miércoles, 13 de agosto de 2014

La formación para el trabajo

Desde que estoy trabajando en este tema en el que analizo la sacralización que nos crea el entorno para que nos sintamos en la obligación de trabajar mucho más que lo que necesitamos, en mis cavilaciones para conocer cómo en el ambiente social, las mentes que dirigen las sociedad de forma subliminal ponen a punto las herramientas que luego utilizamos los humanos para hacernos daño los unos a los otros con todas las circunstancias que rodean al trabajo, avaladas en mis observaciones de cómo se suceden unas a otras las consignas sobre el trabajo su necesidad y obligación, en mis pesquisas para adivinar cómo han de alimentarse unas a otras para que no se interrumpan en un infernal relevo, la otra tarde, en la parada de autobús me entretuve en leer y copiar el anuncio que había con un gran cartel en la marquesina.
      Programa de dirección de personas.
      ESIC BUSINES MARKETING SCHOOL
      Impulsamos tus desafíos.
      Headhunters.
      Tela.
      Son las ensoñaciones que tienen los más listos del sistema para que quienes se están formando tengan un acicate más para encontrar trabajo y salir de la crisis aunque luego la gran mayoría no consigan salir de la miseria. Se creen que son la inteligencia económica del no va más, haciendo creer a la gente joven que con esta formación tan rimbombante que ellos dispensan pueden encontrar trabajo y realizarse en su vida y sobre todo: muestran sin decoro que ese trabajo consiste en controlar el trabajo de otras personas a las que también les deberán hablar de formación y de desafíos.
      Marinera
     Son muchos los casos que puedo observar en torno a la formación necesaria de las personas para el trabajo, que además se supone que es una formación prioritaria ante cualquier otra circunstancia de la vida.
      Esta tarde he oído a un periodista cómo trataba de justificar el esfuerzo de formación que es necesario hagan todos los trabajadores de todos los sectores para enfrentarse a los actuales momentos de crisis y salir entre todos para adelante. Palabras. Es un periodista que se supone a sí mismo de izquierda y que cuando se le oyen sus argumentos parecen de izquierdas. Decía queriendo ponerse él mismo de ejemplo:
     También los periodistas hemos asumido ponernos al día y reciclarnos y nos vemos en la obligación de formarnos en nuestra profesión de periodistas y aprender de las nuevas tecnologías que son tan necesarias para nuestro oficio. Y sin pararse a mirar los años que tengamos cada uno, hemos de hacer algún master que nos ponga al día en la especialidad que nos ocupa… porque cada día es todo más complejo…  y además hemos de tener otra aptitud ante el trabajo que ya nada es sencillo. Y sin duda, hemos de aprender idiomas y tenemos que salir de casa y olvidarnos de que siempre hemos vivido en el mismo sitio y dejar a la familia si hace falta.
       Aquí ya le he dejado de escuchar.
       Total: tanto, tanto nada más que para comer.
      Y para no informar ni decir nunca la verdad.
      Palabras ya muy gastadas para consejos mil veces derrotados.
      Pues que igual no es tan de izquierdas.

      Hace unos años estaba trabajando en una pequeña empresa de distribución cuando ya estaba inmersa en ese mar de dificultades que pasado el tiempo ya las ha ahogado a casi todas. Una serie de cambios que planifiqué exigían buscar un comercial que trabajara en ampliar la zona geográfica en la que estábamos vendiendo y que profundizara en ella apoyado por un pequeño plan de fidelización.
      Fue imposible encontrar quien fuera capaz de hacer esta labor. Alguien que se hubiera formado en esas habilidades sociales necesarias para afrontar la defensa de lo propio y saber venderlo con la naturalidad que le hurta el marketing que hubiera aprendido no sé dónde. Quien parecía que podía hacer esa defensa tenía la costumbre y por tanto necesidad de que alguien le dijera cómo lo tenía que hacer y si acaso que en vez de enseñarle directamente lo hiciera él mismo. Me resultó curioso comprobar la escasa empatía que demostraron los vendedores para con las necesidades de quien compra tratando siempre de vender más lo que les interesaba que lo que le interesaba a sus clientes.
      También necesitábamos alguien que se hiciera cargo de una parte de la organización almacén. Una tarea muy sencilla y elemental. Imposible encontrar una persona con la capacidad suficiente para colocar en las estanterías: las latas con las latas y las botellas con las botellas, de poner las grandes abajo y las pequeñas arriba y saber buscarlas e identificarlas correctamente para no volverse loco luego. Es increíble ver cómo: quien está dispuesto a trabajar de almacenero no preste más cualidades que estar preparado para meter y sacar las cajas que le digan del lugar donde le digan y pasar la escoba de vez en cuando, cuando se lo manden.
      Lo más curioso es que también hubimos de buscar una persona que repartiera la mercancía a nuestros clientes. Esta selección es quimérica. Ordenar mercancía, albaranes de entrega, clientes en ruta y entrega en condiciones se convierte en un jeroglífico de imposible solución. Quienes se presentan son jóvenes a los que les gusta correr sobre cualquier vehículo de cuatro ruedas y por eso buscan un trabajo en el que a la vez de hacer la tarea puedan emular a cualquier piloto famoso.
      Esta es la formación para el trabajo que se ha conseguido desde siempre desde esa idea de que hay que trabajar. Una manera de formar personas con la que las estructuras individuales para afrontar cualquier tarea han quedado derrumbadas.

