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martes, 21 de abril de 2015

Esta obra.


Yo no he descubierto ni he propuesto nada nuevo.
Estoy acabando este último capítulo y todavía no sé bien de qué estoy tratando en esta obra porque lo cierto es que nunca me ha gustado hablar de trabajo, porque siempre he procurado no trabajar, aunque me haya pasado la vida trabajando. Lo que tenemos que hacer después de haber leído y reflexionado lo que corresponde a esta obra debe ser un acto de contrición y de arrepentimiento sin tener ninguna especie de atrición por no haber irritado a dios y no haber sorteado su maldición. De esto tratan estas páginas: no trabajar de la manera en lo hacemos alimentado un sistema que santifica a dios y nos devora como personas.
Han sido muchos los autores que a lo largo de la historia han tratado del trabajo y de la irracionalidad del trabajo tal y como se concibe en esta civilización. Soñadores que también demostraron cómo desde esta organización social que asentaba su devenir en cien creencias falsas trancadas en la tradición, y en la que las inteligencias que la dirigen, que saben de su falsedad sin rubor las dan por verdaderas. Inteligencias que no es que quieran mentir al pueblo sino que no les importa que vivan engañados y si entre medio sacan provecho para qué decir verdad.
También esos autores clásicos podían imaginar y concebir otras civilizaciones diferentes pero sabían que era harto difícil implantarlas. Habían de cambiar muchas conciencias de muchas gentes que estaban tan acostumbradas a vivir en medio de la mentira y: ni unas a unas, ni todas a la vez, iban a poder enfrentarse con la verdad.
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En el año 1516 Tomás Moro ya demostraba la estupidez de las sociedades modernas de entonces haciendo tanto trabajo inútil. Esa es una de las características, entre otras muchas, que hacen que su UTOPIA tenga todavía rigor pasado tanto tiempo. El canciller tras una reflexiones sobre los estados y las sociedades de aquella época, que luego muy pocos pensadores han tenido valor para repetirlas, diseña una sociedad en la que el trabajo es la base fundamental pero desde la concepción de un trabajo estrictamente necesario y compartido. Sociedades aquellas, que como en las actuales: campesinos, artesanos y siervos, vivían a merced de la nobleza y de los mercaderes que sometían a la población a una miseria crónica. Aquellos poderes feudales también las condenaban a un trabajo para el que ka población tenía que hacer tanto esfuerzo como fuera posible mientras tuviera fuerzas en el cuerpo.
No ha cambiado tanto desde entonces y han pasado cinco siglos.
Un extracto de esta obra aparece al inicio a modo de preámbulo.
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También en el año 1932 decía Bertrand Rusell en su ELOGIO DE LA OCIOSIDAD y volvía a reincidir en la necesidad para la sociedad de trabajar menos y hacer más por la felicidad de la humanidad y por la satisfacción de los ciudadanos. En este pequeño texto cuyo extracto servirá de epigrama a esta obra se aboga porque sea en la propia sociedad y desde el ocio individual la mejor manera de socializar las relaciones humanas. Aquella crítica escrita hace ochenta y tantos años está todavía en vigor aun cuando el mundo navegaba en medio de infinidad de conflictos: sociales, políticos,  económico y bélicos, que luego se dilucidaron en una serie de guerras y revoluciones que enfrentaron a dos visiones de mundo diferentes que el filósofo dibujó.
En realidad ha sido la base de esta obra que ya voy acabando.
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Entre medio de estos dos autores y en la actualidad han sido muchos los escritores que también han procurado en sus obras por el camino de trabajar menos y por romper la cadena que obliga a cantidades ingentes de personas a tener que trabajar más de lo necesario sin que además sean capaces de satisfacer las necesidades primarias de una parte importante de la humanidad. Algunos autores he leído en su momento y a ninguno de ellos he repasado para escribir estas páginas porque para escribirlas es creído más oportuno leer y repasar la realidad que nos rodea. Aunque lo he intentado en estas páginas es difícil de llegar a explicar las causas por las que estas propuestas tan positivas y necesarias para la población no hayan calado y que no se hayan desmantelado las fuerzas de los que animan y obligan al trabajo. Yo creo que la falta de productividad en el quehacer diario viene dada en gran medida y es consecuencia del hábito de entender el trabajo como e vender horas de vidas en la que hay que estar sudando en el tajo aunque no se haga nada. Es consecuencia del propio sistema que redunda en que hay que trabajar y trabajar mucho aunque nadie sepa para qué.
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Antes de acabar quiero dejar una advertencia para quien acabe la lectura de estas cavilaciones mías, que he procurado que a nadie se le hagan pesadas pese a la dificultad y lo escabroso de la cuestiones con las que se pelean, y en esta últimas líneas trataré de exponer con sencillez, pero sin complejos ni falsas imágenes destinadas a quedar bien con nadie: el entorno económico en el que nos movemos, la realidad de la escasez en la que naufragamos y una propuesta alternativa clara y contundente y estas tres advertencias.
·         Se puede caer en la tentación de pensar que: una obra de este tipo, en la que se hacen apuestas y propuestas que se salen de lo que se entiende políticamente viable y correcto, no tienen implementación en estos tiempos en los que hay que producir riquezas para salir de pobres.
·         Se puede pensar que unas páginas que no pueden tener más virtud que la de ser deseos infantiles, no son dignas de ser una hoja de ruta que pudiera servir para asentar un cambio social y que para ese cambio es preciso un proceso mayoritario y revolucionario.
·         Se puede concluir que esta serie de reflexiones en las que se hacen propuestas utópicas, deseos comunes idealizados, y lugares inaccesibles por los que nunca se ha practicado, es imposible que se hagan realidad y que se puedan llevar a la práctica de una forma masiva.
Se concluiría en un grave error porque esta obra no pretende un cambio de sistema a corto plazo solamente se conforma con cambiar alguna conciencia que vaya abriendo un camino que ya es inexorable.
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Vivimos en una democracia en la que dicen que gobiernan las mayorías. No es cierto las mayoría que se conforman son minoría de la población incluso cuando dicen que tiene mayoría absoluta lo cierto es que su votos de estas mayoría representan solamente una cuarta parte de la población. Bien y estas mayoría son las que gobiernan arrasando con todo y haciendo cosas que ni ellos mismo harían. Y lo peor es que no respetan las minorías aunque las minorías sigan su andar. Una propuesta de este tipo es imposible que se implante con forma de ley de ningún gobierno pero creo que una parte de la población ya la estamos practicando y no es necesaria ninguna ley para que poco a poco la practiquemos una mayoría que en este caso no será absoluta pero que espero que sea silenciosa y que procure vida propia a las personas.
 
