viernes, 12 de diciembre de 2014

La insolvencia

       Este sistema está basado en que el dinero no puede dejar de rodar.
      Para ello necesita que existan diversos canales por los que fluya un caudal permanente. Si en alguno de estos canales se abre un boquete el flujo para, y el caudal, en lugar de llevar los intereses correspondientes a sus dueños se esparce en un entorno en el que nadie aprovecha.
       Sucede que siempre hay una parte de la población que no cumple la principal condición canalizadora de que devuelva el dinero que le ha llegado en forma de crédito de cualquier tipo para que el flujo no pare.
       A esa parte de la población que ha parado la corriente, que no ha sido capaz de mantener sano su canal, que no puede seguir en moviendo su noria, cuando los cangilones de su trabajo se han volcado vacíos y el dinero ha ido a parar a un pozo sin fondo del que ya no se puede sacar ni con su propio esfuerzo, cuando las armas del sistema fracasan, entonces se les aplica una condena perpetua que no redimirá mientras viva.
      Es la insolvencia.
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      Son muchas las personas que creyeron que iban a poder montar su propia empresa y crearse su propio puesto de trabajo y que luego las condiciones del sistema y las actitudes sociales no se lo han permitido independientemente del esfuerzo que hayan realizado. Bares, comercios, peluquerías, en fin: pequeños negocios han llevado a muchas personas a las que les habían manipulado desde niños sus conciencias con el deber de trabajar como sea y de su libertad a emprender cualquier negocio, que se arriesgaron con lo desconocido para trabajar y buscarse la vida y que ahora se han visto condenadas a responder económicamente de lo que nunca van a tener por mucho que vuelvan a emprender y trabajar.
       Porque, no hace mucho tiempo, cuando se estaba en la construcción de los pies de barro del sistema, un día, también algunas personas con ambición y ganas de tirar para adelante sin tener que depender de nadie, buen mérito personal, se metieron cargados de entusiasmo al sistema. Se subieron a la rueda con la que pensaron iban a poder hacer rodar su vida y fracasaron y el pilón del sistema los aplastó sin misericordia y ahora andan sin rumbo en medio de un paisaje convertido en irracional.
       Estas personas llenas de confianza en sí mismas y en su intento de hacerse valer, la mayoría de las veces lo hicieron personalmente, sin proteger sus intereses particulares con una sociedad limitada y ni aún a sabiendas de que la solvencia y el riesgo hubiera sido la misma porque le hubieran hecho entonces firmar todo a cuatro manos, pero al menos el parapeto les hubiera servido de alguna defensa:
       ·        Alquilaron un local y el pagaron al rentista.
       Contratos, fianzas, avales, compromiso de estancia.
       ·        Fueron al banco pidieron crédito y pagaron desde el primer día sin darse cuenta de que era un atraco consentido por el Banco de España ante el que quedaban indefensos: comisiones de todo tipo, intereses y gastos y una normativa de exigencia de los impagados inimaginables.
       ·        Pidieron a las autoridades municipales los permisos pertinentes y las correspondientes licencias y apoquinaron: tasas, contribuciones e impuestos, mucho antes de que hubieran empezado la actividad.
        ·        Se asesoraron de aquellos profesionales de los que supusieron que sabían más que ellos, aunque a la hora de la verdad, de sus intereses nada se preocuparon. También les pagaron cuanto les quisieron cobrar.
  Todos los factores se llevaron los suyo.                                           
       Ellos nunca cobraron nada por su trabajo.
       Porque fracasaron, ahora les queda pendiente la deuda que no terminaron de cobrar todos aquellos factores que siempre al amparo de las leyes que los protegen tratan de cobrar lo estipulado de parte. Esta deuda se convierte en una trampa de la que no se puede salir en la vida.
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 Por otra parte: la crisis de las hipotecas particulares y de primera vivienda y la sucesión de los desahucios en todas sus variantes va a dejar un rastro tan difícil de borrar que pasarán dos generaciones y todavía quedaran huellas. La deuda que a muchas personas les han adjudicado después de perder su vivienda es tan grande que no la van a poder pagar ni dedicando toda su vida a ello. No querer hacer la dación en pago con efectos retroactivos como exige la Plataforma Stop Desahucios va a tener unas consecuencias que va a afectar a una parte muy importante de la siguiente generación, al menos a aquella parte cuyos padres no podrán tener ni una cuenta corriente ni una nómina y que ya siendo adolescente, va a sentir la escasez vital irremediable.
      Entre quienes se encuentran en esta situación por unas causas u otras, más todas aquellas personas que les avalaron y que se ven en las mismas circunstancias, se puede calcular que la crisis que no cesa hasta este momento estará perseguido en torno al diez por ciento de la población con requerimientos de los juzgados, por las agencias de cobro dedicadas es estos efectos e incluso por quienes han comprado su deuda en origen a precio de saldo.
       Sin duda para aliviar los males que en el sistema financiero con su deuda están causando los insolventes, el gobierno de Rodríguez Zapatero: aprobó un decreto de 15 de Mayo de 2010 en el que se definía el procedimiento para que las pensiones de jubilación de quienes han sido declarados insolventes, pudieran ser embargadas con arreglo a los importes y límites que determina la ley y que poco a poco se vayan los pobres resarciendo y en todo caso sirva de aviso y escarmiento.
       Lleva toda reflexión a un punto en el que definitivamente divergen los intereses financieros con los ciudadanos y humanos, en el que quizá el único beneficio real es que con estas nuevas ocurrencias y realidades van a cambiar las conciencias de muchas gentes y va a ser más difíciles de manipular prometiendo un mundo de sueños y vanidades.
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       Sin duda son los insolventes los más perjudicados por esta crisis que está disolviendo el sistema. También son los más olvidados socialmente y más todavía si cayeron en desgracia por emprender un negocio.
        Ahora aunque el sistema ya se haya apropiado con todo su neto patrimonial, aunque fuera residual porque las leyes y las prebendas lo avalan y permiten, sin embargo, a estas personas, ya desposeídas, el sistema tampoco les va a perdonar en el futuro tratando de subsistir.
 