      El otro día, en otra de las empresas en las que presto mis servicios de planificar lo que se debe hacer para que luego hagan lo que quieran, el dueño, como en un lamento que se escapa de su ánimo, me dice que uno de los trabajadores que se hace cargo del mantenimiento de las máquinas que vendemos e instalamos, cuando acaba su jornada se ha puesto a estudiar dibujo. Sí, sí a dibujar.
       Para el empresario es muy difícil entender esta conducta de su empleado y no encuentra sentido que a sus años se ponga a estudiar dibujo como si no tuviera otra cosa mejor que hacer en la vida.
      ¡Mucho más valía que hubiera hecho un curso de electricista que le hubiera venido bien para el trabajo y hubiera sido bueno para todos... que cuando toca algo de electricidad se ve perdido…!
      Así han conformado la conciencia de quienes están en activo: no hay nada más importante en la vida que el trabajo.
      Mucho más importante que la propia vida.
Tengo unos amigos a los que conozco bien y desde que tengo relación con ellos sé qué piensan en relación a lo que es y representa el Euskera: el idioma originario de la tierra en la que vivo y que en las últimas décadas está saliendo del ostracismo. Hasta ahora ellos pensaban que para todos era una pérdida de tiempo y dinero tratar de resucitar una lengua muerta que no servía para nada de provecho y de la que no se podía extraer beneficio.
       Sin embargo mis amigos han tenido una hija cuando ya no la esperaban y en estos días la moceta ha comenzado su camino en la escuela y mis amigos han inscrito a su hija en la ikastola.
       No porque ahora haya nacido en ellos un inusitado amor por las lenguas muertas sino para que cuando sea mayor sepa hablar Euskera que así le será más fácil encontrar trabajo porque para trabajar en las instituciones y administraciones públicas requieren que se sepa aunque no sirva para nada salvo preservar algún derecho.
      Así se empiezan a comprender muchas cosas.
     Porque también la escuela con la necesaria prescripción de los padres y de las madres, forma a la infancia y a la adolescencia para que estén preparados para trabajar para que puedan encontrar empleo el día de mañana. A nadie se le ocurre decir que la escuela haya de formar para que los niños sean libres y felices. Y desde luego la escuela tampoco los prepara para que sean capaces de ser autónomos en sus vidas y saber resolver sus necesidades sin que haya de depender de que nadie cree un puesto de trabajo para él ni le diga lo que tiene que hacer.
     Yo creo que la mayor deficiencia que tiene la educación es que nos hacemos adultos y la mayoría de la población pensando en trabajar mañana, no ha aprendido a valerse por sí misma sin estar inmersa en el sistema en el que se piensa que es mejor trabajar para otros y si acaso para las estructuras del Estado y tener una dependencia absoluta de él.
          
      Sigo pensando en qué se puede hacer para formarse para el trabajo, cuando en realidad, hay una parte importante de la población que no tiene capacidad intelectual suficiente para el mundo laboral complejo que se ha creado persiguiendo un imposible y que en realidad, en ningún momento piensa en las necesidades reales de la sociedad.
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miércoles, 6 de agosto de 2014

Lo que cuesta hacer las cosas.


Toda la actividad humana en lo que al trabajo se refiere, desde el momento en que el tiempo tiene un valor económico, tiene limitados y estandarizados los tiempos precisos para hacer todas las cosas.
      Un día mi amigo Juan me pregunta:
      -   Pedro, ¿es posible que en mi empresa trabajando menos horas se pudiera producir lo mismo que lo que se produce ahora…?
      Al parecer era una duda que le corría a mi amigo por la cabeza, producto de una idea que pergeñaba desde hacía tiempo y que no sabía cómo darle forma en sus elucubraciones.
      Pensó que yo podía ayudarle a encontrar una respuesta.
      Sin pensármelo demasiado le dije:
      -  Sí… aunque parezca imposible siempre que pasa igual sucede lo mismo… y las cosas siempre cuesta hacerlas el tiempo que se tiene para hacerlas y cuanto más tiempo se tiene más cuestan. Te aseguro que incluso en algunos casos la baja calidad del trabajo se produce cuando se invierte más tiempo del necesario para hacerlas.
      Este es un principio sobre el tiempo, que pensé para mi trabajo hace ya algunos años. Y sin duda me costó definirlo justamente el tiempo que tenía para poder tener una fórmula con la que poder hacer frente a los muchos problemas de producción y organización en mi trabajo. La verdad es que me costó gran esfuerzo de observación y de concreción formularlo pero ahora me parece aprovechable para cualquier ámbito de la vida en que se trata de hacer algo.
      Ahora esta manera que tengo de ver la producción, cuando se lo expongo a quien está trabajando para que mida mejor sus tiempos y esfuerzos le molesta y me contestan que yo no he trabajado en la vida y que no sé muy bien lo que digo. Aunque lo cierto es que al final acaban haciendo lo que tienen que hacer en el tiempo que tienen porque no queda otro remedio si se quiere que funcionen las cosas.
      Juan trabaja en una cooperativa de trabajo asociado y desde unos principios que tiene interiorizados de procurar la justicia social y la solidaridad obrera. Mi amigo piensa que el desempleo es una lacra social que hay que atajar aunque no sabe bien cómo pues se enreda entre desear que se creen puestos de trabajo y la sensación de que se produce mucho más de lo que socialmente se necesita.
      Por eso, en sus pensamientos se diluyen sus preferencias por trabajar menos horas para poder ofrecer algún puesto de trabajo entre tanto paro como hay en la zona, pero sin querer, se ha dado cuenta de que en su empresa si trabajaran una hora menos al día para contratar a alguien en realidad no bajaría la producción y ni siquiera sería necesario contratar a nadie.
      Es que está todo organizado para que cueste lo que cuesta.
      Claro, una por una… meter las horas.
      Con que cambiaran dos cosas hasta nos sobraría tiempo.
      Y seguro que hasta hacíamos las cosas mejor.
      Se cruzan sus pensamientos con la realidad laboral que conoce.
      -   Pero amigo Juan, te puedo asegurar que este es un principio que se cumple siempre, hagas lo que hagas, independientemente que sea una tarea productiva o de ocio. Si lo observas detenidamente incluso viendo la televisión… estamos el tiempo que tenemos para verla aunque a veces estemos luego toda la tarde sin darnos cuenta.

