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viernes, 27 de febrero de 2015

El ocio

Hemos visto en los inicios de esta obra que en esta civilización judeo-cristiana que determina nuestras vidas y conciencias nos ha condenado a una parte importante de la humanidad, a trabajar con la excusa de redimir un pecado y también en las civilizaciones orientales el trabajo se entiendo como una manera de realizarse las personas.
Enfrentarse al sistema y en menoscabo de esta civilización cuyo uno de sus puntales básicos es el trabajo es imprescindible que además del tiempo de descanso se conquiste un tiempo de ocio para que en ese tiempo en el que no se tiene nada más que hacer que lo que dicte la propia voluntad.
El trabajo es valioso porque puede satisfacer nuestras obligaciones de subsistencia y nuestras necesidades materiales y  no porque el trabajo sea bueno en sí mismo y mucho menos significando el cumplimiento de una condena que se ha interiorizados en nuestras conciencias si no que con la organización racional del trabajo sería posible generar tiempo de ocio sin perjuicio del buen desarrollo económico con el que poder cumplir con las obligaciones y necesidades humanas.
El ocio de todos, no el ocio de unos pocos.
El tiempo de ocio es esencial para las personas.
    Cultivar el ocio es el futuro de la humanidad.
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De la calidad del ocio que se cultive dependerá la calidad del futuro.
En la medida en que estas afirmaciones son ciertas en el mundo moderno, es una condena de nuestra civilización que desde la educación medrosa que se cultiva en las familias, desde la educación sometida de la escuelas, desde la transmisión de las necesidades en fomento del consumo que impone el sistema económico, no se potencie el tiempo de ocio como un derecho por las posibilidades que ofrece a las persona reforzar sus capacidades y competencias desde los gustos que potencian su actividad y que generan sus ilusiones y esperanzas vitales.
El tiempo de ocio es aquel que utilizan las personas para dedicarlas a sí mismas principalmente a cultivar su propia identidad y eficacia, en su provecho y en de su entorno familiar o social sin pensar en su rentabilidad. Ese tiempo indeterminado en el que tenemos fuerzas y voluntad para hacer y podemos hacer lo que nos dé la gana aunque no sirva para nada más que nuestra satisfacción personal.
Casi siempre se confunde los tiempos de ocio y los de descanso.
Para no equivocar este mensaje alternativo no podemos entender el tiempo de ocio como aquellos espacios temporales normalizados que tenemos en la actividad laboral para descansar y expansionarnos: unas horas tras la jornada laboral, periodos diarios semanales o unas semanas para vacaciones al cabo de cada año. Tiempos que no dejan de ser espacios con los que cubrir las necesidades de descanso y al que habríamos de llamar de tiempo libre.
El tiempo libre y de descanso, en estos tiempos es más amplio que lo que ha sido nunca en la historia donde resultaba escandalosa la idea de que los trabajadores pudieran disponer de tiempo en el que holgar. Trabajar y solo trabajar, salvo por las inclemencias y las estaciones, se traducía de una visión de la vida humana que ha acarreado durante siglos, que desde la infancia para todas las personas sanas la jornada normal de trabajo fuera de sol a sol. No obstante, en la actualidad el tiempo libre y de descanso es muchas veces es tan escaso y tan intempestivo que no permite un tiempo de ocio: salvo de una forma un tanto compulsiva y exenta de racionalidad. El sistema ha confundido en su beneficio los tiempos de ocio y los de descanso  de tal manera que tratando de introducir el ocio en el descanso, el ocio ya no tiene capacidad de ser activo. En esta confusión ha procurado nada más que un banal entretenimiento o un estrés que sustituyen al descanso. Esta confusión de unos tiempos con otros supone que se han convertido en un nuevo nicho mercado que sirve al sistema económico y social,  capaz de crear nuevos trabajos ficticios y que además en último extremo vuelve a ser una nueva forma de control social y de pastoreo.
En esa educación en la que han de trabajar tanto para que mañana tengan trabajo tampoco le deja a la infancia mucho tiempo de ocio que también se torna en obligación. Es bastante extraño, que mientras los padres desean una educación para sus hijos que ha de servir para encontrar trabajo de mayores hacen que de niños trabajen tanto que no les dejan tiempo para civilizarse. De todos los padres se ha llegado a conseguir que en realidad les disguste el ocio incluso para sus hijos y han convertido el tiempo de ocio de la infancia en tiempo de trabajo y de obligación. Incluso si en el divertimento en la ocupación del tiempo libre en la relación con sus compañeros en sus recreos el niño juega al fútbol automáticamente los padres inician la ensoñación según la cual el niño acabara ganándose la vida de futbolista.
De  los jóvenes que tienen aficiones personales que no sirven para ganarse la vida en el día de mañana pensamos que están perdiendo el tiempo y si bien los hemos criado entre algodones la realidad es que los hemos dejado indefensos y sin recursos ante una sociedad futura de ocio activo y constructivo que además le aboca a la apatía y la decadencia. Jóvenes a los que les hacemos representar el papel de que sea los aprendices de lo que nosotros no aprendimos y de que adquieran las experiencias que a nosotros no nos han servido para nada, si acaso para hacernos peores personas. Esta realidad la podemos constatar, pero históricamente: al hombre se le ha educado y se le ha inducido a que aproveche su tiempo para que el día de mañana saque algo de provecho.
Tampoco a los jóvenes les permitimos que trabajen su ocio.
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     La población que trabaja está muy concienciada de que ha de dedicar una parte importante de su vida a trabajar para comer y que además si puede trabajar un poco más mejor comerá e incluso podrá ahorrar. También una parte importante tiene asumido que un tiempo de ocio para sí misma no se lo puede permitir y disfrutar, más si cabe: cuando en realidad tiene que trabajar.
Todos es un producto de la civilización y de la educación.
Cada vez que pretendo explicar que las personas hemos de disfrutar de más tiempo de ocio todas me dicen que estos tiempos no son como los de antes y que la gente se entretiene con cualquier cosa y que cuanto menos esfuerzo le requiera el entretenimiento más le satisface. Para contrarrestar mis ideas me argumentan que si no fuera más que por la estricta necesidad nadie querría trabajar, y que mejor que trabaje, que si no la gran mayoría se convertirían en seres amorfos a los que además no quedaría más remedio que dignificamos en su decadencia. Dicen que nadie hará el esfuerzo de tener un ocio que construya su persona.
No estoy de acuerdo nadie se niega a hacer lo que le desea hacer.
Desde niños nos educan en el ocio pasivo y el entorno cultural y social fomenta los divertimentos basados en las fiestas populares de contenido absurdo cuya única calidad es que son tradicionales y gratuitas y en los espectáculos de masas: deportivos y festivos con los que tratamos de suplantar la sensaciones de satisfacción que tiene la sociedad de la realidad del bienestar social existente.
El sistema entiende que ha de tener el ocio en su oferta social y cierra el círculo para satisfacer las necesidades sociales. Para ello produce un ocio con el que poder ocupar los tiempos de descanso y esparcimiento en grandes cantidades y a muy bajo coste sobre todo de manos de la televisión, el futbol y los grandes acontecimientos que hace que la población receptora indiferente disfrute del ocio de una manera pasiva pero que en el fondo las insensibiliza y embrutece y si acaso le mueve: aquellos sentimientos aquellas pasiones que al mismo tiempo el sistema les ha promovido.
Sin una cantidad considerable de tiempo de ocio, entendido como ese tiempo que cada persona se dedica a sí misma, el género humano se ve privado de muchas de las mejores cosas que le proporciona la vida: alimentar su propia existencia. Ya no hay razón para que el grueso de la gente haya de tener rescindido esos tiempos propios por causa de un trabajo que exige muchos trozos de vida y de descanso.
Ahora que ya no es necesario, solamente una profunda estulticia social, nos llevará a seguir insistiendo en trabajar más de lo necesario para vivir y atendernos unas personas a las otras y entre todas mantener en entorno en el que vivimos. Resultará definitivamente estúpido si en el mundo en el que vivimos con el futuro que nos espera y se presiente, en el que los planteamientos del trabajo que se tienen: no se sostienen, que no se contrapongan los tiempos de ocio a los tiempos de trabajo.
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 La falta de tiempos de ocio nos ha idiotizado en la medida en la que no participamos en los asuntos del común en los aconteceres políticos. Es la principal consecuencia que ha tenido la escasez del tiempo de tiempo para participar en la organización social, y en nuestra ausencia, nos han convencido de que tenemos tanto que trabajar y descansar que que no nos queda un rato para preguntar ¿a qué viene tanto trabajo...?
 La forma más rebelde de desactivar el trabajo y activar los espacios de ocio es dedicarse permanentemente a labores altruistas en nuestro entorno sin más interés que la satisfacción personal y la de crear medios y ambientes más humanos a nuestro alcance.
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lunes, 16 de febrero de 2015