  Y serán insolventes toda la vida.
  Y no podrán trabajar de forma reglada en su vida.
  Y como no trabajan no alimentan al sistema y lo sufren.
  Y quedan fuera del sistema.
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      Hay otra parte de la población que: aunque no hayan quedado por insolventes a costas de no haber hecho frente a sus deudas y de haber desistido a pagarlas, sin embargo por otras cuestiones vitales de: edad o de capacidades o de prejuicios, tienen las mismas circunstancias.
       ·      No van a tener trabajo con el que ganarse la vida.
       ·      No van a tener unos ingresos habituales con los que gobernarse.
       ·      Van a tratar de trabajar como puedan para disponer de dinero.
       ·      No van a tener cotizaciones para la jubilación.
       Ya vemos que van a ser muchas las personas que han sido expulsadas del sistema por no tener posibles. Son personas que sin duda tienen tanta dignidad como el resto y tanta inteligencia e incluso, dentro de su impotencia: tanto empuje como pueden tener las demás.
       Creo que las nuevas circunstancias que poco a poco ha de ir determinado la marcha y el deterioro del sistema, aunque esta parte social nunca votará y jamás tocará el poder con sus manos, sin embargo puede tener un protagonismo importante dentro del devenir del futuro.
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       Quizás las mentes claras no han echado las cuentas de que si hay un parte de la sociedad que no alimenta el sistema a base plusvalías, intereses, ahorro, endeudamiento, impuestos etc., el sistema se resiente.
        A la larga este sistema en su perversidad no puede subsistir con una parte de la población de brazos cruzados que no lo alimentan ni tan siquiera consumiendo y teniendo que hacer cargar con más esfuerzos a quienes todavía siguen trabajando para el sistema y que están llegando al punto en el que les sacan de sus entretelas más de lo que pueden aguantar y comprobando que poco a poco hasta parte de esta parte de la población van camino del fracaso y de la insolvencia.
        Además el sistema ya se ha mostrado incapaz de tener a una gran mayoría de la población trabajando y consumiendo y ofreciendo sus esfuerzos hasta la extenuación… es la pescadilla que se muerde la cola y cada día le es más difícil sanar los daños que genera.
        Pero no podemos obviar que la actual realidad dictamina que el compromiso de pago de los endeudamientos es para toda la vida y que los insolventes, en la medida en la que no van a poder pagar su deuda, en la medida en la que no van a poder tener para su vida económica una segunda o tercera oportunidad, si no saldan la deuda de manera real, aunque fuera de la misma forma en la que se saldan o cercenan en las suspensiones de pago o concurso de acreedores, se habrá de limitar el poder del dinero y la necesidad de trabajar o el propio sistema van a ser el primero que por mucho que maniobre no va a conseguir nada.
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domingo, 30 de noviembre de 2014

El cálculo de las pensiones

Como a las autoridades económicas no les salen las cuentas, cada vez incide más en la idea de que para tener derecho a vivir sin trabajar los últimos años de la vida es necesario haber trabajado y cotizado lo bastante para poder tener derecho, mucho antes: un imposible.
       En los últimos años hemos vivido varios episodios de crisis y en los que ha habido miles de regularizaciones de empleo en uno y otro sector que se hacían un día sí y otro también, en cuanto le llegaban los aires de la crisis, y sin esperar a que se vertieran en vientos.
        Esos aprietos se aflojaron con triquiñuelas de inteligencia sindical y se les hizo frente, allí donde tenían poder, pasando a los trabajadores mayores de cincuenta años a la bolsa de jubilaciones anticipadas, con esquemas que han cambiado para cada crisis de una forma diferente.
       Así se ha construido una nueva clase social que supone una afrenta y una injusticia con todos aquellos que no tuvieron tanta fortuna y que no ven la manera de alcanzar su jubilación con plenos derechos.
       Incluso esa situación y circunstancia empeoran cada día.
       Los jubilados en la actualidad son los mejores pilares del sistema.  Aunque puedan protestar más o menos por pequeños detalles en cuanto a los acuerdos generales e inflexibles que tiene el sistema con ellos, saben que han tenido todas las de ganar y que las seguirán teniendo, y nunca los cuestionarán, y si acaso los reforzarán.
       Todos aquellos que tiene qué decir en esta cuestión utilizan las pensiones más pequeñas para hacer la demagogia necesaria pero querrán mantener este criterio por el que se refuerza la necesidad de trabajar para tener pensión y la necesidad de trabajar para poder pagarlas.
La idea de que cada cotizante se ha pagado más que lo suficiente por las pensiones que disfrutan es una idea equivocada. En realidad, en el sistema cada cotizante paga lo necesario para que cobren los que están jubilados en ese momento que es mucho menos de los que ellos cobrarán luego. Un buen negocio. Presento un esquema razonable de lo que puede ser la relación de lo que un trabajador ha cotizado durante toda su vida y lo que puede llegar a cobrar en su jubilación.
Datos  que se pueden variar a gusto de quien los quiera repasar.
 Edad de Jubilación:   63 años.
Años cotizados:         35 años.
Salario en euros constantes: 1.700.- euros mes.
Cotización constante contingencias al 25%: 450.- euros mes.
Total cotizado..... 175.000.- euros.
Años de cobro de jubilación:  22 años.
Pensión en euros constantes: 1.200.- euros mes.
Total a cobrar.....    320.000.- euros.
 