El sistema no se derrumbará con una huelga general que gane un pulso político y revolucionario al límite de las posibilidades sociales y humanas, seguro, pero sin embargo creo que si esta forma de entender la vida y la actividad económica que puede llegar a representar no trabajar más que lo necesario para vivir, se propaga poco a poco, es la manera en la que el sistema llegará a perder sentido y perderá fuerza poco a poco.
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La crisis está demostrando de modo concluyente que la organización más autosuficiente las poblaciones modernas aun con recursos muy limitados en un considerable bienestar con solo una pequeña parte de la capacidad de trabajo del mundo entero. Si la salida de la crisis se hubiera buscado reduciendo a cuatro las horas de trabajo y organizado para que los servicios básicos de atención mutua entre la población que no consumen otros factores que la mano de obra todo hubiera ido bien. Y sin embargo la prueba más cruenta de la crisis es que muchos jóvenes que se buscan la vida durante algunos meses picando de aquí y de allá para no tener que sacar dinero de su bolsillo, saben cual es su papel y su situación y nada pueden hacer por remediarla.
·   ¿Tienen ellos la obligación de trabajar para pagar la pensión y asistir a sus abuelos...?
·   ¿Para la prejubilación de sus padres es necesario que ellos aporte a la actividad económica su trabajo...?
O lo que es peor que emigren y se vaya a cotizar otras jubilaciones.
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En esta últimas líneas quiero dejar quiero dejar tres ideas básicas y radicales que me parecen importantes a dar por buenas y retener  en nuestra manera de pensar y actuar.
·   Quien impone un trabajo extra es el mayor enemigo de los trabajadores y de la dignidad del trabajo y hoy todo el sistema se basa, en que unos trabajadores imponen un trabajo extra al resto.
·   Debiera estar prohibido que un hombre pudiera contratar para trabajar a otro hombre: comprar trozos de vida para que haga ese trabajo que le corresponde solamente a él. Esta situación es un estado de la esclavitud que todavía se permite porque todavía no se ha abolido.
·   Diseñar una sociedad en la que se facilite que a quien tenga dinero no le sirva para comprar la vida de los hombres.
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viernes, 27 de febrero de 2015