Téngase en cuenta esta realidad:
Desde esta perspectiva que propongo de que las cosas cuestan el tiempo que tenemos para hacerlas, desde siempre gobiernos y curias a la humanidad se le ha marcado el tiempo que tenía para hacer las cosas que tiene obligación de hacer para tener derecho a comer. Al parecer se estableció que tenía que ser a razón de seis días de trabajo con un día de descanso. Se estableció en el génesis de la novela sagrada que estudian quienes creen en la existencia de un solo dios, con la intención de que ese séptimo día se utilizara para honrarle porque que también él, tuvo tasada la duración de la creación en siete días. Más no le podía costar.
      Luego para cada día para tener derecho a comer, se estableció que el trabajo debía ser de sol a sol con una jornada más o menos larga según la estación del año y según fueran las inclemencias de la naturaleza.
      En el último siglo se han entendido como una unidad de trabajo las ocho horas al día, que poco a poco se han convertido en cuarenta horas a la semana que ha sido la medida que se ha utilizado hasta llegar a este punto de crisis irreversible, en el que se hace necesario limitar de nuevo el tiempo de trabajo para que se acomode a las necesidades reales de la humanidad.
      Alargar el descanso semanal a dos días ha sido una modernidad que no se había permitido hasta que la mujer ha entrado al mundo del trabajo remunerado. De alguna manera, hace unos pocos años y sin decirlo a nadie para que no se corriera como un derecho innegable, se entendió que se trabajaba más de lo necesario. En ese mismo tiempo y por primera vez en la historia del viejo mundo, se empezó a ver mal que la infancia trabajara, si bien sigue trabajando en algunos rincones.
      No obstante todavía existen civilizaciones y zonas geográficas en las que es obligado trabajar de sol a sol casi todos los días del año. Que se puede ver de madrugada acudir al tajo a quienes todavía no han cruzado la adolescencia. Todo por el crecimiento y una supuesta mejora del bienestar en unas sociedades hundidas en la pobreza, en las que tanto trabajar, sin que les llegue para quitarse el hambre y desterrar la miseria.
      Allí todavía siguen engañando a la población,
      Algún día les dirán que no hace falta trabajar tanto.
      Es vergonzoso lo que hacen los poderes con el trabajo de la gente.
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      En el desarrollo de la actividad en las últimas décadas, el tiempo que se tiene para hacer las tareas es muy diferente según de qué producto se trata. En los procesos de la industria cada vez han de costar menos hacer las tareas porque los métodos industriales han ido mejorando paulatinamente y la competencia global hace que el tiempo las limite.
       Sin embargo, en las tareas de cuestiones sociales, aquellas para las que solamente es necesaria mano de obra con una cualificación que es  relativamente sencilla de alcanzar, por su necesidad incuestionable, cada vez es necesario más tiempo para hacerlas. Un tiempo que hay que buscar y habilitar en lugar de destinarlo a otras cosas que socialmente son menos importantes. Un tiempo del que dicen, al menos en términos económicos, no podemos permitirnos costear y que se limita en contra de los intereses generales de la sociedad.
      Dentro de estas variables que significan el tiempo que se tiene para hacer las cosas y la capacidad de aprovechamiento de ese tiempo y por lo tanto la capacidad  de producción se ha creado dos mundos paralelos:
      ·  El primero en el que todo el mundo va corriendo y siempre llega mucho más tarde que los orientales porque dicen que han demostrado que están más y mejor capacitados.
      ·  Y otro mundo de servicio a los demás en el que se trabaja con tranquilidad y permisividad y que está imbuido en la desorganización y la desidia y de una burocratización que lo está convirtiendo en inviable.
      Pero en los dos mundos está desapareciendo la gente que trabaja. Una por una en cualquier organización que no haya más personal del estrictamente necesario aunque no se esté haciendo el trabajo mínimo necesario para asegurar su eficiencia.
      En ninguno de ellos se entiende que se haya de limitar el tiempo de trabajo y en todo caso limitar y precarizar el número.
      Es importante entender esta dualidad en el mundo del trabajo.
      Este concepto del mundo interior y de las necesidades básicas en el que los unos nos servimos a los otros de todas esas cosas que conforman las necesidades de la condición humana, es un mundo que no tiene por qué verse afectado porque todo nos lo pagamos a todos.
      Y entre nosotros tenemos todo el tiempo del mundo.
      Y este tiempo en el que nos servimos, nos lo tienen más tasado que ningún otro, para que no nos sirvamos nosotros sino que les sirvamos a quien nos lo tasa: al sistema.
      Quizás en el fondo solamente quede una idea y es que las nuevas formas y conceptos de gestión hablan del trabajo y que aquellas funciones que se hacen por dos caminos distintos para ahorrar costes humanos y económicos haya que despedir a aquellos que duplican el esfuerzo o que le han cogido gusto a no hacer nada.
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      He observado durante muchos años que les cuesta mucho más hacer las cosas a quienes tienen que trabajar por necesidad, por obligación. Desde la concienciación cultural que han asumido, no ven el trabajo como un castigo que han de evitar y en todo caso han de aminorar en tiempo y esfuerzo, sino que tienen interiorizado que lo tienen que hacer porque su sino vital es que tienen que trabajar, y si acaso, sólo alguna vez limitan el esfuerzo. He comprobado que nunca tratan de poner freno al tiempo y siempre están dispuestos a hacer unas horas que total: para estar en casa sin hacer nada.
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lunes, 12 de mayo de 2014