Este dato lo aporto únicamente para reforzar la idea de que quien no ha trabajado ni cotizado lo suficiente también tendría el mismo derecho a recibir la diferencia entre lo que los jubilados cotizaron y lo que van a cobrar y que el mérito para la jubilación: una jubilación digna, no tiene que ser únicamente por el trabajo realizado sino en función de tener una expectativa de vida y un derecho a vivir decorosamente.
      Podemos comprobar desde la prudencia que cada jubilado va a cobrar mucho más de lo que ha contribuido y han comprometido a sus nietos, para que sean ellos los que paguen la diferencia cuando hagan el reparto correspondiente respetando sus derechos adquiridos.
      Algunos jubilados todavía se hacen cuentas, de lo que pagaron aquellos de su generación que se murieron jóvenes y que dejaron sus cotizaciones  a beneficio del sistema y nunca cobraron la pensión. A lo mejor, sería de justicia que estas cotizaciones se las tuvieran que repartir entre ellos y que no las dejaran a beneficio del fondo común.
Sin embargo, estas páginas sencillas quiero hacer otras cuentas que en realidad no se las quiere hacer nadie porque descubren la trampa.
Pensionistas en la actualidad.....        9.000.000 pensiones.
Media aritmética en 25 años......       10.500.000 pensiones.
Media aritmética total pensiones....   120.000.- millones euros.
Total pensiones a pagar 25 años.......        Tres billones de euros.
Datos  que se pueden variar a gusto de quien los quiera repasar.
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Este sencillo cálculo de lo que representa la deuda comprometida a cuenta de las pensiones con un alcance de veinte o treinta años vista, una deuda pública que está consolidada desde diferentes acuerdos como un derecho que tiene consistencia y vigencia en el plazo largo, a día de hoy, esta es una cuenta que nunca se hace aunque debiera ser muy importante conocer su montante para tomar las decisiones sociales del presente y del futuro y entender lo paco razonable es pesar que en el futuro se pueden mantener proporcionales al trabajo.
 
Producto interior bruto:   100%
Endeudamiento total publico y privado:  285%
Endeudamiento del Estado:             101%
Endeudamiento de las empresas:    119%
Endeudamiento de las familias:        65%
Endeudamiento jubilaciones:          300%
La variación proporcional de estos datos año a año  no cambian.
Imaginemos que el pago de la deuda la pudiéramos amortizar en los próximos veinticinco años. Es fácil de prever que tanto las empresas como el Estado una parte de esta deuda declarada la refinanciaran y al menos la mitad de ella la mantendrán como una deuda fija renovada al infinito y sin lugar a dudas dentro de veinticinco todavía deberán más.
        Siendo así esta realidad, y sabiendo que pagar esta la deuda es lo que nos ha puesto en jaque en los últimos años y ha abierto las fauces de la crisis y con la que nos recuerdan a todos el deber de trabajar más por menos, cómo va a ser posible pagar el resto de las deudas.
       Sin embargo, la deuda que corresponde pagar a la población en estos veinticinco años sin carencia de ninguna clase se tendrá que pagar al cien por cien. Esta deuda de las familias, dentro de veinticinco años aunque sea la misma en volumen será de otras familias. Esta deuda es la deuda por la que la población va a tener que trabajar más y más porque no la va a poder pagar más que con su trabajo y sin ninguna ayuda ni de inflaciones ni devaluaciones.
        Por últimos vemos que también se puede calcular de las pensiones como una deuda que asciende a tres billones de Euros. Significa tres veces el producto interior bruto y más que todas las deudas de todos los ámbitos y que no se va a pagar de otra manera que con el trabajo de la población que cotice para pagarlas en un medio en el que además el valor económico del trabajo: estiman que será más bajo.
         Es la única deuda que se ha de pagar mes a mes y sin posibilidad de retrasarla y sin poder buscar una quita ni una suspensión de pago.
         Puede parecer un tanto extraño pero en realidad es el sistema y los adláteres del sistema, los defensores de que las jubilaciones tal y como están concebidas en la actualidad se mantengan y que incluso si hay que menguarlas que sea lo mínimo posible.
         Dos datos para comprobar que es así.
         ·        Se paguen más o menos siempre se van a pagar desde la renta que le corresponde al factor trabajo.
         De hecho la discusión se da en qué periodos son los necesarios para cotizar que vuelve a ser una pelea entre trabajadores y en todo caso un premio a aquellos que más han trabajado que sin lugar a dudas vuelve a reformar la obligación a trabajar.
         ·        Cuanto más se pague, más trabajo va a ser necesario en el futuro y permanentemente y más escasas van a ser en la práctica
         Puesto que hay veces que se llega a pensar que la pensión la paga el Estado o quien está gobernando en cada momento, la acción comercial de compra venta de votos y voluntades se soporta en gran medida en las pensiones, creo que hay que recordar en este momento que las pensiones las pagan quienes están trabajando.
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       Yo espero algún día vivir de mi pensión, soy autónomo y cotizo en la base mínima de cotización y espero tener el día que llegue a cobrar una pensión digna que no haga trabajar a nadie más de la cuenta. En los últimos años, he visto cómo de manera muy egoísta, trabajadores autónomos y por cuenta ajena, han subido sus cotizaciones durante los últimos años laborales para mejorar la cuantía de sus pensiones.
       Una actitud miserable:
       Incluso jubilado hay quien piensa en ser y tener más que nadie.
        Nunca pensaron en que su jubilación la tenía que pagar las generaciones venideras: sus hijos y sus nietos.
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viernes, 21 de noviembre de 2014