Nuevas posibilidades humanas.


Es difícil entender y resulta un tanto sospechoso cómo los gobiernos y los planificadores económicos y sociales no pueden idear y construir un paraíso terrenal en el que se recreen las sociedades y que haya más tiempo libre en lugar de pretender tanto trabajo y tanto trabajar.
El sistema insiste en concienciar a los entornos económicos actuales en los que cada vez hay menos trabajo en la necesidad del trabajo intenso y mal pagado para que la sociedad puedan mantener un bienestar mínimo.
Creo que debemos considerar el trabajo como un medio necesario para ganarse el sustento, y si no acarrea felicidad, sí que al menos no se transforme en una esclavitud sostenida en el tiempo que nos atrapa hasta el punto en el que nos impide desarrollarnos como personas.
No se trata de que todas las personas tengan derecho al trabajo, ni con repartir el trabajo que hay en la actualidad entre todos, sino en hacer las cosas de tal manera que trabajado poco y suprimiendo las tareas socialmente inútiles nos podamos satisfacer las necesidades entre todos.
Se abre la posibilidad de un cambio de la conciencia social.
Es difícil dibujar alternativas desde una concepción social y económica en las que la idea y la necesidad de tener actividad sea una cuestión de dignidad y humanidad. Es constatable que solamente son aceptadas aquellas actividades económicas todas las demás no valen nada y por lo tanto más vale no hacer nada si no lo pagan.
Dicho de otra manera nada vale si no se paga por ello.
En apariencia todo trabajo tiene un precio y en realidad en las sociedades la mayor parte del trabajo se hace gratis… y sin embargo, esa pequeña parte del trabajo que se paga y que lo cobran unos pocos, un trabajo que roba humanidad a las personas, en muy buena medida no nos sirve humanamente para nada.

Para sentar las bases a nuevas realidades sociales que se pueden crear y asentar desde otra concepción del trabajo lejos de lo que significa la maldición divina, sería necesario propagar la idea elemental que se resume en: trabajar más y sobre todo trabajar más para otra persona por dinero, es poner precio a los trozos de la vida de cada cual.
Aunque hoy vivimos en un entorno de exceso de trabajo para unos y de inanición para otros, esta posibilidad de cambio en la realidad humana aunque se entienda y se acepte, sin embargo en la realidad cotidiana no se afronta en consecuencia, ni social ni económicamente.
 