Otros trabajos dignos.

Sin embargo hay otros trabajos en la sociedad que no son dignos.
      Las autoridades tratan de perseguirlos y ocultarlos.
      La filosofía y sabiduría social los desprecia.
      En estas páginas los quiero dignificar.
     
      Me llamo Pepe soy un mendigo y trabajo en esta calle.
      ¿Es la mendicidad un trabajo?
       Los poderes públicos prohíben la mendicidad y en todo caso la toleran en estos tiempos en los que hay quien ha de vivir pidiendo en la calle o de puerta en puerta,
       No obstante una parte importante de la población la rechaza y la mejor manera de rechazarla es no dando un euro a quien se lo pide. Algunas personas, para aliviar sus conciencias transmiten la leyenda de cómo son las mafias que se crean en torno a los limosneros que tienen tanto poder o más que las mafias de las mafias de verdad y cuentan cuántos mendigos han muerto siendo millonarios.
       Si los mendigos murieran siendo millonarios, no cabe ninguna duda de que el sistema no necesitaría de ningún cambio.
        Es la mendicidad un trabajo que ha de perseguir la autoridad porque no genera empleo ni paga impuestos y degrada el nivel de justicia social que parece corresponder con el sistema existente.

      ¿La prostitución es un trabajo?
       También las autoridades ven con malos ojos la prostitución y ni siquiera para recaudar impuestos le da visos de legalidad y aunque son muchas más las personas que utilizan los servicios de la prostitución que quienes confiesan que la utilizan, la realidad es que esta actividad está muy mal vista por la población tanto por las mentes bien pensantes como las mal pensantes.
       Qué diferencia hay entre la mendicidad y la prostitución y el trabajo como lo entendemos habitualmente en el que entregamos muchas horas de nuestra vida, nuestra fuerza física y nuestra capacidad intelectual por el precio que alguien nos quiere pagar y en tiempos como los que estamos viviendo, debiendo dar las gracias.

       Es muy complicado determinar cuáles son los trabajos dignos.
       Vamos a ver algunos ejemplos:
       Esta mañana he estado en una manifestación a propósito de una huelga general que se ha convocado donde vivo.
       Allí estábamos mucha gente de todas clases y condiciones y seguramente con ideas muy contradictorias entre las que nos movían a unas y a otras. Pero juntos andábamos de manera pacífica por medio de la calle casi todo el rato hablando con el que va a tu lado que a lo mejor hace mucho tiempo que no lo veías y que además había sido en las mismas circunstancias. De repente  más delante de donde yo iba, una avalancha de gente salió corriendo despavorida después de que sonara los disparos de pelotas de goma. De pronto delante de mí no había nadie y a unos cincuenta metros quedaba dos contingentes de la policía. Unos: vestidos de negro y los otros: uniformados de rojo.
Allí parado por la incapacidad de moverme a mí no se me ocurría otra cosa que no tener miedo. Y gritaba ¡vamos, vamos que no hay que tener miedo! Y me acercaba junto con otros hasta donde estaba la policía y pensaba para mis adentros para hacer acopio de valor: cómo puede alguien tener un trabajo en el que ha de: amedrentar, provocar, amenazar, pegar, disparar y en casos extremos llegar a matar, a personas como yo que no hemos hecho nada de lo que se nos pueda acusar… si acaso protestar.
      Protestar por una sola de las cosas por las que protestaría.
      Es este un trabajo digno.
     