Las pensiones

No todas, pero sí la mayoría de las personas más representativas de esa parte de la sociedad que no trabaja y que de alguna manera tiene asegurado su medio de vida sin más obligación que demostrar que sigue viva, tienen una remuneración mensual vitalicia a la que llamamos pensión y que es uno de los logros sociales del siglo XX.
       Dicen que por lo que trabajaron.
       Y por lo que ya pagaron.
       Una verdad a medias.
       Aunque creo que hay mucho que hablar de las pensiones, no trato de poner en cuestión un sistema que garantiza el derecho de jubilación que lleva casi un siglo siendo más o menos eficiente y que trató de conseguir con un acuerdo social tácito por el que cada generación sostiene a la generación anterior como a ésta sostendrá a la siguiente, y que así: no fuera necesario tener hijos que en cada ámbito familiar asumieran la obligación de sostener a los progenitores conforme fueran envejeciendo.
       Vista así esta idea parece estar a punto de fracasar.
       Todo ha cambiado mucho pero nada ha cambiado.
        Los hijos propios o ajenos han de pagar la pensión.
        Los nietos también nos habrán de pagar la pensión.
        Si los tenemos.

 
       Una nueva realidad se ha compuesto.
       Cuando fueron concebidas las pensiones como un derecho con vocación de universal, nacieron en medio de una estructura de la pirámide social en la que la población mayor siempre era mucho menor que la población joven. En esos tiempos al parecer hicieron pocas cuentas y previsiones porque lo importante era establecer el sistema y recorrer un camino que fuera mostrando el futuro.
       El futuro y la pirámide poblacional ha cambiado en los últimos años debido entre otras causas a:
       ·      Los avances de la medicina,
       ·      La atención y prevención médica gratuita a toda la población.
       ·      La calidad de vida en algunos aspectos muy cotidianos.
       ·      Las mejoras en las condiciones de trabajo.
       ·      Una bajada de la natalidad difícil de pronosticar.
       Ahora la parte alta de la pirámide se ha truncado más de lo que permiten las condiciones generales en las que se planteó el sistema de pensiones y se ha ampliado ocupada por las personas de mayor edad. Por el contrario la base donde se cuenta a los más jóvenes se va reduciendo y para mayor mudanza la altura que significa la esperanza de vida va creciendo. Por lo tanto el mantenimiento del sistema no puede estar soportado solamente por las rentas del trabajo y por el esfuerzo de quienes trabajan sino que hay que modificarlo en toda su concepción.
       Esta realidad no ha cogido a nadie por sorpresa.
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       A las pensiones les llegan sus recursos por varios cauces:
       ·      Las que provienen de la Seguridad Social.
       Son a las que nos referimos y que parecen ser las trascendentes.
       Están basadas sobre todo en la compra de voluntades que tiene el sistema y que premia a quien más ha trabajado y más ha ganado en el tiempo que ha trabajado y limosna a los que viven en la subsistencia.
       ·      Las que provienen de planes de pensiones privados.
       Estas pensiones las tienen también quienes han ganado lo suficiente como para que regularmente poder apartar cada mes un dinero sobrante de su economía, o bien lo ha apartado la empresa en la que ha trabajado.
       Son aquellas que se iniciaron alimentando el sistema económico actual, y que le interesa que crezca, pues supone coger muchos pocos del ahorro de la sociedad y hacer con ellos lo que se quiera. 
        No se puede caer bajo ningún concepto en esta trampa de la capitalización que es lo que en realidad quiere el sistema: que vayamos ahorrando más todavía durante toda la vida que ya nos guardarán ellos los dineros y el día de mañana nos los devolverán.
         Si la pensión que te queda es baja: pues haber ahorrado más.
         ·      Ingresos más o menos estables de sus propios recursos.
         Provienen de bienes que los mismos jubilados administran.
         Los bienes pueden haber sido heredados, o ahorrados durante su vida laboral y les aportan unas rentas mensuales, vía propiedades, ahorros u otras inversiones. Esta es la pensión de las clases medias.
         ·      Las pensiones de viudedad.
         Son las cenicientas del sistema. No están sujetas al trabajo de quien en principio nació el derecho porque ya ha muerto.
         Siempre se calculan al mínimo.
         ·      Las que aporta el Estado a quienes no tienen otra cosa.
         Esta pensión sea o no sea contributiva que es un derecho reciente de las personas mayores desde el mismo momento en el que lo solicitan. Pensiones a las que accede todo aquel a quien su pensión le ha quedado exigua porque haya trabajado por cuenta propia o ajena, cuentan con muchos años en los que no ha cotizado y no ha cotizado lo suficiente.
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         En la actualidad, sin que nadie se atreva a dibujar qué suponen socialmente las injusticias sociales que mantiene este sistema, y sin querer afrontar un cambio radical de la filosofía después de los grandes cambios que ha habido, las mayores controversias con las que nos encontramos con respecto a las pensiones son:
        ·      Los periodos de cotización que se han de computar para valorar el importe final que va a suponer la pensión a cada beneficiario.
        ·      Los años cotizados para tener derecho al cien por cien de las bases correspondientes a las cotizaciones que marca la ley.
        ·      La edad de jubilación también está sujeta a una edad mínima pero que en algunos casos se determina según los años cotizados.
        Son todo intereses muy particulares en los que cada persona hace acopio de su egoísmo vital y echa sus propias cuentas sin mirar a su alrededor y sin importar cómo les va a los demás.
        Por eso nadie quiere entrar en el fondo de la cuestión.
        Hay muchas voluntades que comprar y muchos votos que contar.
        En los últimos veinticinco años he conocido algunas reformas del sistema de pensiones, con acuerdos globales por parte de todas las fuerzas políticas y sindicales. Todos estos cambios transcendentes siempre se han trazado siguiendo la ideología sindical y dentro del sistema de compra venta de votos al que tan acostumbrados están los políticos y han conseguido que estos trabajadores ahora jubilados pero siempre trabajadores estén cobrando ahora más que cuando estaban trabajando y más que quienes le han sustituido en su trabajo sin que esta circunstancia parezca importarle nada ni nadie.
         Ninguna reforma ha entrado en el fondo de la cuestión.
         Siempre y de nuevo recurren las normas a lo que se ha trabajado.
         Seguir premiando a los afortunados.
         A los que se ha cotizado.
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        Después de todos los aspectos que he explicado de las pensiones:
        ·      Es necesario que en la misma proporción y medida en la que se reduzca el tiempo de trabajo, se ha de bajar el montante de las pensiones que se presta desde el Estado.
        ·      Es necesario que las pensiones altas se reduzcan de manera importante en beneficio de las pensiones más bajas.
        ·      Se unifique una pensión general y que sea además individual.
        ·      Se rompa ese nexo entre el derecho a la pensión a las personas mayores y el trabajo realizado por ellas durante toda la vida.
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      Esta abolición de las pensiones tal y como se entienden ahora, puede ser uno de las caras más difíciles de entender de esta obra, pero quienes han trabajado durante toda la vida han de ser conscientes de que:
       ·        A pesar de la dificultad que entrañan saber cuanto a trabajado cada cual. sus derechos se establecieron sobre la premisa de que el trabajo era un derecho universal garantizado en el que incluso se cotizaba cuando se estaba con el subsidio de desempleo y no ha sido así.
       ·        Que ni los que trabajaron antes, ni los que trabajan ahora, pagan en la misma proporción en la que está previsto que cobren.
       ·        Las cuentas, sin ninguna duda que un tanto a su favor, las hizo una generación que ha montado un gran soufflé económico y sin que las generaciones posteriores pudieran cuestionarlas ni repasarlas.
       ·        No pueden exigir a las generaciones venideras con su trabajo: un esfuerzo casi tres veces superior al que tuvieron que hacer los actuales jubilados con las generaciones que les precedieron.
       Es necesario implantar un salario mínimo que a cierta edad sea universal exentamente de lo que se haya trabajado, ni en qué sector se haya hecho y que a todos le garantice una dignidad mínima en sus vidas.
        Es fácil y necesario ampliar el montante de las pensiones.
        El salario social se ha de ampliar y extender de tal manera que las necesidades básicas de asistencia y sanidad se cubran por completo.
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viernes, 24 de octubre de 2014