El ocio

Hemos visto en los inicios de esta obra que en esta civilización judeo-cristiana que determina nuestras vidas y conciencias nos ha condenado a una parte importante de la humanidad, a trabajar con la excusa de redimir un pecado y también en las civilizaciones orientales el trabajo se entiendo como una manera de realizarse las personas.
Enfrentarse al sistema y en menoscabo de esta civilización cuyo uno de sus puntales básicos es el trabajo es imprescindible que además del tiempo de descanso se conquiste un tiempo de ocio para que en ese tiempo en el que no se tiene nada más que hacer que lo que dicte la propia voluntad.
El trabajo es valioso porque puede satisfacer nuestras obligaciones de subsistencia y nuestras necesidades materiales y  no porque el trabajo sea bueno en sí mismo y mucho menos significando el cumplimiento de una condena que se ha interiorizados en nuestras conciencias si no que con la organización racional del trabajo sería posible generar tiempo de ocio sin perjuicio del buen desarrollo económico con el que poder cumplir con las obligaciones y necesidades humanas.
El ocio de todos, no el ocio de unos pocos.
El tiempo de ocio es esencial para las personas.
    Cultivar el ocio es el futuro de la humanidad.
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De la calidad del ocio que se cultive dependerá la calidad del futuro.
En la medida en que estas afirmaciones son ciertas en el mundo moderno, es una condena de nuestra civilización que desde la educación medrosa que se cultiva en las familias, desde la educación sometida de la escuelas, desde la transmisión de las necesidades en fomento del consumo que impone el sistema económico, no se potencie el tiempo de ocio como un derecho por las posibilidades que ofrece a las persona reforzar sus capacidades y competencias desde los gustos que potencian su actividad y que generan sus ilusiones y esperanzas vitales.
El tiempo de ocio es aquel que utilizan las personas para dedicarlas a sí mismas principalmente a cultivar su propia identidad y eficacia, en su provecho y en de su entorno familiar o social sin pensar en su rentabilidad. Ese tiempo indeterminado en el que tenemos fuerzas y voluntad para hacer y podemos hacer lo que nos dé la gana aunque no sirva para nada más que nuestra satisfacción personal.
Casi siempre se confunde los tiempos de ocio y los de descanso.
Para no equivocar este mensaje alternativo no podemos entender el tiempo de ocio como aquellos espacios temporales normalizados que tenemos en la actividad laboral para descansar y expansionarnos: unas horas tras la jornada laboral, periodos diarios semanales o unas semanas para vacaciones al cabo de cada año. Tiempos que no dejan de ser espacios con los que cubrir las necesidades de descanso y al que habríamos de llamar de tiempo libre.
El tiempo libre y de descanso, en estos tiempos es más amplio que lo que ha sido nunca en la historia donde resultaba escandalosa la idea de que los trabajadores pudieran disponer de tiempo en el que holgar. Trabajar y solo trabajar, salvo por las inclemencias y las estaciones, se traducía de una visión de la vida humana que ha acarreado durante siglos, que desde la infancia para todas las personas sanas la jornada normal de trabajo fuera de sol a sol. No obstante, en la actualidad el tiempo libre y de descanso es muchas veces es tan escaso y tan intempestivo que no permite un tiempo de ocio: salvo de una forma un tanto compulsiva y exenta de racionalidad. El sistema ha confundido en su beneficio los tiempos de ocio y los de descanso  de tal manera que tratando de introducir el ocio en el descanso, el ocio ya no tiene capacidad de ser activo. En esta confusión ha procurado nada más que un banal entretenimiento o un estrés que sustituyen al descanso. Esta confusión de unos tiempos con otros supone que se han convertido en un nuevo nicho mercado que sirve al sistema económico y social,  capaz de crear nuevos trabajos ficticios y que además en último extremo vuelve a ser una nueva forma de control social y de pastoreo.
En esa educación en la que han de trabajar tanto para que mañana tengan trabajo tampoco le deja a la infancia mucho tiempo de ocio que también se torna en obligación. Es bastante extraño, que mientras los padres desean una educación para sus hijos que ha de servir para encontrar trabajo de mayores hacen que de niños trabajen tanto que no les dejan tiempo para civilizarse. De todos los padres se ha llegado a conseguir que en realidad les disguste el ocio incluso para sus hijos y han convertido el tiempo de ocio de la infancia en tiempo de trabajo y de obligación. Incluso si en el divertimento en la ocupación del tiempo libre en la relación con sus compañeros en sus recreos el niño juega al fútbol automáticamente los padres inician la ensoñación según la cual el niño acabara ganándose la vida de futbolista.
De  los jóvenes que tienen aficiones personales que no sirven para ganarse la vida en el día de mañana pensamos que están perdiendo el tiempo y si bien los hemos criado entre algodones la realidad es que los hemos dejado indefensos y sin recursos ante una sociedad futura de ocio activo y constructivo que además le aboca a la apatía y la decadencia. Jóvenes a los que les hacemos representar el papel de que sea los aprendices de lo que nosotros no aprendimos y de que adquieran las experiencias que a nosotros no nos han servido para nada, si acaso para hacernos peores personas. Esta realidad la podemos constatar, pero históricamente: al hombre se le ha educado y se le ha inducido a que aproveche su tiempo para que el día de mañana saque algo de provecho.
Tampoco a los jóvenes les permitimos que trabajen su ocio.
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     La población que trabaja está muy concienciada de que ha de dedicar una parte importante de su vida a trabajar para comer y que además si puede trabajar un poco más mejor comerá e incluso podrá ahorrar. También una parte importante tiene asumido que un tiempo de ocio para sí misma no se lo puede permitir y disfrutar, más si cabe: cuando en realidad tiene que trabajar.
Todos es un producto de la civilización y de la educación.
Cada vez que pretendo explicar que las personas hemos de disfrutar de más tiempo de ocio todas me dicen que estos tiempos no son como los de antes y que la gente se entretiene con cualquier cosa y que cuanto menos esfuerzo le requiera el entretenimiento más le satisface. Para contrarrestar mis ideas me argumentan que si no fuera más que por la estricta necesidad nadie querría trabajar, y que mejor que trabaje, que si no la gran mayoría se convertirían en seres amorfos a los que además no quedaría más remedio que dignificamos en su decadencia. Dicen que nadie hará el esfuerzo de tener un ocio que construya su persona.
No estoy de acuerdo nadie se niega a hacer lo que le desea hacer.
Desde niños nos educan en el ocio pasivo y el entorno cultural y social fomenta los divertimentos basados en las fiestas populares de contenido absurdo cuya única calidad es que son tradicionales y gratuitas y en los espectáculos de masas: deportivos y festivos con los que tratamos de suplantar la sensaciones de satisfacción que tiene la sociedad de la realidad del bienestar social existente.
El sistema entiende que ha de tener el ocio en su oferta social y cierra el círculo para satisfacer las necesidades sociales. Para ello produce un ocio con el que poder ocupar los tiempos de descanso y esparcimiento en grandes cantidades y a muy bajo coste sobre todo de manos de la televisión, el futbol y los grandes acontecimientos que hace que la población receptora indiferente disfrute del ocio de una manera pasiva pero que en el fondo las insensibiliza y embrutece y si acaso le mueve: aquellos sentimientos aquellas pasiones que al mismo tiempo el sistema les ha promovido.
Sin una cantidad considerable de tiempo de ocio, entendido como ese tiempo que cada persona se dedica a sí misma, el género humano se ve privado de muchas de las mejores cosas que le proporciona la vida: alimentar su propia existencia. Ya no hay razón para que el grueso de la gente haya de tener rescindido esos tiempos propios por causa de un trabajo que exige muchos trozos de vida y de descanso.
Ahora que ya no es necesario, solamente una profunda estulticia social, nos llevará a seguir insistiendo en trabajar más de lo necesario para vivir y atendernos unas personas a las otras y entre todas mantener en entorno en el que vivimos. Resultará definitivamente estúpido si en el mundo en el que vivimos con el futuro que nos espera y se presiente, en el que los planteamientos del trabajo que se tienen: no se sostienen, que no se contrapongan los tiempos de ocio a los tiempos de trabajo.
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 La falta de tiempos de ocio nos ha idiotizado en la medida en la que no participamos en los asuntos del común en los aconteceres políticos. Es la principal consecuencia que ha tenido la escasez del tiempo de tiempo para participar en la organización social, y en nuestra ausencia, nos han convencido de que tenemos tanto que trabajar y descansar que que no nos queda un rato para preguntar ¿a qué viene tanto trabajo...?
 La forma más rebelde de desactivar el trabajo y activar los espacios de ocio es dedicarse permanentemente a labores altruistas en nuestro entorno sin más interés que la satisfacción personal y la de crear medios y ambientes más humanos a nuestro alcance.
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lunes, 16 de febrero de 2015