Los modelos de producción más modernos nos han dado la pericia de producir todo lo que requerimos para vivir sin necesidad de tensar las relaciones humanas hasta los límites inhumanos en los que la dinámica del sistema nos ha llevado. La humanidad se ha dejado arrastra por una espiral imparable cuyo centro es el trabajo. Nuestra propia necedad ha loado este sistema basado en tener a la gente ocupada y agarrada a un clavo ardiendo, y que nos ha llevado a rebuscar trabajo hasta el punto de que aunque fuera innecesario su producto diera quehacer y se pudiera poner en valor aunque en realidad no tuviera valor alguno.
No hay razón para seguir siendo necios para siempre.
La realidad es que: la necesidad de tener trabajo para que todas las personas seamos una pieza del engranaje y ninguna estemos sin la presión a cuenta del trabajo correspondiente, aunque hayamos de estar almacenadas, no admitiendo con esa manera de entender el trabajo que gratuitamente nos entretengamos en hacer hago que sea un bien social de provecho y sin costes ni impuestos y que nos haga felices un rato, cierra todas las posibilidades de entender el trabajo de una forma en la que no cabe la idea de hacerse rico.
En anteriores páginas, como un acercamiento a la idea de que el trabajo que fuera necesario razonablemente para atender las necesidades sociales fuera racionado de manera provisional he propuesto que todas las personas que quieran trabajar tengan derecho a trabajar al menos cuatro horas independientemente de que cada cual luego trabaje las que quiera aunque sea con la intención de hacerse ricas.
No obstante la necedad impone sus propias resistencias.
En este convicciones humanas que se basan en salvaguardar los intereses particulares antes que los ajenos y generales es muy fácil comprender que con un cambio social de estas características saldríamos todos beneficiados. Hay muchas personas que se van a ver perjudicadas y que aunque estuvieran de acuerdo con esta filosofía de vida y de trabajo, con el temor a ver tiempo mejores aunque desconocidos, viven en la actualidad tan bien, que preferirían que no se llevarán a cabo ninguna reforma, para por si acaso, sin ser capaces de reconocer que ellos viven muy bien a cambio de que otras personas vivan tan mal.
 
También hay otra realidad que tiene atrapadas a muchas personas, que aunque fueran partidarias de abrir todas las posibilidades que se pueden aceptar en el mundo de trabajo entendido de esta manera, sin embargo no pueden bajarse del sistema de trabajar y trabajar. Han de llegar a cumplir con los compromisos adquiridos cuando hace unos años el sistema tendió una tela de araña con la que nos las prometía felices.
El otro día un amigo me decía:
Haberme endeudado ha sido una trampa en la que caí sin darme cuenta y ante la que para nada me sirvieron mis estudios. Me creé la ilusión de que podía tener mi propia casa, lo vi sencillo porque todo eran facilidades y además me atreví; no con la casa que necesitas hoy, sino la que me gustaría tener mañana, y aunque la pueda pagar como es mi caso, la verdad es que pagarla no me deja ni un ápice de libertad, para toda la vida tengo la obligación de llevar un tren de trabajo que cada día que pasa me cuesta más… y seguramente que necesito tiempo pero mucho más necesito dinero.
Es uno de los contextos que hacen más difícil revertir el sistema.
 
Podría poner más ejemplos de las posibilidades que se pueden abrir a las realización humana si no viéramos el trabajo como un fin con el que dicen se asegura la dignidad humana. Si entendiéramos el trabajo como una herramienta con la que procurar la felicidad y de realizar todo aquello que procure felicidad y nada más que felicidad y que se ha de manejar y controlar en beneficio de todas las personas por igual.
Pero sin embargo nadie mide la felicidad de las sociedades.
Tampoco hay máquinas con las que medir el dolor del alma.
Y hay  trabajos que sólo acarrean dolor sin una gota de felicidad.
Desde los estados de opinión en los que vivimos es muy fácil llegar a entender que se prohíba la producción de droga porque llevan años concienciando a la sociedad y en buena parte lo ha conseguido mostrando los perjuicios humanos y sociales hasta el punto de aceptar una prohibición de este tipo y perseguirla con leyes y policías. Y aunque en este momento no sería capaz de decir cuál de las dos producciones son más perniciosas para la humanidad, sin embargo, nunca se entendería en el concierto económico que se prohibiera la producción de armas. La sociedad, que crece entre guerras, se ha creído el mito de que para que haya paz es necesario estar preparados para la guerra y ese argumento sirve para justificar la fabricación de armas que en último lugar se utilizan a discreción en las guerras. Recuerdo hace unos años lo recompensados que estaban en mi pueblo cuando les prometieron desde el gobierno que en el polígono industrial que habían llevado, les iban a poner una fábrica de cañones que iba a generar cientos de puestos de trabajo. Para amainar las protestas aseguraban que los cañones no tenían alma para que fueran empleos de paz. Yo creo que para que no haya guerra no hay mejor manera que no haya armas, ni organizaciones para manejarlas, ni estructuras en las que se puedan planificar y ninguno de los trabajos que genera, pero esta creencia no viene al caso puesto que: los ejércitos y las guerras: para destruir y para reconstruir, también son grandes creadores de trabajo: indeseable, innecesario y destructivo.
Por esta razón social puede ser que los estados declaren las guerras y para quienes están obligados a trabajar y necesitan trabajar nunca pensarán que se pudiera abolir una actividad capaz de generar tanto trabajo aunque acarreen las peores desgracias.
Buceando en otra posibilidad, podría decir sin sacar los pies del tiesto que con los dineros que se gasta la sociedad en: cárceles y guardias para esas cárceles, podían vivir dignamente los carceleros y los presos y acabar tanta necedad y con tanto sufrimiento. Hay casi tanta gente en la función carcelera como personas presas entre muros y rejas. Parece mentira que las unas sin tener que ir  a trabajar  a tan infausto oficio y las otras si necesidad de delinquir para subsistir, que sin duda es la causa por la que mayormente está la gente encerrada entre los muros de las prisiones y todavía sobrarían recursos para mostrar a la sociedad la ineficiencia del este castigo.
 