Los funcionarios

El trabajo en manos del Estado también se convierte en producto, en una mercancía a la que le llaman: plaza y que tiene gran acogida entre la población que quiere trabajar.
       Puesta esta mercancía en el mercado de trabajo, especifica todas las condiciones que ha de cumplir quien ocupe la plaza cuando la tome en posesión y los requisitos que han de ser semblanza de las miles de personar que están preparadas para opositar con esa idea maléfica de tener un puesto fijo y de por vida.
       Pasando por el tamiz de las oposiciones es como los funcionarios consiguen su plaza en lo que se ha dado en llamar: la función Pública.
       Los funcionarios son la gran contradicción del mundo del trabajo.
       Su necesidad se confunde muy a propósito según sea:
       ·      En beneficio y servicio directo a los ciudadanos
       En todos aquellos aspectos que hacen referencia a la educación, sanidad, asistencia social y mantenimiento de los bienes comunes y del espacio público.
       De estos funcionarios, la responsabilidad, la credibilidad y la entrega a su labor está muy cuestionada por los ciudadanos a los que se deben y sirven y que los observan cada día. Llevan años siendo los responsables de que estos servicios aunque se vayan llenando de personal ni crecen ni mejoran, y antes de procurar ninguna mejora, siguen teniendo los mismos criterios y defectos que originaron cuando se iniciaron.
       Los funcionarios hacen de cada espacio en el que trabajan, un fortín en el que defender su status al que no permiten acceder a nadie que no sea de su misma condición. El paso del tiempo les confiere más acomodo y más conformidad con su destino ineludible, ante el que no se revelan por la seguridad que les ofrece su trabajo.
       Ellos dicen que defienden lo público y que sobre todo les gusta su trabajo que tiene más de vocacional que de modus vivendi. Aseguran que le dedican muchas más horas que las que en realidad cobran y que si no van las cosas bien es por culpa de sus jefes y de los políticos.
       Estas verdades no se las creen ni ellos.
       ·      Las necesidades del propio Estado.
       Estos funcionarios suponen y dan cuerpo al mantenimiento de las oportunas estructuras burocráticas y de supervivencia del propio Estado: hacienda, seguridad, defensa, justicia.
       Son personas que viven en el mundo que su propia función les ha creado. La sociedad civil no los conoce y es difícil encontrarse con ellas por la calle. Son como aquellas vecindades a las que no vemos nunca bajar por las escaleras porque siempre las bajan si hacer ruido. La mayoría de las veces ejercen su profesión con un disfraz que les inviste de autoridad. Y si cuando están trabajando van con ropa de calle es porque lo están haciendo de incógnito y no quieren distinguirse.
       Los valedores del Estado tratan por todos los medios de demostrar que estas actividades enmarcadas dentro de la función pública son absolutamente necesarias para el bien común y el devenir de la sociedad. Aunque sea difícil de concretar a quién sirven, imbuidos en su trabajo, más que a la ciudadanía se deben a otros valores como: patria, justicia, legalidad, paz, libertad. Estos valores tal y como ellos los viven, no tienen ningún parecido a como se interpretan en la realidad.
      Siempre están dispuestos a entregar la vida si hiciera falta.
      Lo que dicen solamente se lo creen si están en camarilla.
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Desde otra perspectiva, parte importante del espectro del ideario político piensa que el Estado constantemente se ha de inventar trabajos nuevos independientemente de que socialmente sean necesarios y de que dignifiquen el mundo trabajador.
      ·      Poco a poco van conformando más estructuras burocráticas que sean capaces de ejercer un control de los poderes públicos para que nada se haga sin el procedimiento correspondiente.
      ·      Es una especie de juegos con los que distraernos, van ideando más servicios públicos sin demostrar que sean necesarios y sin ser conscientes de que van dejando abandonados aquellos que lo son.
      ·      Cada día se hacen más necesarias empresas organizaciones y fundaciones que aunque sean paralelas al Estado, hagan lo que sea pero que creen empleo para los suyos. Lo mismo vender lotería, que implementen asesoría empresarial, que distribuyan servicios financieros.
      No lo entiendo.