Nuevas posibilidades humanas.


Es difícil entender y resulta un tanto sospechoso cómo los gobiernos y los planificadores económicos y sociales no pueden idear y construir un paraíso terrenal en el que se recreen las sociedades y que haya más tiempo libre en lugar de pretender tanto trabajo y tanto trabajar.
El sistema insiste en concienciar a los entornos económicos actuales en los que cada vez hay menos trabajo en la necesidad del trabajo intenso y mal pagado para que la sociedad puedan mantener un bienestar mínimo.
Creo que debemos considerar el trabajo como un medio necesario para ganarse el sustento, y si no acarrea felicidad, sí que al menos no se transforme en una esclavitud sostenida en el tiempo que nos atrapa hasta el punto en el que nos impide desarrollarnos como personas.
No se trata de que todas las personas tengan derecho al trabajo, ni con repartir el trabajo que hay en la actualidad entre todos, sino en hacer las cosas de tal manera que trabajado poco y suprimiendo las tareas socialmente inútiles nos podamos satisfacer las necesidades entre todos.
Se abre la posibilidad de un cambio de la conciencia social.
Es difícil dibujar alternativas desde una concepción social y económica en las que la idea y la necesidad de tener actividad sea una cuestión de dignidad y humanidad. Es constatable que solamente son aceptadas aquellas actividades económicas todas las demás no valen nada y por lo tanto más vale no hacer nada si no lo pagan.
Dicho de otra manera nada vale si no se paga por ello.
En apariencia todo trabajo tiene un precio y en realidad en las sociedades la mayor parte del trabajo se hace gratis… y sin embargo, esa pequeña parte del trabajo que se paga y que lo cobran unos pocos, un trabajo que roba humanidad a las personas, en muy buena medida no nos sirve humanamente para nada.

Para sentar las bases a nuevas realidades sociales que se pueden crear y asentar desde otra concepción del trabajo lejos de lo que significa la maldición divina, sería necesario propagar la idea elemental que se resume en: trabajar más y sobre todo trabajar más para otra persona por dinero, es poner precio a los trozos de la vida de cada cual.
Aunque hoy vivimos en un entorno de exceso de trabajo para unos y de inanición para otros, esta posibilidad de cambio en la realidad humana aunque se entienda y se acepte, sin embargo en la realidad cotidiana no se afronta en consecuencia, ni social ni económicamente.
 
Los modelos de producción más modernos nos han dado la pericia de producir todo lo que requerimos para vivir sin necesidad de tensar las relaciones humanas hasta los límites inhumanos en los que la dinámica del sistema nos ha llevado. La humanidad se ha dejado arrastra por una espiral imparable cuyo centro es el trabajo. Nuestra propia necedad ha loado este sistema basado en tener a la gente ocupada y agarrada a un clavo ardiendo, y que nos ha llevado a rebuscar trabajo hasta el punto de que aunque fuera innecesario su producto diera quehacer y se pudiera poner en valor aunque en realidad no tuviera valor alguno.
No hay razón para seguir siendo necios para siempre.
La realidad es que: la necesidad de tener trabajo para que todas las personas seamos una pieza del engranaje y ninguna estemos sin la presión a cuenta del trabajo correspondiente, aunque hayamos de estar almacenadas, no admitiendo con esa manera de entender el trabajo que gratuitamente nos entretengamos en hacer hago que sea un bien social de provecho y sin costes ni impuestos y que nos haga felices un rato, cierra todas las posibilidades de entender el trabajo de una forma en la que no cabe la idea de hacerse rico.
En anteriores páginas, como un acercamiento a la idea de que el trabajo que fuera necesario razonablemente para atender las necesidades sociales fuera racionado de manera provisional he propuesto que todas las personas que quieran trabajar tengan derecho a trabajar al menos cuatro horas independientemente de que cada cual luego trabaje las que quiera aunque sea con la intención de hacerse ricas.
No obstante la necedad impone sus propias resistencias.
En este convicciones humanas que se basan en salvaguardar los intereses particulares antes que los ajenos y generales es muy fácil comprender que con un cambio social de estas características saldríamos todos beneficiados. Hay muchas personas que se van a ver perjudicadas y que aunque estuvieran de acuerdo con esta filosofía de vida y de trabajo, con el temor a ver tiempo mejores aunque desconocidos, viven en la actualidad tan bien, que preferirían que no se llevarán a cabo ninguna reforma, para por si acaso, sin ser capaces de reconocer que ellos viven muy bien a cambio de que otras personas vivan tan mal.
 