      Aquí, donde estoy escribiendo estas páginas, recogido entre las montañas de la Sierra del Cuera, en el Valle Oscuro, las pocas personas que viven y que tienen capacidad para trabajar no tienen trabajo. Es el resultado de las políticas que para ser más eficientes han implantado y acabado con todas las economías rurales en las que se había vivido durante siglos sin más dependencia y denuedo que la que procuraba la propia naturaleza a la que se agarraban.
      También eran trabajos dignos con los que ya no se puede subsistir.
       En medio de la crisis, quien puede, trabaja algunos meses en el sector del turismo, el de la construcción hace tiempo que ha muerto y no se ha acabado con el problema de trabajar porque quien vuelve a trabajar a la ganadería difícilmente se gana la vida.
       Hay quien se apunta al ejército para defender la patria.
       Luego lo mandan a Afganistán a trabajar por la paz.
      ¿Son éstos los nuevos trabajos dignos de ser mantenidos…?
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       Uno de los trabajos, que no profesión, que a mí más me asombran es el de guardaespaldas, escoltas. Personas con las que me he cruzado por las calles de mi pueblo haciéndole la corte al alcalde de turno corriendo tras él y mirando a todas las partes a la vez.
       No me cabe en la cabeza: cómo es posible que haya personas que sean capaces de asegurar que van a entregar su vida por otro porque es ese su trabajo.
       Qué sabrá él, de lo qué pasará el día que se vea en ese brete.
       Qué concepto se puede tener del trabajo si ha de jugarse la vida. 
        Es conveniente reflexionar cuántas personas y cuántos empleos tienen el mismo cariz que el de los guardaespaldas, guardar: los intereses, las propiedades, la fama y el buen nombre de otros tantos poderosos: sistemas, instituciones o personas a cuenta de su propio nombre, de su propia fama y de su mayor propiedad.
       Todos sobran.
       Quien nada ha hecho nada tiene que temer. Decía un ministro.
      
       Otro trabajo que me transmite mucha pena interior es el de las personas contratadas para que vigilen los coches y no estén en los aparcamientos de pago más tiempo que el que han pagado. Todo el día en la calle tratando de poner buena cara a quién han denunciado. La verdad es que me enteré hace unos días que les llaman gusanos porque hay uno en cada manzana. Estos empleos tienen todos los componentes de lo que nunca debería ser un trabajo.
        -     Servicio público absolutamente innecesario.
     -  Gestionado por la empresa privada.
     -   Mal pagado y sancionador.
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Los bancarios me vienen ahora mismo a la cabeza.
      Nos tocan muy de cerca y nadie sabemos qué son en realidad.
      No hay más orgullo para los trajes de paño y las corbatas.
      Para las mujeres que han triunfado profesionalmente.
      Trabajar tras las ventanillas de un banco es una de las dichas más grandes que ha encontrado cualquier persona joven y brillante.
       Los bancarios son de los escasos profesionales a los que por medio de los ordenadores les han medido su productividad al céntimo.
       Productividad que a ellos se la han pagado también al céntimo.
       Sueldos, primas, comisiones, objetivos, bonos.
       Aquellas personas que hace unos años eran las de tu confianza, las únicas que sabían cuánto dinero tenías y si te iba la cosa bien o mal, en los últimos años han aprendido a robar, a robar a sus clientes a los más débiles mucho más que a los pudientes.
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        Empresario, creo que también es una profesión de la que se había de evaluar su necesidad social como líderes de la actividad económica sobre la que se basa el sistema. En la división del trabajo, cuando a alguien le corresponde ser empresario, con mejor o peor fortuna, como si de un sacerdocio que imprime carácter se tratara, se es empresario durante toda la vida. Si la empresa le lleva al empresario al trabajo abnegado de muchas horas y de muchos días y al fracaso económico, las consecuencias financieras le puede perseguir de por vida.
       La sociedad no perdona el fracaso de los demás.
       Si la empresa le lleva al trabajo límite estresante y absorbente y al éxito, las consecuencias son más insignificantes pero garantizan convertirse en un perfecto sinvergüenza ante los ojos de quienes la conocen y en un presunto delincuente.
       La sociedad no asimila el éxito que no sea el suyo.
       Para seguir vivo con su empresa el empresario tira para adelante. Trata de buscar nichos de mercado en aquellos lugares en los que nunca nadie ha pensado antes, por lo tanto se ha inventado un servicio, un trabajo que aunque no sirva para nada, el mercado lo ha dado por bueno y ya trabaja para que ese cuento dure toda la vida.
       No merece la pena: ni tanto mérito, ni tanta tragedia.
       No merece la pena crear tanto trabajo ni tanto cuento.
       El mismo empresario atenta contra su propia dignidad.
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martes, 6 de mayo de 2014