      Quienes miran el mundo con esas lentes con las que se quiere profundizar en la libertad, la justicia, la igualdad, el humanismo radical, se empeñan en que sea el Estado el que provea de empleo a más personas para que no le falte trabajo a nadie: aunque sea un trabajo que no solamente no sirva socialmente para nada, sino que además nos perjudique al resto de las personas, y no me refiero al daño económico que supone sostener un quehacer innecesario, sino porque nos hacen trabajar a los demás tanto como no queremos hacerlo.
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      El otro lado  ideológico que mantiene una concepción diferente de cómo ha de ser el sistema en cuanto a lo que se refiere a la composición de las estructuras humanas del Estado, pretende:
      ·      Que haya pocos funcionarios, los de carrera dicen, que a ser posible sean de los suyos, para tener la garantía de que serán buenos y que se preocupen de que su negociado sea implacable.
      ·      Que la función pública tenga el objetivo de mantener un  Estado, que sea fuerte y que haga valer aquellos grandilocuentes conceptos de dios, patria y rey y que no entre en zarandajas económicas.
      ·      Los demás servicios que lo hagan las iniciativas privadas, que también serán de los suyos y que independientemente de que lo hagan bien o mal tendrán un dinero que ganar.
      Por la forma de pensar que tiene este lado lo entiendo, no engañan a nadie y su objetivos es ponernos a trabajar a todos por menor precio, para que su máquina de acumular dinero no pare, ni deje rincón si explotar y que sus intereses estén protegidos a buen recaudo.
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      A pesar de los artificios que nos venden los unos y los otros y con independencia de que los propietarios de la plaza estén destinados al servicio público que atiende directamente las necesidades de las personas o sean piezas del servicio público amalgama las estructuras del propio Estado, la Administración selecciona a sus empleados por medio de las llamadas oposiciones. Se trate para lo que se trate, en estas pruebas de selección es fundamental el conocimiento y asunción de las esencias del Estado y de su pervivencia, así, la administración elije: funcionarios sumisos y obedientes, que hagan lo que quieran para defender su puesto de trabajo y que si quieren trabajen.
      Y después de todo lo expuesto he de dejar constancia de que uno de los pilares del sistema son los funcionarios. Los miembros de la función pública son la estructura humana permanente del Estado, la que toma las grandes decisiones y las pequeñas, y complementados por miles de aspirantes con contratos eventuales, le dan continuidad y consistencia.
      Es una máquina pesada que se pone a funcionar cada día.
      Pero son todavía más en la organización del Estado.
      Antes he expuesto que los políticos para las cuestiones de la economía han trasladado el poder a los poderes que viven más arriba para ellos quedar sin ninguna responsabilidad ante cualquiera de sus obligaciones. Ahora, digo: para todas las demás cuestiones: políticas internas y sociales han cedido el poder absoluto a los técnicos de la administración, a los técnicos de cada área, a los funcionarios.
      Esta es una realidad que se desconoce.
      Ellos son los que en realidad mandan.
      Nada se puede hacer si ellos no quieren.
      Se podría hacer un recorrido por las miles de cuestiones que se han solventado en todos los departamentos y áreas en las que se divide la administración pública en todos estamentos, y se podría comprobar cómo con independencia de que haya algún político que quiera meter la pata tratando de desarrollar sus proyectos, son los funcionarios quienes dirigen el día a día y quienes planifican cómo van a ser las cosas en el futuro y cuáles son las líneas que no se pueden pasar.
       Por eso los funcionarios están rodeados de un gran distingo: el sistema los mantiene a perpetuidad porque en ellos está la misma supervivencia del sistema.
       Cada unidad de la función pública controla esa pequeña parte que ha de controlar, o la desarrolla, o la ocupa, y durante toda su vida laboral la controlará, la desarrollará, o la ocupará porque en ello va su puesto de trabajo. A quien ostenta el poder, saber que todas estas pequeñas cosas están controladas, desarrolladas u ocupadas por sus siervos, le permite hacer lo que quiera con las cosas importantes.
       En todos aquellos trabajos que en ocasiones se permite y casi siempre se exige hacer cualquier cosa, por muy grave que sea, quienes los ejercen cuando los hacen, sabiendo que no hacen bien, se justifican diciendo que le han mandado hacer.
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miércoles, 15 de octubre de 2014