También hay otra realidad que tiene atrapadas a muchas personas, que aunque fueran partidarias de abrir todas las posibilidades que se pueden aceptar en el mundo de trabajo entendido de esta manera, sin embargo no pueden bajarse del sistema de trabajar y trabajar. Han de llegar a cumplir con los compromisos adquiridos cuando hace unos años el sistema tendió una tela de araña con la que nos las prometía felices.
El otro día un amigo me decía:
Haberme endeudado ha sido una trampa en la que caí sin darme cuenta y ante la que para nada me sirvieron mis estudios. Me creé la ilusión de que podía tener mi propia casa, lo vi sencillo porque todo eran facilidades y además me atreví; no con la casa que necesitas hoy, sino la que me gustaría tener mañana, y aunque la pueda pagar como es mi caso, la verdad es que pagarla no me deja ni un ápice de libertad, para toda la vida tengo la obligación de llevar un tren de trabajo que cada día que pasa me cuesta más… y seguramente que necesito tiempo pero mucho más necesito dinero.
Es uno de los contextos que hacen más difícil revertir el sistema.
 
Podría poner más ejemplos de las posibilidades que se pueden abrir a las realización humana si no viéramos el trabajo como un fin con el que dicen se asegura la dignidad humana. Si entendiéramos el trabajo como una herramienta con la que procurar la felicidad y de realizar todo aquello que procure felicidad y nada más que felicidad y que se ha de manejar y controlar en beneficio de todas las personas por igual.
Pero sin embargo nadie mide la felicidad de las sociedades.
Tampoco hay máquinas con las que medir el dolor del alma.
Y hay  trabajos que sólo acarrean dolor sin una gota de felicidad.
Desde los estados de opinión en los que vivimos es muy fácil llegar a entender que se prohíba la producción de droga porque llevan años concienciando a la sociedad y en buena parte lo ha conseguido mostrando los perjuicios humanos y sociales hasta el punto de aceptar una prohibición de este tipo y perseguirla con leyes y policías. Y aunque en este momento no sería capaz de decir cuál de las dos producciones son más perniciosas para la humanidad, sin embargo, nunca se entendería en el concierto económico que se prohibiera la producción de armas. La sociedad, que crece entre guerras, se ha creído el mito de que para que haya paz es necesario estar preparados para la guerra y ese argumento sirve para justificar la fabricación de armas que en último lugar se utilizan a discreción en las guerras. Recuerdo hace unos años lo recompensados que estaban en mi pueblo cuando les prometieron desde el gobierno que en el polígono industrial que habían llevado, les iban a poner una fábrica de cañones que iba a generar cientos de puestos de trabajo. Para amainar las protestas aseguraban que los cañones no tenían alma para que fueran empleos de paz. Yo creo que para que no haya guerra no hay mejor manera que no haya armas, ni organizaciones para manejarlas, ni estructuras en las que se puedan planificar y ninguno de los trabajos que genera, pero esta creencia no viene al caso puesto que: los ejércitos y las guerras: para destruir y para reconstruir, también son grandes creadores de trabajo: indeseable, innecesario y destructivo.
Por esta razón social puede ser que los estados declaren las guerras y para quienes están obligados a trabajar y necesitan trabajar nunca pensarán que se pudiera abolir una actividad capaz de generar tanto trabajo aunque acarreen las peores desgracias.
Buceando en otra posibilidad, podría decir sin sacar los pies del tiesto que con los dineros que se gasta la sociedad en: cárceles y guardias para esas cárceles, podían vivir dignamente los carceleros y los presos y acabar tanta necedad y con tanto sufrimiento. Hay casi tanta gente en la función carcelera como personas presas entre muros y rejas. Parece mentira que las unas sin tener que ir  a trabajar  a tan infausto oficio y las otras si necesidad de delinquir para subsistir, que sin duda es la causa por la que mayormente está la gente encerrada entre los muros de las prisiones y todavía sobrarían recursos para mostrar a la sociedad la ineficiencia del este castigo.
 
Hemos de poner a las persona en un plano general para que las que no tengan trabajo lo puedan tener, y para que quienes lo tengan puedan disponer de más horas de sus vidas para utilizarlas como quiera y para que si alguien no quiere o no puede trabajar no trabaje. Hemos de sentar las bases de lo que ha de ser la abolición del trabajo como el modo de ganarse el pan con el sudor de la frente. Que el pan lo hagamos entre todas las personas con capacidades para hacerlo y lo compartamos.
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miércoles, 28 de enero de 2015

El P.I.B. y las exportaciones.

