
Este aspecto sencillo que es la base de la economía que se ha construido en los dos últimos siglos puede ser explicación suficiente para si se quiere, entender en toda sus extensión el desarrollo de mis explicaciones y argumentos y para poder entender las ideas que se recogen en esta obra.
Siguen explicando los doctores de la economía desde los estrados académicos desde los que pontifican para que entiendan el mundo real los futuros economistas sentados en sus pupitres y lleguen a asumir lo inexorable del sistema, que a estos tres factores que han compuesto tradicionalmente la actividad económica desde el inicio del capitalismo se les había remunerado respectivamente con:
La renta, el beneficio y los salarios.
 
 

Así se empiezan a entender algunas cosas básicas de la economía.
Quizás esta visión se ha quedado un poco trasnochada.
Yo la conocí cuando era joven intrépido que andaba rebuscando las cosas más elementales de la vida porque el mundo en el que vivía no me gustaba y no lo entendía y aquella división en tres factores me pareció muy gráfica, representativa y didáctica.

 


Pero las cosas han cambiado mucho desde entonces.
Y han cambiado tanto que me atrevería a decir que: lo que se ha entendido en los últimos tiempos como el capitalismo en su esencia de explotación directa del hombre por el hombre y la propiedad de los medios de producción, murió hace décadas y no se ha enterrado en el pensamiento de casi nadie.
Hay un pequeño detalle, que a muchos ideólogos les ha pasado por lo bajo sin que hayan tomado nota, que ha alterado todo: incluso ha cambiado el sistema. Una pequeña modificación en la estructura del sistema, un nuevo elemento con el que se añade un nuevo pilar a las bases de la actividad económica ha entrado a formar parte de esta estructura de rentas. sin que al parecer se haya enterado nadie:
La Gestión.
Y la gestión es la que ahora se remunera con los beneficios.
Se acabaron las ideologías y la lucha de clases.
Los amos de todo son quienes lo gestionan
Aquellos ingentes beneficios que hasta hace algunas décadas, inmediatamente después de estimarse se acumulaban en la bolsa del factor capital, en estos tiempos independientemente de quien haya puesto ese capital, los beneficios se los adjudican los aparatos de gestión en unas bolsas inmensas y lejanas.
Al capital ahora se le remunera con el interés
Todos los bien pensantes quieren gestores, buenos gestores. Ganen lo que ganen, pero que gestionen, aunque no sepan y se equivoquen.
Las últimas crisis ya demostraron que aquellas cantidades que acumulaban los viejos capitalistas y sus herederos eran insuficientes para alimentar el sistema y dadas las muestras de incapacidad empresarial de quienes eran dueños de esos capitales para hacer frente a los nuevos retos, se vieron en la necesidad de buscar profesionales que administraran sus empresas en medio de las grandes economías de escala y de los números con muchos ceros.
 
Fue entonces cuando cambió el sistema.
Los viejos capitalistas:
·       Cuando vieron que se necesitaban de grandes acuerdos desde un punto de vista práctico y aséptico para manejar sus capitales,
·       Cuando avistaron que era la globalización de los mercados financieros con la que el capital y la inversión corrían de punta a punta del planeta como el viento y quedaba lejos de sus manos,
·       Cuando tuvieron necesidad de dotar de opacidad a dineros que en buena medida tenían marchamo de ilegítimos,
Por muy ricos que fueran ellos, vieron que todo se alejaba de la influencia de su poder y se vieron en la obligación de buscar gestores que gobernaran tanto capital y que lo gestionaran como dios dispuso de siempre: actuando en contraposición al factor trabajo o situándose al margen de la actividad económica como si fueran solamente testigos que todo lo ven y que si quieren: todo lo pueden.
Entonces cambió todo.
Porque por otro lado, quienes gestionan estas descomunales cantidades de dinero, apoyados por todos aquellos interesados en que las bolsas de capital estén más localizadas, han buscado mecanismos con los que sonsacar también pequeñas partidas a los ahorradores habituales y han diseñado estrategias de acumulación de ese capital para que el volumen que gestionan sea casi la totalidad del dinero que está en manos privadas y ya ni siquiera se pudiera decir que era el capital de los ricos si no de una base social mucho más grande.
Los gestores, bajan a ras de tierra desde una red tupida que han tejido con leyes, publicidad, sucursales y ejecutivos comisionados. Así han conseguido una complicidad total con esta parte de la población a la que camela con sus nuevos productos de ingeniería financiera y ha absorbido sus dineros para alimentar el sistema. Luego para que todo funcione como es debido y se sostenga todo el tinglado, hacen ver a esa población una confluencia de intereses porque en ello va la seguridad de su dinero y de su futuro.
La red de intereses se ha completado cuando los gestores han tratado de hacer un nexo de unión entre las necesidades financieras y el trabajo. Incluso las grandes inversiones, las que hasta ahora representaban el factor tierra han salido de esas masas financieras que han sustituido por medio de leensings y rentings al más corriente de los arrendamientos.
Este entramado de intereses ha sido el que ha propiciado donde ha querido todas las inversiones comprando la voluntad del factor trabajo. Porque esos mismos intereses son quienes van ofreciendo empleos a quien más dispuesto esté a pagar por ellos y menos quiera cobrar luego.
Por otro lado estas bolsas de dinero que se iban engordando con una remuneración pequeña y casi siempre a muy largo plazo, había que colocarlas en pequeñas porciones entre la población alentándola a que se endeudara e incluso se hipotecara poniendo a su alcance necesidades ficticias en muchas ocasiones mostradas como vitales para cada persona. Necesidades que también han crecido pues ésta era la manera de tener cómplices pasivos colaborando con el sistema.
Los gestores, desde esa dependencia absoluta que han conseguido que se tenga del sistema, con esa confluencia de intereses que obliga a que cada pieza esté siempre pendiente de la seguridad del futuro, no sólo se han quedado con los beneficios sino que también se han quedado con el poder real tanto económico como político y social.
Esta y otras, son la razones por las que los gestores son quienes se han llevado el bocado más grande en el reparto de la riqueza en estos últimos tiempos con una ristra de estipendios difíciles de cuantificar: salarios, primas, bonos, incentivos, indemnizaciones, jubilaciones, prebendas de todo tipo, participaciones en cualquiera de los niveles en los que se encuentran operando. Sus emolumentos han resultado ser cantidades tan desorbitadas que es imposible encontrarle ningún sentido si no es comprendiendo este nuevo cuadro de las rentas que componen la economía del primer mundo. Los gestores al ver pasar tantos ríos de dinero por delante de las pantallas de sus ordenadores incluso han dejado al mundo del capital y a los capitalistas en un peldaño mucho más bajo y con una remuneración más comedida.
En este sistema que en la actualidad está dando sus últimos pasos dos generaciones van a empujar hasta que caiga en el abismo, el capital, al pairo de sus dueños, ha optado por conformarse con que su dinero no pierda valor, más que en que sea rentable a corto plazo.
Aun con todo, yo creo, que el mayor perjuicio que ha hecho este sistema a la sociedad es haber anulado en buena medida sus propias capacidades para auto gestionarse a sí misma y de inutilizar casi todas las capacidades individuales hasta el punto de hacernos seres caducos.