La huelga

       Para el sistema es necesario seguir dando vueltas a la manivela, para que la rueda ruede y que la noria no pare y así gire el eje sinfín que hace andar a la piedra y muela hasta llenar el embozo.
       Así todo funciona.
       Quien ha dispuesto que el molino es suyo: puede recoger la harina.
       Hay una herramienta que hace valer al trabajo en lo que vale y que utilizadas con todas sus consecuencias paraliza la fuerza que mueve todo el desproporcionado engranaje económico:
       La huelga.
       Todo cambia de tono cuando se para de trabajar.
       La tierra se vuelve plana y nada se mueve ni aunque caiga.
      El sistema y sus valedores saben que si se para: están acabados.
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       En ocasiones se pretende que el dinero es el aparato circulatorio de la economía y que es el factor imprescindible el que hace posible que todo transite en el sistema económico, pero en realidad, para que todo fluya y circule, el aparato se debe soportar sobre las espaldas de quien trabaja que además no exige dinero hasta acabar el mes.
       Sin sus brazos nada se mueve y sin sus manos nada se recoge.
       Sin el trabajo presente, ni el andar de las máquinas  es posible.
       Bajar los brazos paraliza la economía de quien los deja caer.
       La huelga donde llega crea el vacío económico.
       Es la fuerza que tiene el trabajo si está parado.
       Quietos en la calle sin hacer nada.
       Nada se menea.   
      