Hemos de poner a las persona en un plano general para que las que no tengan trabajo lo puedan tener, y para que quienes lo tengan puedan disponer de más horas de sus vidas para utilizarlas como quiera y para que si alguien no quiere o no puede trabajar no trabaje. Hemos de sentar las bases de lo que ha de ser la abolición del trabajo como el modo de ganarse el pan con el sudor de la frente. Que el pan lo hagamos entre todas las personas con capacidades para hacerlo y lo compartamos.
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miércoles, 28 de enero de 2015

El P.I.B. y las exportaciones.

Al parecer todo lo expuesto en los capítulos anteriores se cae por su propio peso porque en su argumentación no se tienen en cuenta dos elementos esenciales, hasta el momento ni siquiera se han nombrado, y que la inteligencia del sistema les ofrece la mayor importancia.
* El Producto interior bruto y el crecimiento exigible de su total, que dicen garantiza que se cree y genere riqueza y puestos de trabajo. Un P.I.B. del que los expertos economista dirán que se derrumbaría en el intento que se plantea y que arrastraría consigo el bienestar social.
* La exportación de bienes y servicios y la elemental y necesaria competitividad para en consecuencia vender al exterior los productos con los que equilibrar la balanza de pagos, y produciendo brutamente, no tener necesidad de importar lo producido en otros lugares.
Para soportar las ideas que se plasman en esta obra en sus aspectos económicos, que en principio creo que no son lo más importante de esta opción vital para las personas, serían precisas otras que trataran sobre la cuestión y explicaran los puntales requeridos. En esta esbozaré algunas refutaciones para que quien quiera profundizar que profundice.
El P.I.B.
Este es el dato básico para entender y relacionar de manera sencilla la realidad de cualquier organización económica a pequeña o gran escala. Es el total que cualquier economía de una población es capaz de facturar en un periodo concreto y generalmente se refiere a un año.
     En este montante general se incluyen la suma de todas las actividades económicas, una parte importante de ellas inútiles socialmente.
Es tan importante este dato que en realidad no calibra: el bienestar y la satisfacción social de la sociedad que produce y consume.
Aunque existen muchos interrogantes de cómo se calcula este dato, es sabido que contiene muchos aspectos de ineficiencia del sistema que no se debieran incluir y que sin embargo incluyen su valor en positivo. Sería preciso racionalizar este total, que generalmente es un objetivo al alza y procurar sus partidas con otra estructura y otro equilibrio.
Todo se calcula y se objetiva en el sistema en relación a este índice:
·        El crecimiento.
Que siempre se dice sostenido.
Para el sistema todo depende del crecimiento económico al infinito, aunque se sabe que es imposible y que la realidad es que: en bien de la humanidad, tiene que ha de bajar una proporción muy importante.
·        El endeudamiento:
El índice de deuda con relación al P.I.B marca unos límites de hasta dónde puede adquirir créditos el común y gastar más que lo que ingresa si las circunstancias o los ajustes lo determinan. Este índice es muy elástico según para quien se endeuda y de que quien tiene la capacidad de emitir moneda que luego lo soluciona a cuenta de devaluarla.
Los derechos de los acreedores son anteriores a todos los demás.
·        El déficit de los gastos del Estado:
Diferencia entre ingresos y gastos públicos.
Proveer los ingresos en función el coste de las necesidades o  velar por gastar menos de lo que se ingresa y cuando por las circunstancias que fueran se gastara más de lo que hay, determinar hasta qué límites.
Cubrir unos derechos y/o necesidades sociales o guardar otros.
Pero lo importante de este P.I.B. no se comenta ni especifica:
·         La participación de la fuerza del trabajo que en definitiva es la herramienta que producen el resto de las facturas y que sin ella las otras producciones no son posibles y el P.I.B. resultaría ser igual a cero.
·         La participación del Estado en el total del producto interior y que lo administra principalmente para mantener un sistema basado en su propia pervivencia y en el trabajo que esclaviza a quien trabaja.
·         La participación de las rentas de capital e inmobiliarias a cuyos intereses están subordinadas todas las estrategias de las inteligencias financieras y que son las que penetran en el discernimiento económico.
·         La parte de esta factura que es innecesaria, que solamente sirve para el mantenimiento de otras rentas y otros intereses que no son los sociales y que supone una carga para la población.
·         Las partes de este P.I.B. que quedan o quedarán abandonadas, que en su momento fueron contabilizadas. Inversiones que se hicieron pensando que serían aprovechadas para las generaciones posteriores de las que sin embargo no sabíamos que es lo que iban a necesitar.
Las importaciones y las exportaciones.
Vivimos en un mercado global en el que se puede comprar lo que se quiera, donde se quiera, sin límites de ninguna clase. Esta virtualidad es un síntoma del progreso económico de las últimas décadas.
Esos dicen los modernos.
Se ponen en el centro de la discusión estos flujos de productos en un espacio concreto, en aras de un mundo abierto en el que existe una libertad selectiva de tránsito de las personas pero que sin embargo hay una suelta plena para los bienes y bienes y servicios. Estos dos aspectos económicos son la base sobre las que se soportan los argumentos para bajar el valor del trabajo en beneficio de una hipotética competitividad.
Si hacemos un pequeño cuadro de lo que suponen estos aspectos en la contabilidad nacional y la trascendencia que tienen socialmente, veremos que es una gran mentira soportada en otras tantas falsedades que se muestran con una lente de un solo foco.
Datos Instituto Nacional de estadística provisionales año 2012.
Producto interior bruto a precio de mercado...       1.063.000.000.-
Total de importaciones de bienes y servicios...         330.251.000.-
Total de exportaciones de bienes y servicios...         321.819.000.-
     Estos son los datos que generalmente se ofrecen y sobre los cuales se reflexiona y planifica para convencer a la población de que hay que trabajar más por menos para abrir definitivamente nuestros productos al mercado exterior. Dentro del sistema, los sabios que dictaminan sobre la realidad, cuando hay más exportaciones que importaciones dicen que las cosas van bien y por el contrario las cosas van mal.