Trabajos y profesiones inútiles

Desde esta práctica social de la división del trabajo, la realidad nos ha trajinado una consecuencia que es difícil de apreciar pero que nos lleva a concluir que hay trabajos que se han realizado a lo largo de la historia que son del todo inútiles para el devenir de la sociedad, y que sin embargo persisten y tienen muchos más defensores que aquellos que los realizan.
      Son los trabajos que determinan la productividad social
      Son trabajos que quienes más saben de su inutilidad son quienes lo realizan y los conocen por dentro. No obstante, ellos, interesados callan la nulidad de estos trabajos y ensalzan sus valores, más que nada por la cuenta que les trae puesto que se quedarían sin sus empleos y sin su cuento y sin su medio de vida.
       Trabajos que al principio de las civilizaciones se inventaron para hacer cosas tan útiles e inútiles a la vez como: controlar el poder y organizar la sociedad entretenida en no hacer nada de provecho con lo que pudiera perjudicar su autoridad y mando.
       Trabajos y profesiones inútiles que son las que en realidad lleva la productividad de una sociedad a niveles de infra producción y que hace que a quienes hacen la cosas más necesarias sean los que más trabajan y sean los peor pagados.
      Lo que determina la vida de las sociedades no son sus actos, sino las ideas que se han propagado, impartido y practicado a veces de una forma muy profesional y sentando cátedra ante la sociedad  hasta que se han posado y han determinado un futuro previsible e inmutable. En definitiva todas las cosas que hace el género humano, aquí o allá, son producto de las ideas de las que parten.
      Siendo de los primeros oficios inventados por la humanidad para adoctrinarla, el primer trabajo que hay que cuestionar es el trabajo de los curas y de las monjas. Esa labor que consiste en hacer respetar el primer mandamiento divino: honraras a dios sobre todas las cosas. El trabajo de aquellas personas que se dedican a jornada completar a trasladar los mensajes de quien ni existe ni ha existido y me da igual que se llame como se llame.
       Habrá quien me diga que algunas de esta personas hacen faenas asistenciales de gran utilidad social pero yo le digo que no las hacen por la utilidad social que tienen las tareas que hacen, sino porque es la mejor manera que han encontrado de hacer correr sus ideas y ayudar a que se instalen en la sociedad que indirectamente quieren dirigir y gobernar en nombre del todopoderoso.

      Hoy me han llamado para declarar como testigo en un juicio de faltas que se iba a celebrar en el Juzgado de Tudela a propósito de una denuncia que ha presentado un policía municipal de Buñuel por unos hechos que presuntamente habían ocurrido el día 15 de agosto de 2011 a las nueve de la noche y de los que al parecer fui testigo.
      Hechos de los que la verdad es que no me enteré de nada.
      Fui y declaré que nada sabía y vi lo que allí había.
      No sirvió de nada porque la sentencia ya estaba escrita.
      El fiscal sin levantar la cabeza de sus papeles escondiendo su mirar, pidió para el acusado treinta días de condena y en su defecto multa de ocho euros por cada día de pena. El Juez le preguntó al acusado si estaba conforme con la pena y como respuesta haciendo como un gesto de sacar el dinero le preguntó al juez si había de abonar la multa ya.  Salí de la sala pitando y pensando.
      Independientemente de cómo fueran los hechos me pregunto:
     ¿Cómo se puede organizar este montaje para sacarle doscientos cuarenta euros a un hombre emigrante que seguramente los necesita para comer…?
      Esta es una representación fiel de la sociedad y de la actividad económica en la que de una manera u otra aparecen siempre personajes similares a estos para cualquier tontería.
      Casi como si fuera un entretenimiento podemos analizar cuantos trabajos inútiles se dieron cita en el juzgado esa mañana:
      - Un juez que en realidad no se entera de lo que se trata ni de los hechos siquiera que es lo que dice que ha de juzgar y que no me queda ninguna duda que ni él mismo se cree lo que hace.
      -  Una secretaria aburrida de ver siempre ese mismo paisaje.
      - El fiscal. Alguien escribió una vez que hubo quien dijo: el que está libre de culpa tire la primera piedra.  Muchos estudios para pasarse luego la vida tirando piedras para defender a la autoridad aunque no tenga razón y aunque no necesite de nadie que la defienda.      
      - Dos policías municipales que teniendo siempre la autoridad: aparecían como las victimas del hecho que nada había ocasionado ni perjudicado, si acaso la autoridad de los agentes. Hubieron de poner tanta credibilidad en el estrado que expusieron su culpa de prepotencia.
      - El señor secretario del ayuntamiento que acompañaba a los alguaciles. El hecho delictivo era de gran trascendencia y había de mantener la presencia municipal sin dejarlos solos ante el peligro.
      - El acusado: como todos los acusados sentado en el banquillo procurando pasar el mal rato lo más rápido posible
      - Más toda la burocracia que participa en el evento
      Y un servidor que obligado hubo de perder toda la mañana para asistir a este menester bajo amenaza transcrita en la citación.
      ¿Qué importancia y transcendencia puede tener en el día a día nuestro trabajo si podemos perder el tiempo en semejantes tonterías?
Al parecer toda esta parafernalia se organiza cada día varias veces y varias veces a la semana en todos los juzgados para mantener un sistema injusto y nauseabundo. Trabajos infructuosos y farragosos que mejor pasaran al mundo del olvido. El Sistema que podría ser sustituido por la mediación penal en las que las partes se vieran no para acusarse y condenarse sino para tratar de comprender y empatizar las unas con las otras, y sobre todo, para que las víctimas a las que acusan de delinquir pudieran reparar el daño si acaso lo hubieran causado.
      Esta Justicia que se aplica donde es más importante mantener las formas y los procedimientos que hacer justicia.
      Y lo peor de todo es una parte importante del valor de esta parodia entra a formar parte del P.I.B. al que hemos de hacer crecer.
      Estos son una parte importante de los siervos del poder y representan el prototipo de los trabajos que hemos de considerar inútiles. A lo largo de la historia quedan recordados como los guerreros que defendían las propiedades del amo, los escribanos que contaban sus riquezas escribían la historia y los criados que les guardaban sus días y sus familias.
     