        En capítulos anteriores he expuesto la realidad de la importancia y trascendencia del trabajo para que el sistema funcione como dios manda. Así desde tiempos inmemoriales una orden divina decretó la obligatoriedad de trabajar. Un deber que en esta época en la que vivimos se hace de forzado cumplimiento desde el momento en el que muestra al trabajo como la fuente de la que brotan todos los derechos de las personas independientemente de sus necesidades y de sus capacidades.
       También he expuesto cómo el trabajo siempre está subordinado a la fuerza de los otros factores que están más coordinados y tienen una estrategia más concreta para lo que afecta a la defensa de sus intereses y que quienes defienden el trabajo, como derecho a trabajar aunque no lo respeten, dejan al trabajo como un ente abstracto que nada tiene que ver ni con ellos ni con lo que se trajinan.
        La huelga en estas condiciones es un derecho pero también es una herramienta que tiene que servir para demostrar la importancia que tiene la fuerza de obra humana para la sociedad Cuando aquella parte de la normalidad social que está en huelga: no abre y no funciona y no alimenta al sistema y demuestra que el trabajo es imprescindible. Por ello el poder siempre trata de poner servicios mínimos para que en la sociedad no se lleguen a padecer las consecuencias de la huelga.
        Pero es necesario precisar que ni siquiera aquellas organizaciones que dicen defender el mundo del trabajo utilizan la huelga para defender la importancia y trascendencia general del trabajo: la utilizan de manera muy testimonial y simbólica para cuestiones que en última instancia denigran el trabajo y a los trabajadores. Recurren a la huelga como una amenaza o una manera de reivindicar pequeños detalles salariales que la mayoría de las veces están en contra de las necesidades reales del trabajo en general y paradójicamente a favor los derechos de quienes tienen trabajo y que además en algunas ocasiones son privilegiados.
        Las huelgas que son sectoriales y que se promueven en la defensa de causas concretas son otra cuestión en la que también quiero entrar. Salvo en aquellos sectores en los que no hay más valor añadido que la mano de obra, creo que es una manera de no ver el trabajo y el mundo del trabajo en su conjunto. Creo que son fuegos de soberbia que tienen más contraindicaciones que ventajas en cuanto a su valor social de carácter ejemplar y político y la proyección del trabajo en la sociedad.
       Ha habido muchas huelgas de infausto recuerdo  y que eran más la defensa de los derechos de unos trabajadores sin tener en cuenta a los otros trabajadores que venían por detrás.
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Entre tanto, en el centro del sistema económico social y político, a pesar de todo el trabajo es el único factor de los que intervienen en la actividad económica que si es preciso se desprecia, y que casi siempre se minusvalora. En el mercado  dicen que se juegan las cartas de la oferta y demanda en una batalla sicológica en la que intervienen tantas circunstancias que en la práctica se convierten en una balanza muy perversa en la que todos los demás factores actúan de tahúres.
       Un factor con el que se juega siempre, que supone que cuando se inicia una huelga de una manera consciente y consecuente, el sistema se convierte en el mayor apostante y mecánicamente reivindica el derecho a trabajar de todo el mundo, hasta de aquel que por voluntad propia no trabaja ningún día pero que de repente le entran ganas.
       Todas las cajas de resonancia del sistema, ante el ejercicio del derecho de huelga, ponen en marcha una grosera defensa del derecho a trabajar y de la libertad de trabajar y tratan de animar para que quien quiera trabajar trabaje y el derecho ciudadano que por un día mejor tratan de proteger es el de la libertad de trabajo. Esa libertad de trabajar que a nadie le preocupa cuando se trata de aquellas personas que no tiene trabajo y que ni quizás lo vaya a tener en su vida.
        Hay una huelga que se hace todos los días que es la de las personas que buscan trabajo y no lo encuentran. La huelga puede ser declarada o sin declarar pero muchas ni siquiera se preocupan en salir a buscar un empleo. Incluso la falta de trabajo puede ser como una posición de huelga porque han comprobado que cuando las cosas son imposibles entonces son imposibles. Eso no le importa al sistema porque en el estadio de la crisis en el que se encuentra sumergido no necesita más trabajo que el que está demandado y todavía así le sobra.
        Pero hay otra huelga que está haciendo una parte importante de la población, aquella que no está trabajando en todo aquello que le está requiriendo el sistema, ni acepta todo lo que le exige para ejercer su derecho a trabajar, población que prefiere buscarse la vida por su cuenta y al margen del sistema y en lo que le llaman la economía sumergida.
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 El sistema y sus garantes no perdonan la demostración de fuerza que representa consciente y consecuentemente no querer ir al tajo por quien tiene la obligación de trabajar y el orgullo de quien desprecia el dinero que supone faltar al trabajo por causa de la huelga. 
        Una parte importante de la población no entiende la huelga y en el fondo de su inconsciente queda toda esa cara revolucionaria que ha trascendido y que políticamente no se puede tapar. Nunca ven el momento oportuno para que el trabajo reivindique radicalmente sus derechos y siempre disponen de que hay otra manera más eficiente de defender esos derechos que yendo a la huelga: trabajando.
       Entre quienes trabajan y están convocados a hacer una huelga de cualquier tipo, aquellos trabajadores que cobran más por el factor de su gestión que por el de la fuerza y tiempo de su trabajo que aportan son los que más se oponen a seguirla. Pocas veces responden a las demandas y convocatorias porque a la parte de su gestión no le interesa la huelga.
        Creen que no viven de su trabajo sino de lo que gestionan.
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El sistema bendecido por dios y por sus representantes en la tierra hasta hace muy poco no sabía perdonar que se trabajara el domingo día del señor y otras fiestas de guardar y no se santificara guardando fiesta.
        No podía haber excusa para faltar a misa.
        El sistema consiente las huelgas que se hacen con motivo de la celebración de las fiestas oficiales con las que en cada rincón o actividad profesional que se tercie, honra patrón o una patrona. También aplaude aquellas huelgas más significadas de la liturgia democrática y católica que se celebran aquellos días que tiene señalados el Estado para ser honrado otras festividades a las que llaman civiles.
        Estas huelgas oficiales que tienen sus manifestaciones pagadas por las instituciones tienen la virtud de respetar por encima de todo el sacrosanto derecho al trabajo y no afectar al trabajador, porque desde el principio del año ya están todas descontadas de los calendarios y resultan siendo inocuas respetando esas fiestas a las que tiene derecho.
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Estoy tratando de acabar este capítulo.
       Hoy se honra y conmemora a la virgen de la Almudena.
       El gobierno de España con la que está cayendo ha hecho huelga.
       Nadie se preocupa por esta huelga ni por el trabajo que se ha dejado de hacer en este viernes tonto 9 de Noviembre.
       Al revés, esta huelga crea riqueza económica y de la otra.
No obstante el sistema ha encontrado en el hambre y la miseria, real o amenazante el mejor antídoto para la huelga. Estos estados, a su vez promueven, participan y se desviven en las huelgas religiosas.
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