Estos datos significativamente en bruto nunca se trasladan al papel para su reflexión y análisis de la siguiente manera:
·        Importaciones de bienes que no se tienen entre los recursos propios y que hay que demandar mientras no haya alternativas.
·        Exportación de recursos que se tienen de manera natural y con experiencia adquirida durante años a los apenas afecta la competencia.
·        Margen de ahorro de los productos que se compran fuera y se pudieran producir en el interior con un poco de desarrollo productivo.
      Los sabios economista nunca dicen que por suerte no se puede comprar felicidad en ninguno de esos puntos en los que se puede comprar cualquier otra cosa, por la sencilla razón de que no la hay más lugar en que comprarla que en nuestra propia organización social. Tampoco cuentan que con esos flujos de producto de aquí para allá también se acarrean las circunstancias que los rodean y afectan directamente a regreso social y a una parte de su población sumida en la pobreza. La competencia real que se mantiene con lugares de los que procede una parte de esas importaciones, tienen el siguiente entorno:
-   Condiciones laborales esclavistas.
-   Escaso salario personal y ningún salario social.
-   Horas de trabajo limitadas por la perpetuidad.
-   Legislación laboral propia del siglo XIX.
-   Relación: tiempo, salario y productividad que resulta siniestra.
 
Hay otro aspecto de las importaciones y exportaciones que con una cierta cadencia cíclica entran a formar parte de una realidad económica de los espacios económicos concretos y nacionales que se han superar con la organización de trabajo. No trasiegan bienes y servicios.
Acarrean personas y enmascaran la realidad cambiando de nombre:
-          Inmigración: llegan tratando de encontrar un puesto de trabajo.
-          Emigración: van a otros lugares en los que poder trabajar.
Los ciclos económicos, atalaya desde las que directamente se regula el poder de la fuerza del trabajo y cuyas escalas ponen límites a su valor, durante unos periodos convierten a las economía en receptores de mano de obra y en otros en lo que se da la vuelta a la situación desecha una parte de esa fuerza de trabajo y conmina a los jóvenes a salir fuera a buscar trabajo. En estos tiempos se vuelve a utilizar una nueva mezcla de estas dos visiones de la economía: exportar e importar mano de obra. Para evitar males mayores, las voces de sistema se dedican a animar el trasiego forzoso de personas de un lugar a otros escapando de la miseria y buscando trabajo como si se tratara de una aventura que merece la pena vivir. Al parecer la humanidad le tiene tanto miedo al hambre que siempre busca la subsistencia por el camino más difícil.
Pronto volveremos a hacer canciones a las gentes que buscando el pan se fueron y soñaremos con que un día volverán a su tierra.
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miércoles, 7 de enero de 2015