       Hay quien pueda pensar que cuánta tiña les tengo a todos los cuerpos que mantienen el orden la seguridad y la justicia.
      Es posible que tenga razón quien así piensa.
      También se preguntará luego ¿a dónde iría yo si desaparecieran estas instituciones y me ocurriera algo que fuera denunciable?
      A ningún sitio, como ahora que no voy salvo para comprobar.
      Y contesto:
       La gran mayoría de cosas que suceden cada día a la gran mayoría de los ciudadanos no se pueden denunciar en ningún sitio.
       La miseria y las desigualdades y las injusticias sociales.
       La conculcación de derechos fundamentales.
       Las cacicadas que comente las mayorías sobre las minorías.
       Cuando nos roban los bancos.
       El expolio de numerosos bienes naturales.
       Y un millón de cosas más que nos barruntan cada día.
       Incluso los abusos de hacen estos cuerpos de orden y justicia.
       Y de las cosas que denunciamos que son las cosas que ellos nos permiten que denunciemos y que la gran mayoría de las veces no sirve de nada denunciarlas.  Mejor haríamos si no las denunciáramos porque no sirve más que para dar justificación a lo que hacen.
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      El servicio doméstico es otro de los grandes oficios inútiles y que determinan las verdaderas desigualdades sociales. Las personas cuyo oficio es servir a quienes por su dinero se creen dignos de ser servidos  son las que posibilitan a quienes les pueden pagar que son más que ellos. Son la personas que regalan su tiempo útil de vida a otros, para que no tengan que cumplir con las obligaciones propias de mantener cada cual su casa y su familia.
      Siempre se está tratando de justificar la situación con las prebendas que tienen los ricos sobre los pobres
      Digo: si se tuviera una correcta concepción del trabajo por la que el servicio doméstico a los ricos no fuera trabajo sino delito, el dinero a los ricos no les serviría de nada. Son los criados quienes en realidad mantienen el estatus de sus amos y quienes consienten que se muestre la verdadera fuerza del dinero.
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lunes, 28 de abril de 2014

Clases de trabajos.

La división del trabajo y la productividad interpretada desde los intereses que mueve la economía y la filosofía del sistema, han ido diseñando con el paso de los tiempos los distintos sectores de actividad productiva y los diferentes trabajos con los que nos encontramos.
    Para esta obra he modificado un tanto la visión más académica y la he resuelto conformando seis bloques en el que el mundo del trabajo y de la actividad económica personal y colectiva tiene distintas planes, cualidades y particularidades

El llamado sector primario:
    Es la más antigua de las actividades humanas. Se inició con la agricultura y la ganadería y en la actualidad son todas aquellas acciones que han tratado de modificar la disposición de la materia en la superficie de la tierra incluso extrayéndola de sus entrañas.
     Hasta hace unos pocos años, con la aparición de la industria la población rural alentada por las promesas de una vida mejor en las zonas urbanas, alentó que gentes de todas las edades salieran empujadas por el hambre y la miseria de las zonas en las que la tierra era la única forma de riqueza, que paradójicamente era propiedad de quienes no la trabajaban, Esta realidad todavía no la ha admitido la madre naturaleza.
     La población que ha quedado activa en el sector primario se resiste a abandonarlo y resiste mientras les dura la vida, pero la capacidad para trasladar toneladas de cualquier producto de una punta a otra de la tierra, sin reparar en costes y que permite que las producciones se hagan allá donde sin entrar a valorar sus razones porque el producto es mejor y más barato, lleva años encogiendo el sector.
     Paradójicamente se ha considerado un éxito económico, que como consecuencia de la maquinaria tractora y los avances químicos y biológicos, el trabajo en este sector se haya visto reducido y abandonado en las últimas décadas por una cuestión de costes y que además haya creado problemas de abundancia.
     Este era el sector en el que desde tiempos inmemoriales, la nobleza, los guerreros y los sacerdotes se apropiaban de una parte para alimentar su subsistencia y sus arcas de poder. En la actualidad es un sector que está absolutamente subvencionado para que pueda subsistir llegando al punto de que el trabajo que se hace ya no vale nada.
    Dicen que para que no suban los precios.
    Otra mentira más.
    Desenredarla necesitaba de muchas páginas.

El sector de los servicios.
     Le llaman el terciario pero es un poco más que el primario.
     Un sector que está dinamizado por la iniciativa privada y crece cada día, alentado por ese empuje que alimenta el sistema en una pelea incansable entre grandes y pequeños en todos los rincones.
      Es un sector en que por las características de que el producto es el propio servicio en su composición participa principalmente el trabajo la gran mayoría de las veces poco cualificado y de escasos conocimientos aunque necesite de inversiones y logística.
     Vienen a representar los servicios para hacernos la vida más fácil, pero en la necesidad de inventarse trabajos y servicios se ha llegado a un punto en el que los servicios que se ofrecen en su gran mayoría no sirven para nada y los que sirven y son necesarios se escatiman.
     Este sector está muy influenciado por la presencia de la mujer y del trabajo de la mujer y con todos los condicionantes que conlleva su participación: salarios bajos, sumisión y disciplina e interminables horas de trabajo en cualquier momento y ocasión.