domingo, 21 de abril de 2013

Las clases sociales

 
Clase alta, clase baja y clase media.
Una división sencilla en la que las sociedades basan su cohesión y su estabilidad con arreglo a cánones histórico con los que se le trata de dar un carácter de natural. Entre ellas pudiera ser, que un conflicto social al que llaman lucha de clases esté latente. No importa.
Procurando la convivencia de las tres, se consigue en gran medida una melosa paz social. En ese procurar se trata de conservar una clase media solvente y orgullosa de sí misma y de que puede sacar la cabeza fuera del agua y saber alimentar a una oscura burocracia discretamente infiltrada en la sociedad que actúa como adormecedora.
Todo un teatro en el que cada cual interpreta su papel.
Antes se pensaba que el pueblo era aquella parte social que estaba subyugada al poder y que luchaba con su fuerza contra su fuerza hasta llegar a tomar el poder. Luego fue el poder quien de manera indiscutible argumentó que representaba al pueblo.
Hoy el pueblo no existe: existe el poder y quienes viven del poder.
El poder es el del pueblo y es el pueblo quien lucha contra el poder.

En un trabajo titulado Crisis total, realizado a finales de 2008, dejé escrito un acercamiento sobre cómo se reparte el poder político y económico en esta última etapa histórica que he vivido y en el entorno económico que conozco.
Reproduzco un extracto que puede servir de introducción.
Si pretendemos diseccionar el poder político de estas sociedades en las que vivimos y a las que hemos dado en llamar democráticas porque se legitiman desde elecciones universales, si analizamos sus prácticas y sus decisiones en la medida en la que benefician a unos y otros, mal que nos pese, debemos hacer este estudio de la realidad social, quizás, desde un punto de vista poco académico: en función de los intereses individuales, del aprovechamiento económico que hacen los ciudadanos de la legalidad existente y de las decisiones que promueve el poder. Si tratáramos de hacerlo desde el análisis de los intereses colectivos, perderíamos el tiempo.
Los bloques en los que podemos dividir las sociedades actuales y que son los que determinan las tres clases sociales existentes son:
 
 
     1ª Quienes tienen el poder.

No se les conoce.
Casi nadie sabe con seguridad quienes son los que tienen el poder real en el sistema, A veces parece ser unos y luego resulta que son otros y casi siempre ocurre que son los que menos te esperabas. Pero quienes ejercen el poder existen y existen relucientes como las estrellas en el firmamento aunque a casi ninguna de ellas identificamos, y como ellas, juntos, tienen una fuerza  piramidal absoluta aunque quede oculta tras los nubarrones.
El poder hace y deshace a su antojo sin que haya límites establecidos, y si existen esos límites y alguien los reclama,  los pueden saltar con nuevos reglamentos que los anulen, los excepcionen o los permitan... o si es necesario: con solemnes declaraciones que aclaren los equívocos... o manteniendo en secreto sus hazañas.
En todo caso el poder puede cambiar los límites establecidos.
Los poderosos brotan y rebrotan en las elecciones, pero no son unas elecciones abiertas y para ejercer su poder han sido elegidos por unos partidos y partidarios juramentados en no tocar ni un solo pelo del sistema del que emana todo su poder absoluto.
Entre quienes tienen el poder existe un llamado reparto de papeles donde no quedó nada escrito que desparramados en lagunas estancas flotan al nivel que corresponde a cada cual y que se establece tácitamente sin apenas mediar palabra.
 Entre unos y otros se mantiene un equilibrio entre: lo que el de arriba debe al de abajo y lo que depende quien está abajo del que está arriba... siempre desde la idea básica de que donde hay patrón no manda marinero.