Un trabajo para cinco años

 
En el año 1984 leí una obra que no recuerdo cómo llegó a mis manos ni quién la puso para que la leyera y así provocarme un rato. Entonces me urgía mi denuedo por comerme la vida a dentelladas. Quizás llego cuando todavía era demasiado joven para entender ciertas cosas del mundo que me rodeaba y que me prometía cualquier cosa que me imaginara. Era por aquel tiempo cuando me preparaba para entrar a trabajar en una gran empresa y dar un cambio a mi vida.
       La obra en cuestión es: El principio de Peter
       El autor era un americano llamado Laurence J. Peter.
       Escribo de memoria lo que quedó en mi cabeza de aquel principio y que se resume: En las organizaciones humanas cada cual asciende hasta alcanzar su grado de incompetencia.  El autor determina que esta es la causa por la que sin remedio casi todo funciona bastante mal: social y económicamente, porque al correr de tiempo todo está dirigido por incompetentes. Aunque tenía otras variables este principio sencillo quedó gravado así en mi saber y me ha servido para rotos y descosidos.
        Lo cierto es que algunos de los argumentos, las descripciones, las conclusiones a las que llega este autor en esta obra me impactaron y en estos años las he utilizado para analizar el mundo que me rodeaba tanto en su lado público como privado, empresarial o cotidiano. También este principio lo he tenido en cuenta  para analizar a muchas de las personas y de las responsabilidades que me he encontrado en las diferentes empresas y organizaciones sociales por las que he pasado. Reconozco que he podido comprobar que en muchos casos el Principio de Peter se cumple a rajatabla y los ejemplos en los que se refleja son un derroche de trabajo y una gran insatisfacción para quien está obligado a trabajar.
        Estaba editada la obra el año 1957. El mismo año en el que yo nací.
        Ahora me doy perfecta cuenta que para cuando yo llegué al mundo este autor ya sabía más de la vida y las relaciones humanas que lo que yo he conseguido aprender hasta a fecha. Entre otras, esta obra junto con Utopía de Tomás Moro de la que un extracto aparece al inicio de esta obra y Bertrand Russell en su Elogio a la ociosidad que se resumen las páginas finales son los tres pilares que soportar esta obra.
        Posiblemente, en el fondo esta sea de las causas por las que a lo largo de mi vida nunca he estado más de cinco años trabajando en la misma empresa, ni en idénticas tareas, ni con iguales responsabilidades.
       Por el temor a alcanzar mi propio grado de incompetencia.
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Ejemplos de ineficiencia producida por el paso del tiempo.
      - Estoy tratando de sacar adelante una empresa que tiene más de treinta años de historia y en la que todos los trabajadores son los mismos que empezaron entonces. Aunque ellos dicen que ha cambiado mucho su manera de trabajar y que tratan de mejorar cada día y así se demuestra en la aceptación del producto en el mercado, en realidad siguen trabajando de la misma forma y con la misma filosofía de trabajo y de producto que cuando empezaron. Lo cierto que a día de hoy, los índices de calidad y productividad son muy bajos en medio de un alto nivel de esfuerzo y dedicación de quienes aportan su trabajo directo. Si no soy capaz de cambiar de arriba a bajo cada uno de los hábitos aprehendidos y adquiridos la empresa no es viable.
       - En estos días según se cuenta en los medios de comunicación se están concatenando varios errores policiales que son incomprensibles y capaces de abochornar en cualquier profesión. Estructura jerárquica y disciplinada en la que quien es policía es policía para toda la vida. Sin duda para ocultar el grado de incompetencia que han alcanzado a la vez aseguran que a pesar de estos errores cometidos esta seguridad nacional pedestre es la mejor inteligencia científica del crimen de Europa y que sus profesionales están siendo solicitados desde el MOSAD israelita.
       - Llevo veinte años visitando como paciente a la endocrinóloga que tengo asignada en el sistema de sanidad público. Una persona sin tacha pero que conforme pasan los años trasmite su hartazgo con el trabajo que realiza. En las últimas ya casi ni me reconoce, ni me escucha. A veces pienso que no tiene más interés y preocupación que saber porqué todavía no me he muerto con la glicosilada tan alta durante tantos años.
        La desidia en el trabajo que se hace, la apatía y falta de decisión para hacer cosas nuevas, la displicencia y el aburrimiento porque el mismo trabajo ya no tiene ningún incentivo personal, la complacencia de dejar que se haga lo que se quiera aunque sea un inconveniente, con el paso de tiempo se filtran en las personas y en las organizaciones hasta inutilizarlas por completo y demandar más trabajo para nada.
       Son los defectos de las empresas y actividades sin movilidad.
      
       Lo cierto es que en la actualidad de las sociedades, la dinámica que toman las necesidades sociales y económicas: reales y ficticias, son tan dispares y cambiantes, y es de preveer libremente de cómo sea el estado de cosas existente que lo seguirá siendo en el futuro porque seguramente tiene muchos aspectos positivos para el disfrute y el desarrollo de la humanidad y porque así ha sido siempre y mejor si lo sigue siendo.
       * Los proyectos, los productos cada día tienen una vida más corta y efímera. Algunas tareas y profesiones tienen fecha de caducidad. Lo cierto es que en casi todas las ocasiones, se necesita que la persona que trabaje sea lo menos profesional posible, porque es la mejor manera de aprender la nueva profesión sometida a instrucciones y procedimientos.
       * Las profesiones, los oficios cada día van cambiando en su técnica. Si se quiere aprender y hay voluntad de aprender y ganas de enseñar las cosas cuesta relativamente poco aprenderlas. Está demostrado que a la par que van adquiriendo conocimientos y experiencias válidas en las tareas laborales, se facilita el aprendizaje de cosas nuevas y diferentes.
       * En la actualidad, al saber hacer de las cosas, la inteligencia se aporta en grandes cantidades con: mecanismos, tecnología, informática, más que la labor estricta de quien está haciendo el trabajo. Si se observa el entorno de cualquier tarea, el desarrollo humano está carente de cualquier utilización de la inteligencia y todavía peor: la distribución, la organización del trabajo y en general de las tareas que se entremezclan parece como si se quisiera evitar utilizar cualquier ápice de inteligencia.
      * Por muy bien que crean que las hacen, no hay tarea más difícil que hacer por cambiar los hábitos y defectos en aquellas personas que hacen las tareas de una manera determinada durante muchos años seguidos.
      * Los hábitos y costumbres más difíciles de arrancar son aquellas que están diseñadas por el trabajador para ocupar el tiempo de trabajo y hacer ineludible las prestaciones que realizan y justificar su empleo.
       Las técnicas modernas de producción y organización de la producción han hecho posible reducir la cantidad de trabajo para realizar cualquier tarea y las capacidades humana necesarias que se requieren. Estas técnicas ayudan a la rotación en el trabajo con significantes mejoras en la productividad. También para esto sirven los adelantos para que todos sepamos y podamos hacer de todo.
        Las empresas entendidas como el punto en el que nacen los productos y servicios no tiene porqué ser el fin último de las personas. Las empresas también mueren y el peor destino que se puede programar en la vida laboral y vital de una persona es que vaya unida a la vida de la empresa en la que trabaja o viendo como su casa sacrifica los puestos de trabajo como si fueran una máquina o una herramienta amortizada.
       