El sector industrial y de producción:
    Dicen que es la base de la economía: aquella que le da asiento y estabilidad. Todos los objetivos políticos económicos y sociales se plantean tener una red industrial con valor añadido en este sector llamado secundario que es el que crea un empleo más estable.
     El mundo que en la actualidad conocemos en gran medida es producto de la revolución y del crecimiento de este sector que ha procurado un crecimiento de la producción de bienes de todas las clases y que se ha convertido en el motor de la rueda del consumo.
     Desde el comienzo de la civilización hasta la revolución industrial, en el vientre de la sociedad, trabajando duramente, podía producir poco más de lo imprescindible para su propia subsistencia y la de sus estructuras, trabajando mujeres niños y ancianos posibilitados, ahora con el crecimiento y el gran aumento de la productividad en este sector en el que se puede producir mil veces más que lo que la propia necesidad podría necesitar.
     Trabajar en las grandes empresas industriales es un privilegio de quienes están trabajando tienen mejores jornales y las fuerzas sindicales tienen una mayor fuerza en la defensa de sus intereses lo que hace que el trabajo sea considerado de otra manera.
     Las instituciones políticas están siempre pendientes de que a estas empresas industriales no les coja ni un mal resfriado.

El sector interventor y burocrático:
Es un sector que ha crecido pero que se ha desarrollado como si fuera una hiedra y ha logrado llegar e introducirse en todos los rincones de la sociedad.
     Su peso más importante está en manos del Estado.
     Llegar a entrar en el aparato necesita de estudios y pruebas muy concretas para las que una parte importante de la población se pasa años de su vida preparándose y luego les confiere un carácter que es muy difícil de dibujar.
     Son trabajos en los que la actividad es mínima y tiene significativos derechos y prebendas reconocidos.
     Los que nos vigilan y controlan, nos administran y gestionan.
 

El sector gestor y político.
Es un sector que ha crecido desmesuradamente en las últimas décadas. La causa de su desarrollo mastodóntico no ha sido por causas democráticas y sociales como se quiere hacer ver, sino para arrancar desde las ramas más altas de la organización social cualquier raíz que haya quedado agarrada a la democracia.
     Una parte importante de la población aspira a tener el trabajo es este sector que se ocupa de la cosa pública, aunque no sepa qué  hacer ni cómo hacerlo, que es lo más propio y genial. Para esta clase de trabajo no se requiere el conocimiento del trabajo que ha de hacer el trabajador, solamente es preciso saber hablar sin decir nada y explicar las cosas persuasivamente tratando de que se confunda la demagogia con la propaganda y se mienta con sinceridad.
     Aunque muchas veces el mérito está en estar callado.
     Esta tarea es agradable y bien pagada.
     Este sector es susceptible de extenderse indefinidamente: no sólo están los que dan órdenes, sino también los que dan consejos a cerca de qué órdenes deben darse y quienes aplauden y jalean a los que dan órdenes y a los que dan consejos para dar órdenes. 
     Desde las democracias occidentales este sector se ha repartido en dos grupos que ante cualquier problema dan dos clases opuestas de soluciones: los unos y los contrarios.

El sector que parasita.
Una clase de población que no trabaja y sin embargo se queja.
     Es un sector muy importante que además es el más respetado entre las gentes merced a su posición a sus derechos y propiedades. No aportan trabajo al sistema pero se les remunera con rentas e intereses que otros pagan para ellos. Tienen un cúmulo de derechos económicos y propiedades,  por lo que se supone trabajaron ellos o sus ascendientes en pasados años que exige que otros trabajen con lo que es o fue suyo o con sus dineros y que a su vez a ellos se les permita vivir sin trabajar.
 
     Este escalado no es inocente.
     En cada uno de sus peldaños hay una gente concreta.
     La población sabe que si tienen un propósito de crecer personal, social y económicamente no lo puede hacer dentro del sector al que pertenece, que ya lo conoce y sabe de sus posibilidades sino saltando al peldaño siguiente.
      En el subconsciente social se reconstruye más o menos este escalado y la pertenencia a uno de ellos marca el inicio de la escalada cuando ya desde niños sus padres los empiezan a educar para que de mayores trabajen de ministros. Cuando se demuestra que ninguno de ellos llegará a ministro y entonces tienen que elegir entre los diferentes peldaños a los que pueden subir cuando sean mayores.
      Puede parecer una exageración, pero es muy posible que el mayor enemigo de los trabajadores sean los propios trabajadores. En pocas ocasiones, según a que sector pertenezcan, se identifican los unos con los otros, muchas veces ni siquiera de palabra.
     Siempre hay una disputa de derechos y privilegios de los unos sobre los otros aunque estén tan solapados y ocultos que muchas veces ellos los desconocen.