Al parecer todo lo expuesto en los capítulos anteriores se cae por su propio peso porque en su argumentación no se tienen en cuenta dos elementos esenciales, hasta el momento ni siquiera se han nombrado, y que la inteligencia del sistema les ofrece la mayor importancia.
* El Producto interior bruto y el crecimiento exigible de su total, que dicen garantiza que se cree y genere riqueza y puestos de trabajo. Un P.I.B. del que los expertos economista dirán que se derrumbaría en el intento que se plantea y que arrastraría consigo el bienestar social.
* La exportación de bienes y servicios y la elemental y necesaria competitividad para en consecuencia vender al exterior los productos con los que equilibrar la balanza de pagos, y produciendo brutamente, no tener necesidad de importar lo producido en otros lugares.
Para soportar las ideas que se plasman en esta obra en sus aspectos económicos, que en principio creo que no son lo más importante de esta opción vital para las personas, serían precisas otras que trataran sobre la cuestión y explicaran los puntales requeridos. En esta esbozaré algunas refutaciones para que quien quiera profundizar que profundice.
El P.I.B.
Este es el dato básico para entender y relacionar de manera sencilla la realidad de cualquier organización económica a pequeña o gran escala. Es el total que cualquier economía de una población es capaz de facturar en un periodo concreto y generalmente se refiere a un año.
     En este montante general se incluyen la suma de todas las actividades económicas, una parte importante de ellas inútiles socialmente.
Es tan importante este dato que en realidad no calibra: el bienestar y la satisfacción social de la sociedad que produce y consume.
Aunque existen muchos interrogantes de cómo se calcula este dato, es sabido que contiene muchos aspectos de ineficiencia del sistema que no se debieran incluir y que sin embargo incluyen su valor en positivo. Sería preciso racionalizar este total, que generalmente es un objetivo al alza y procurar sus partidas con otra estructura y otro equilibrio.
Todo se calcula y se objetiva en el sistema en relación a este índice:
·        El crecimiento.
Que siempre se dice sostenido.
Para el sistema todo depende del crecimiento económico al infinito, aunque se sabe que es imposible y que la realidad es que: en bien de la humanidad, tiene que ha de bajar una proporción muy importante.
·        El endeudamiento:
El índice de deuda con relación al P.I.B marca unos límites de hasta dónde puede adquirir créditos el común y gastar más que lo que ingresa si las circunstancias o los ajustes lo determinan. Este índice es muy elástico según para quien se endeuda y de que quien tiene la capacidad de emitir moneda que luego lo soluciona a cuenta de devaluarla.
Los derechos de los acreedores son anteriores a todos los demás.
·        El déficit de los gastos del Estado:
Diferencia entre ingresos y gastos públicos.
Proveer los ingresos en función el coste de las necesidades o  velar por gastar menos de lo que se ingresa y cuando por las circunstancias que fueran se gastara más de lo que hay, determinar hasta qué límites.
Cubrir unos derechos y/o necesidades sociales o guardar otros.
Pero lo importante de este P.I.B. no se comenta ni especifica:
·         La participación de la fuerza del trabajo que en definitiva es la herramienta que producen el resto de las facturas y que sin ella las otras producciones no son posibles y el P.I.B. resultaría ser igual a cero.
·         La participación del Estado en el total del producto interior y que lo administra principalmente para mantener un sistema basado en su propia pervivencia y en el trabajo que esclaviza a quien trabaja.
·         La participación de las rentas de capital e inmobiliarias a cuyos intereses están subordinadas todas las estrategias de las inteligencias financieras y que son las que penetran en el discernimiento económico.
·         La parte de esta factura que es innecesaria, que solamente sirve para el mantenimiento de otras rentas y otros intereses que no son los sociales y que supone una carga para la población.
·         Las partes de este P.I.B. que quedan o quedarán abandonadas, que en su momento fueron contabilizadas. Inversiones que se hicieron pensando que serían aprovechadas para las generaciones posteriores de las que sin embargo no sabíamos que es lo que iban a necesitar.
Las importaciones y las exportaciones.
Vivimos en un mercado global en el que se puede comprar lo que se quiera, donde se quiera, sin límites de ninguna clase. Esta virtualidad es un síntoma del progreso económico de las últimas décadas.
Esos dicen los modernos.
Se ponen en el centro de la discusión estos flujos de productos en un espacio concreto, en aras de un mundo abierto en el que existe una libertad selectiva de tránsito de las personas pero que sin embargo hay una suelta plena para los bienes y bienes y servicios. Estos dos aspectos económicos son la base sobre las que se soportan los argumentos para bajar el valor del trabajo en beneficio de una hipotética competitividad.
Si hacemos un pequeño cuadro de lo que suponen estos aspectos en la contabilidad nacional y la trascendencia que tienen socialmente, veremos que es una gran mentira soportada en otras tantas falsedades que se muestran con una lente de un solo foco.
Datos Instituto Nacional de estadística provisionales año 2012.
Producto interior bruto a precio de mercado...       1.063.000.000.-
Total de importaciones de bienes y servicios...         330.251.000.-
Total de exportaciones de bienes y servicios...         321.819.000.-
     Estos son los datos que generalmente se ofrecen y sobre los cuales se reflexiona y planifica para convencer a la población de que hay que trabajar más por menos para abrir definitivamente nuestros productos al mercado exterior. Dentro del sistema, los sabios que dictaminan sobre la realidad, cuando hay más exportaciones que importaciones dicen que las cosas van bien y por el contrario las cosas van mal.

Estos datos significativamente en bruto nunca se trasladan al papel para su reflexión y análisis de la siguiente manera:
·        Importaciones de bienes que no se tienen entre los recursos propios y que hay que demandar mientras no haya alternativas.
·        Exportación de recursos que se tienen de manera natural y con experiencia adquirida durante años a los apenas afecta la competencia.
·        Margen de ahorro de los productos que se compran fuera y se pudieran producir en el interior con un poco de desarrollo productivo.
      Los sabios economista nunca dicen que por suerte no se puede comprar felicidad en ninguno de esos puntos en los que se puede comprar cualquier otra cosa, por la sencilla razón de que no la hay más lugar en que comprarla que en nuestra propia organización social. Tampoco cuentan que con esos flujos de producto de aquí para allá también se acarrean las circunstancias que los rodean y afectan directamente a regreso social y a una parte de su población sumida en la pobreza. La competencia real que se mantiene con lugares de los que procede una parte de esas importaciones, tienen el siguiente entorno:
-   Condiciones laborales esclavistas.
-   Escaso salario personal y ningún salario social.
-   Horas de trabajo limitadas por la perpetuidad.
-   Legislación laboral propia del siglo XIX.
-   Relación: tiempo, salario y productividad que resulta siniestra.
 