En otras ocasiones se abarata el despido desde la perspectiva de activar la economía abriendo oportunidades y mejores condiciones a nuevas contrataciones. El sistema trata de quitar importancia a la fuerza de trabajo y no permite que el puesto de trabajo sea un valor para quien trabaja. El despido barato, el despido libre, entendido siempre desde una posición de ventaja para la empresa, desde el complejo de inferioridad que tiene quien ha de trabajar para comer y se tiene que agarrar al puesto de trabajo como a un clavo ardiendo, logra que no llegue a comprender que el arma del despido la tiene él mismo en su voluntad.
       Mejor solución sería abandonar el puesto de trabajo:
       ·   Cuando el trabajo ya no te ofrece más que dinero,
       ·   Cuando se va tragando tu vidas sin más pago que el sueldo,
       ·   Cuando se aguarda con desespero la hora de dar de mano.
       ·   Cuando la felicidad se transforma en insatisfacción.
      
Estoy seguro de que entonces se abrirían para las personas que han de trabajar para comer: nuevas oportunidades de alimentarse con otras actividades que puede afrontar con sus propias capacidades.
     
       La proyección del trabajo personal nunca debiera de pasar de cinco años, cualquiera que fuera el trabajo y por muy técnico que pudiera ser. Es un tiempo suficiente para que cualquier persona, cada cual dentro de sus capacidades, pueda: aprender, desarrollar, ser eficiente y marchar.
       Se inician tiempos de aprender y se acaban las condenas perpetuas.
       Intentamos imaginarnos qué pasaría si cada trabajo, si cada contrato de trabajo en una determinada empresa o administración, cada puesto de trabajo para una persona concreta en cada momento, cada compromiso en cualquier organización, tuviera una duración máxima de cinco años.
       * Todo mejoraría para el mundo del trabajo y para quien trabaja.
       * La riqueza personal crecería a un ritmo impagable
       * La construcción de la personas mejoraría evidentemente.
       * En todos los aspectos el valor del trabajo crecería.
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lunes, 22 de diciembre de 2014