2 ª Quienes viven del poder.
Son legión  y nadie se reconoce entre ellos.
Se disimulan abusando a veces del derecho de crítica.
Se pasan la vida llorando y preguntando al aire por lo suyo.
Aunque sin lugar a dudas es un arte, han de trabajar duramente en la ceremonia y el aspaviento que han de hacer para que el poder que ellos mantienen, se mantenga. De las migajas del poder se alimentan frugalmente, incluso cuando también sus frutos llegan a ser su único medio de vida. Y se alimentan de un suero viscoso que llevan a la boca con dos manos sin importarles quién tienen al lado. 
Viven callados, silentes, como avergonzados, haciéndose los inocentes mientras sus falsas verdades, sus dogmas se cuelan en la sicología del sistema. Están siempre alerta y sigilosos, atentos a la defensa de su amo y señor.
Si en unos momentos concretos, hay entre ellos quien está en contra de lo que representa el poder presente, lo está en apariencia porque igualmente sostiene al poder para que no caiga y cuando el poder pase a manos de los suyos esté en perfecto ejercicio.
 
3ª Quienes están al margen del poder.
Estos son los que están pagando el pato durante toda su vida.
Si hablan no se les oye si se les oye no se les escucha.
Se han de buscar la vida por su cuenta sin que ningún poder se preocupe por su fortuna. No reivindican derechos ni aseguran su futuro. No hay convenio que limite su horario ni siente los mínimos de su salario. No les queda otro remedio que seguir haciendo su servicio a la actividad porque si paran no solamente paran la actividad que realizan sino que también detienen la suya propia y eso representa su ruina. Tampoco hay protección oficial que les llegue a amparar jamás. Su bolsa vacía es el recurso más socorrido para arrancar el dinero con el que pagar las costas.
No hay ayuda ni subvención que les llegue.
Ni siquiera sus hijos si son buenos estudiantes se pueden beneficiar de una beca porque sus ingresos, ya sean tan altos y o tan bajos que ni siquiera los declaran, se lo impiden con arreglo a los reglamentos, por tanto, sus hijos, por culpa de sus padres, han de vivir con menos derechos que el resto de los hijos.
Este segmento social personalmente ya no hace preguntas porque sabe que no recibirán como respuesta más que mentiras.
Solamente trabaja cuando puede, cuando se lo busca.
Como no tienen ni portavoces ni altavoces pagados por el común, son los más criticados y atacados por el sistema y no protestan porque saben que no les vale de nada.
Esta es la realidad política en la que se dividen las sociedades actuales con un corte transversal totalmente interclasista.
Que nadie se llame a engaño:
Hoy ya no existe la división en clases que se definió en el siglo XIX cuando incluso a nuestros abuelos les llevaba a las revoluciones y a las guerras... y desde esta división se ha alcanzado todo tipo de dictaduras en anteriores décadas.
Una división horizontal aquella, que no era humana ni razonable socialmente, en la que de alguna manera todos se conformaban con su suerte y como una determinación del destino. Una división que tampoco afectaba a toda la población pero en la que pudiera ser que cada cual sabía en qué nivel  se encontraba y era difícil pasar de uno a otro y mucho menos hacia arriba.
Ahora con esta nueva división en torno al poder y su beneficio económico particular que entiende legítimo cada elector en el ejercicio de su poder, a la misma dictadura le llaman revolución democrática o estado de derecho.
Dictadura de la minoría mayoritaria.
Los ciudadanos no saben qué hacer ante esta situación de CRISIS TOTAL que nos invade y conocen y que por las nuevas circunstancias que ha traído ya no saben concretar en qué escalón de la división horizontal están a cada momento que pasa. Tampoco saben esquematizar qué les corresponde en función de esa posición que ocupan. Todos han perdido el norte y la estrella polar que seguían parece haberse convertido en su estrella de la mala suerte.
Casi todos piensan que está fuera de la órbita en la que se siente el calor del poder y que los que se alimentan calientes son otros. A pesar de todo, todos sostienen al poder puesto que piensan que cuando estén los suyos, entonces serán ellos los que vivan del poder.

Vivimos tiempos en los que cualquier salida puede ser buena, incluso aquella en la que nunca se hubiera pensado y esta estructura de poder en la que todo el mundo trabajaba sin saber en qué ni para qué y que ahora está quedando totalmente desubicada, Creo que se puede modificar sustancialmente si desde la base social nos concienciamos con una nueva concepción del TRABAJO.