Hay otro aspecto de las importaciones y exportaciones que con una cierta cadencia cíclica entran a formar parte de una realidad económica de los espacios económicos concretos y nacionales que se han superar con la organización de trabajo. No trasiegan bienes y servicios.
Acarrean personas y enmascaran la realidad cambiando de nombre:
-          Inmigración: llegan tratando de encontrar un puesto de trabajo.
-          Emigración: van a otros lugares en los que poder trabajar.
Los ciclos económicos, atalaya desde las que directamente se regula el poder de la fuerza del trabajo y cuyas escalas ponen límites a su valor, durante unos periodos convierten a las economía en receptores de mano de obra y en otros en lo que se da la vuelta a la situación desecha una parte de esa fuerza de trabajo y conmina a los jóvenes a salir fuera a buscar trabajo. En estos tiempos se vuelve a utilizar una nueva mezcla de estas dos visiones de la economía: exportar e importar mano de obra. Para evitar males mayores, las voces de sistema se dedican a animar el trasiego forzoso de personas de un lugar a otros escapando de la miseria y buscando trabajo como si se tratara de una aventura que merece la pena vivir. Al parecer la humanidad le tiene tanto miedo al hambre que siempre busca la subsistencia por el camino más difícil.
Pronto volveremos a hacer canciones a las gentes que buscando el pan se fueron y soñaremos con que un día volverán a su tierra.
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miércoles, 7 de enero de 2015

Un trabajo para cinco años

 
En el año 1984 leí una obra que no recuerdo cómo llegó a mis manos ni quién la puso para que la leyera y así provocarme un rato. Entonces me urgía mi denuedo por comerme la vida a dentelladas. Quizás llego cuando todavía era demasiado joven para entender ciertas cosas del mundo que me rodeaba y que me prometía cualquier cosa que me imaginara. Era por aquel tiempo cuando me preparaba para entrar a trabajar en una gran empresa y dar un cambio a mi vida.
       La obra en cuestión es: El principio de Peter
       El autor era un americano llamado Laurence J. Peter.
       Escribo de memoria lo que quedó en mi cabeza de aquel principio y que se resume: En las organizaciones humanas cada cual asciende hasta alcanzar su grado de incompetencia.  El autor determina que esta es la causa por la que sin remedio casi todo funciona bastante mal: social y económicamente, porque al correr de tiempo todo está dirigido por incompetentes. Aunque tenía otras variables este principio sencillo quedó gravado así en mi saber y me ha servido para rotos y descosidos.
        Lo cierto es que algunos de los argumentos, las descripciones, las conclusiones a las que llega este autor en esta obra me impactaron y en estos años las he utilizado para analizar el mundo que me rodeaba tanto en su lado público como privado, empresarial o cotidiano. También este principio lo he tenido en cuenta  para analizar a muchas de las personas y de las responsabilidades que me he encontrado en las diferentes empresas y organizaciones sociales por las que he pasado. Reconozco que he podido comprobar que en muchos casos el Principio de Peter se cumple a rajatabla y los ejemplos en los que se refleja son un derroche de trabajo y una gran insatisfacción para quien está obligado a trabajar.
        Estaba editada la obra el año 1957. El mismo año en el que yo nací.
        Ahora me doy perfecta cuenta que para cuando yo llegué al mundo este autor ya sabía más de la vida y las relaciones humanas que lo que yo he conseguido aprender hasta a fecha. Entre otras, esta obra junto con Utopía de Tomás Moro de la que un extracto aparece al inicio de esta obra y Bertrand Russell en su Elogio a la ociosidad que se resumen las páginas finales son los tres pilares que soportar esta obra.
        Posiblemente, en el fondo esta sea de las causas por las que a lo largo de mi vida nunca he estado más de cinco años trabajando en la misma empresa, ni en idénticas tareas, ni con iguales responsabilidades.
       Por el temor a alcanzar mi propio grado de incompetencia.
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Ejemplos de ineficiencia producida por el paso del tiempo.
      - Estoy tratando de sacar adelante una empresa que tiene más de treinta años de historia y en la que todos los trabajadores son los mismos que empezaron entonces. Aunque ellos dicen que ha cambiado mucho su manera de trabajar y que tratan de mejorar cada día y así se demuestra en la aceptación del producto en el mercado, en realidad siguen trabajando de la misma forma y con la misma filosofía de trabajo y de producto que cuando empezaron. Lo cierto que a día de hoy, los índices de calidad y productividad son muy bajos en medio de un alto nivel de esfuerzo y dedicación de quienes aportan su trabajo directo. Si no soy capaz de cambiar de arriba a bajo cada uno de los hábitos aprehendidos y adquiridos la empresa no es viable.
       - En estos días según se cuenta en los medios de comunicación se están concatenando varios errores policiales que son incomprensibles y capaces de abochornar en cualquier profesión. Estructura jerárquica y disciplinada en la que quien es policía es policía para toda la vida. Sin duda para ocultar el grado de incompetencia que han alcanzado a la vez aseguran que a pesar de estos errores cometidos esta seguridad nacional pedestre es la mejor inteligencia científica del crimen de Europa y que sus profesionales están siendo solicitados desde el MOSAD israelita.
       - Llevo veinte años visitando como paciente a la endocrinóloga que tengo asignada en el sistema de sanidad público. Una persona sin tacha pero que conforme pasan los años trasmite su hartazgo con el trabajo que realiza. En las últimas ya casi ni me reconoce, ni me escucha. A veces pienso que no tiene más interés y preocupación que saber porqué todavía no me he muerto con la glicosilada tan alta durante tantos años.
        La desidia en el trabajo que se hace, la apatía y falta de decisión para hacer cosas nuevas, la displicencia y el aburrimiento porque el mismo trabajo ya no tiene ningún incentivo personal, la complacencia de dejar que se haga lo que se quiera aunque sea un inconveniente, con el paso de tiempo se filtran en las personas y en las organizaciones hasta inutilizarlas por completo y demandar más trabajo para nada.
       Son los defectos de las empresas y actividades sin movilidad.
      