El salario social

El sistema ha acabado económica y civilmente con los insolventes.
      Y los muchos insolventen son los que van a acabar con el sistema.
      Porque el sistema no les va a dejar el mínimo de subsistencia.
      Y los insolventes van a procurar su subsistencia como sea.
      Y entre todos hemos de establecer un nuevo sistema.
      En el que podamos subsistir todos con dignidad.
      Somos muchas las personas, sin necesidad de haber fracasado, a los que no les va a quedar otro remedio que hacer valer su mayoría social que ahora ejercen obrando bajo la ley de la subsistencia. Este es uno de los más esenciales errores del propio sistema porque hay muchas más personas que son insolventes desde el punto de la perspectiva de que no tienen nada con que responder ni ante su propia vida:
      * Niños de familias desestructuradas y sin recursos.
      * Capas de jóvenes que no tienen trabajo.
      * Personas adultas incluso con cargas familiares
      * Personas mayores sin los mínimos recursos vitales.
     Todas estas capas de la sociedad que resisten con todas las miserias que conlleva la subsistencia y que han de vivir dignamente exigiendo que se garantice la subsistencia digna de todas las personas.
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      Al inicio de esta obra ya he explicado cómo el trabajo, dentro del sistema económico que nos ha hecho presa sin dejar posibilidad de escape, lleva una contabilidad aparte para encorsetar la distribución de los recursos necesarios para la subsistencia vital de las personas siempre a cuenta del trabajo: presente pasado y futuro.
      Ya hemos visto que cuando llega el momento de planificar las pensiones es de donde más le interesa al sistema que sean tal y como son, porque es la mejor manera de seguir sosteniendo las desigualdades que el mismo trabajo genera entre los trabajadores. Una forma de actuar que a muchos trabajadores interesa porque no siempre las distinciones de dan porque unos sean más trabajadores que otros, que en realidad hace a los trabajadores responsables y/o culpables de cualquiera de las situaciones  de injusticia que se puedan dar en el interior social.
       Después de lo expuesto en los capítulos anteriores sobre estas asuntos creo que las pensiones públicas no pueden ser un derecho económico de las personas por haber trabajado más o menos y tener más o menos derecho a que sea digna según en qué lo han hecho, sino que han de ser un derecho de las personas a la dignidad de estar con vida.
       La no consolidación de estos derechos a la dignidad y a la vida es uno de los más graves problemas que tienen las jubilaciones ideadas desde la perspectiva del trabajo y del trabajador y que son las que interesan al sistema. Esta manera de hacer produce una injusticia tal que en la tercera edad es donde más índices de pobreza se dan en estos tiempos y donde cuajan y  se vuelven a dar por definitivas las injusticias que se han generado durante toda su vida y que se han alimentado desde una la gran desigualdad de oportunidades en que partieron antes y siguen partiendo en la actualidad.
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Ya hemos visto qué representan las pensiones cómo se calculan y quién tiene derecho y cómo tiene el derecho consolidado. Esta forma de proceder se puede calificar como una estafa piramidal a gran escala perfectamente ideada en la que todos los beneficiarios son cómplices y encubridores. En el sistema existen también dos versiones de cómo tiene que ser el futuro de las pensiones y los derechos de los pensionistas.
       ·      Pensiones públicas.
      Que son de las que trato en esta exposición y por las que abogo sean universales y no pendientes de qué y cuánto se haya trabajado.
       ·      Pensiones privadas que complementa a las públicas.
      No procuro por ellas porque son la nueva argamasa del sistema con la excusa de asegurar y rentabilizar las aportaciones.
       Las bajas por enfermedad o accidente aunque con unas condiciones muy diferentes según quién sea y según dónde se trabaje también tienen una prestación para quienes están trabajando. Sin embargo, hay un sector importante de la población que no trabaja.
       Otra clase de subsidios sociales públicos a los que se tiene derecho por el hecho de haber trabajado son las prestaciones por desempleo. También a cuenta de haber trabajado. Esta prestación ayuda a salir para adelante a los parados durante esos primeros meses en los que todavía no son conscientes de que se han quedado sin trabajo. En estos días, este derecho permanentemente se va limitando bajo la excusa de que quien no trabaja es porque no quiere y porque no se pone a buscar trabajo en serio. Es muestra irrefutable para el sistema de que se está muy bien sin trabajar y que por lo tanto no es necesario remunerar la falta de trabajo.
       Cuando se acaba el paro a aquellas personas que demuestran que están en la miseria y que por falta de trabajo no tienen atendidas sus necesidades más primarias, en ocasiones se entrelazan otra serie de subsidios asistenciales que hacen ver la vida desde la perspectiva que ofrecen cuatrocientos euros para pasar el mes en familia.
       A otras personas, con otros requisitos especiales, también se les concede desde la asistencia social el derecho a una pequeña pensión con la que puedan proveer su subsistencia.
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En última instancia, en líneas generales, las grandes instituciones mundiales transmiten la idea de que son los estados los que en última instancias han de alimentar a sus ciudadanos si hiciera falta.
       Recuerdo a los jornaleros republicanos de mi pueblo que también tenían un verdadero interés en que para las familias que no tenían los recursos mínimos, desde el Ayuntamiento se le entregara: pan, leche y carne gratis, para que al menos a las criaturas no les faltara qué comer y que en las casas no se viviera cada día una tragedia.
        Podemos recordar los avances de la humanidad en este siglo a resultas de las reivindicaciones de aquellos hombres que aunque fueron asesinados impunemente y sus mujeres despreciadas porque en realidad, el devenir de la historia hizo posibles sus ideas.
        En aquellos años cuando en una familia humilde había un enfermo y había que comprar medicinas se .creaba un problema importante puesto que las medicinas en aquellos tiempos eran muy caras y había que pagárselas al boticario que era de poco fiar. Se ponían en marcha una especie de red de solidaridad entre familiares y amigos para comprar las medicinas a los necesitados. Ahora las medicinas se pueden adquirir de la red de solidaridad pública gratuitamente según las circunstancias.
       En estos años la educación elemental también es gratuita además de obligatoria para que a los niños no se les pueda llevar al tajo como se les llevaba entonces. Y en la adolescencia y para llegar a la universidad hay una serie de ayudas que posibilitan que estudie quien tiene capacidad. También la asistencia social a las personas con imposibilidades físicas o síquicas es de fácil acceso y en algunos casos también es gratuita.
        Aunque ahora quieren acabar con todo esto, hay que reconocer que está muy bien, porque estos derechos y atenciones públicas, resultan ser un salario social en especie. Aquella parte de la población pretende que se reduzcan lo hacen desde un egoísmo y una prepotencia que socialmente no pueden ser admisible, porque yendo un poco más allá, existen otros derechos y servicios, que también suponen un salario en especie y que esta misma parte de la sociedad quiere que crezcan a discreción porque lo reciben ellos en mayor medida.
       * Los servicios que prestan las estructura oficiales: policía, seguridad, juzgados. Todas tienen un coste que se pagan indirectamente con los impuestos y se disfrutan sin tener que afrontar un pago directo.
       * Las infraestructuras urbanas y la red de carreteras.
       * La conservación del medio ambiente: mares y montañas.
       * El cuidado de los jardines que adornan las plazas y las calles.
       * El entretenimiento oficial y fiesta populares también es gratuito.
       * El ocio y la cultura oficial… hasta los fuegos artificiales.
       * La atención religiosas festividades procesiones.
      Todos son bienes y servicios a disposición del ciudadano muchas veces a voluntad y sin ninguna clase de límite de ninguna clase.
       ¿Tendría que ser también gratis el pan y la leche…?
       Y ¿por qué no se ha de preocupar por el vivir cotidiano de aquellas personas que no tienen ninguna clase de recursos ni ninguna capacidad de generarlos es como si hubiera de pagar por el aire que respira?
       Ahora por el trabajo se paga un salario pero como hemos visto en capítulos anteriores desde diferentes perspectivas existe un salario social generalizado que crece progresivamente y que incluso ya hay muchas personas que tienen directamente su salario sin trabajar.
       O sea que cada vez parece menos importante tener que trabajar para conseguir cada cual el dinero pertinente para atender todas necesidades.
       Por qué no podemos imaginar que cada ciudadano tenga un salario social que al menos le garantice tener satisfechas las más básicas de todas las necesidades puedan ser atendidas sin necesidad de nadie.
      Al menos sus derechos universales a vivienda, vestido y alimento.
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