       Lo cierto es que en la actualidad de las sociedades, la dinámica que toman las necesidades sociales y económicas: reales y ficticias, son tan dispares y cambiantes, y es de preveer libremente de cómo sea el estado de cosas existente que lo seguirá siendo en el futuro porque seguramente tiene muchos aspectos positivos para el disfrute y el desarrollo de la humanidad y porque así ha sido siempre y mejor si lo sigue siendo.
       * Los proyectos, los productos cada día tienen una vida más corta y efímera. Algunas tareas y profesiones tienen fecha de caducidad. Lo cierto es que en casi todas las ocasiones, se necesita que la persona que trabaje sea lo menos profesional posible, porque es la mejor manera de aprender la nueva profesión sometida a instrucciones y procedimientos.
       * Las profesiones, los oficios cada día van cambiando en su técnica. Si se quiere aprender y hay voluntad de aprender y ganas de enseñar las cosas cuesta relativamente poco aprenderlas. Está demostrado que a la par que van adquiriendo conocimientos y experiencias válidas en las tareas laborales, se facilita el aprendizaje de cosas nuevas y diferentes.
       * En la actualidad, al saber hacer de las cosas, la inteligencia se aporta en grandes cantidades con: mecanismos, tecnología, informática, más que la labor estricta de quien está haciendo el trabajo. Si se observa el entorno de cualquier tarea, el desarrollo humano está carente de cualquier utilización de la inteligencia y todavía peor: la distribución, la organización del trabajo y en general de las tareas que se entremezclan parece como si se quisiera evitar utilizar cualquier ápice de inteligencia.
      * Por muy bien que crean que las hacen, no hay tarea más difícil que hacer por cambiar los hábitos y defectos en aquellas personas que hacen las tareas de una manera determinada durante muchos años seguidos.
      * Los hábitos y costumbres más difíciles de arrancar son aquellas que están diseñadas por el trabajador para ocupar el tiempo de trabajo y hacer ineludible las prestaciones que realizan y justificar su empleo.
       Las técnicas modernas de producción y organización de la producción han hecho posible reducir la cantidad de trabajo para realizar cualquier tarea y las capacidades humana necesarias que se requieren. Estas técnicas ayudan a la rotación en el trabajo con significantes mejoras en la productividad. También para esto sirven los adelantos para que todos sepamos y podamos hacer de todo.
        Las empresas entendidas como el punto en el que nacen los productos y servicios no tiene porqué ser el fin último de las personas. Las empresas también mueren y el peor destino que se puede programar en la vida laboral y vital de una persona es que vaya unida a la vida de la empresa en la que trabaja o viendo como su casa sacrifica los puestos de trabajo como si fueran una máquina o una herramienta amortizada.
       
En otras ocasiones se abarata el despido desde la perspectiva de activar la economía abriendo oportunidades y mejores condiciones a nuevas contrataciones. El sistema trata de quitar importancia a la fuerza de trabajo y no permite que el puesto de trabajo sea un valor para quien trabaja. El despido barato, el despido libre, entendido siempre desde una posición de ventaja para la empresa, desde el complejo de inferioridad que tiene quien ha de trabajar para comer y se tiene que agarrar al puesto de trabajo como a un clavo ardiendo, logra que no llegue a comprender que el arma del despido la tiene él mismo en su voluntad.
       Mejor solución sería abandonar el puesto de trabajo:
       ·   Cuando el trabajo ya no te ofrece más que dinero,
       ·   Cuando se va tragando tu vidas sin más pago que el sueldo,
       ·   Cuando se aguarda con desespero la hora de dar de mano.
       ·   Cuando la felicidad se transforma en insatisfacción.
      
Estoy seguro de que entonces se abrirían para las personas que han de trabajar para comer: nuevas oportunidades de alimentarse con otras actividades que puede afrontar con sus propias capacidades.
     
       La proyección del trabajo personal nunca debiera de pasar de cinco años, cualquiera que fuera el trabajo y por muy técnico que pudiera ser. Es un tiempo suficiente para que cualquier persona, cada cual dentro de sus capacidades, pueda: aprender, desarrollar, ser eficiente y marchar.
       Se inician tiempos de aprender y se acaban las condenas perpetuas.
       Intentamos imaginarnos qué pasaría si cada trabajo, si cada contrato de trabajo en una determinada empresa o administración, cada puesto de trabajo para una persona concreta en cada momento, cada compromiso en cualquier organización, tuviera una duración máxima de cinco años.
       * Todo mejoraría para el mundo del trabajo y para quien trabaja.
       * La riqueza personal crecería a un ritmo impagable
       * La construcción de la personas mejoraría evidentemente.
       * En todos los aspectos el valor del trabajo crecería.
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